ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El especialista de Segundo Grado en Neurología es una de las figuras más queridas y respetadas de Villa Clara. Foto: Michel Contreras

SANTA CLARA.— Digo que Juan Humberto Gutiérrez Ronquillo habla con una rapidez despampanante de (casi) cualquier tema. Para algunos, los que lo conocen de su natal Sagua La Grande, Juan -en realidad- es Juanjo. Otros, los que supieron de él después de que vino en los setenta a hacerse médico a Santa Clara, le llaman Ronquillo.

Póngasele el nombre que se le ponga, este hombre de bata blanca, gafas permanentes y sonrisa fácil encarna a uno de los personajes más entrañables de la capital villaclareña (centro de la Isla).

En cada esquina de esa urbe, diariamente habrá alguien que piense al verlo pasar en su Subaru: «Ese hombre me salvó la vida».

Recuerdo que el día que me lo presentaron no paraba de hablar de pelota y baloncesto. Dejaba claro que es fanático de los Industriales.

Y que si su madre, la maestra Mercedes, no se hubiera negado con la fuerza de cinco huracanes, Juanjo, con su 1,85 centímetros de largo, habría sido baloncestista. Pero la doña quiso que fuera un profesional y, como uno de sus tíos era radiólogo en el Instituto de Neurología y Neurocirugía, el muchacho se decidió temprano por el estudio del cerebro humano.  

Personaje incansable donde los haya, el licenciado en Medicina en 1981 en el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara, comenzó sus estudios de postgrado cuatro años más tarde en el Hospital Hermanos Ameijeiras, de La Habana, y desde el 2002 es especialista de Segundo Grado en Neurología.

Contrario a lo que la mayoría hubiera esperado, en lugar de quedarse con sus conocimientos en la capital del país, Ronquillo prefirió llevarlos a la tierra que lo vio crecer. Tras fundar el Servicio de Neurología en Villa Clara, logró crear el primer centro de atención a pacientes cerebrovasculares que hubo en la Isla, fuera de la capital cubana.

Su lista curricular es infinita. Sin embargo, lo más encomiable radica en que sus seis décadas de existencia hayan dado cabida por igual al magisterio y el aprendizaje.

Conviven así el estudiante de último año que enfrentó la grave epidemia de dengue hemorrágico de principio de los ochenta, el joven que dirigió un hospital rural en el villaclareño Escambray y el internacionalista que prestó ayuda en Etiopía.

De igual manera, se dan la mano el concursante que ha participado en cuanto evento académico se ha convocado, el profesor consultante, instructor, asistente y auxiliar, y el colaborador de diversos libros y publicaciones científicas.

—¿Qué te llevó a estudiar Neurología?

—Mientras estudiaba, fui alumno ayudante de Neuroanatomía y conocí a los eminentes profesores Esperanza Barroso, Rafael Estrada y Jesús Pérez, quienes influyeron en mi vocación y también mi familia. Después de mi graduación de Medicina, las ciencias neurológicas se convirtieron en una pasión inmensa.

«Desde que terminé como especialista de Primer Grado en Neurología en 1988 en el Hospital Hermanos Ameijeiras, me propuse venir a mi provincia a lograr resultados que fueran similares a los de los mejores hospitales de La Habana como el mismo Ameijeiras, el Instituto Nacional de Neurología, el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas o el Centro Internacional de Restauración Neurológica.

«Con ese objetivo, incrementé mi nivel individual de preparación a partir de la asistencia a todos los congresos que se realizaban en La Habana y a los que pudiera ir fuera del país. Conté siempre con la experiencia de brillantes profesores. Luego, en 1993, se le solicitó al Grupo Nacional de Neurología tener una cátedra para realizar la especialidad en la provincia y la petición fue aceptada.

«Al mismo tiempo, nos centramos en estudiar y tratar a enfermos complejos que tradicionalmente había habido que remitir a La Habana. Eso fue posible cuando se mejoraron las condiciones de las áreas de Neuroimagen, Neurofisiología y Neuropatología. Con el pasar de los años se logró un prestigio que se extendió a toda la Isla. En cuanto congreso asistíamos, alcanzábamos buenos resultados. El Hospital Provincial Universitario Arnaldo Milián Castro, donde trabajo desde 1992, ha sido reconocido por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) como institución de referencia en la zona central del país».

Ronquillo logró crear el primer centro de atención a pacientes cerebrovasculares, que hubo en la Isla fuera de La Habana. Foto: Michel Contreras

—¿Por qué tu sala de neurología también está considerada como una de las primeras del país?

—La sala que lidero desde que abrió el hospital cuenta actualmente con 27 camas, nueve destinadas a la atención de Enfermedad Cerebrovascular Aguda (Ictus), y el resto de Neurología General. Contamos con un personal especializado, que incluye cinco neurólogos, un intensivista y un grupo grande de médicos residentes en formación y enfermeras con experiencia en la especialidad.

«Asimismo, tenemos guardia médica física y servicio de TAC las 24 horas de los 365 días del año, así como protocolos de actuación que cumplen con las guías de buenas prácticas clínicas cubanas.

«El éxito ha estado en el sentido de pertenencia de los trabajadores y en la labor constante y eficaz, que contribuye a erradicar quejas e insatisfacciones de la población.

«Por otro lado, ofrecemos consultas externas a pacientes de todos los municipios de la provincia.

«Unido al incentivo para la superación personal, periódicamente discutimos los casos complicados y le damos servicio de interconsultas a otras especialidades y hospitales de Villa Clara. Últimamente ha habido un flujo creciente de pacientes, que provienen de otros territorios centrales y los atendemos mediante solicitudes de remisión».

—¿Qué haces para mantener un buen servicio?

—Hace alrededor de cuatro años y como consecuencia de las escaseces dejadas por el Período Especial y la falta de un mantenimiento adecuado, la sala sufría severas afectaciones en la red hidrosanitaria y el fluido eléctrico. Las autoridades del Sectorial Provincial de Salud, aprovechando que el MINSAP comenzaba la reconstrucción de los hospitales más importantes en todo el país, propusieron un proyecto de inversión para la remodelación completa del servicio, que fue aprobado.

«Fue una etapa difícil. Durante los dos años que duró la reconstrucción, nos trasladamos a otra sala. A la par que dirigíamos la parte asistencial, nos ocupábamos de que la inversión se llevara a cabo de forma eficiente. Se incluyó en la reparación toda lo hidrosanitario, instalaciones eléctricas, luminarias, pintura, enchape y climatización de la unidad de Ictus, de la oficina y de un cuarto médico con grandes comodidades. Mantenerlo exige vigilancia y disciplina».

—¿Cuántos pacientes atiendes anualmente? ¿Cuáles son las principales enfermedades neurológicas que sufre el cubano?

—A pesar de que tiene casi un cuarto de siglo, en los últimos diez años nuestro servicio neurológico ha ingresado más de 1 200 pacientes anualmente, que equivalen a más de 100 ingresos por mes. En consulta externa, igualmente, atendemos un número grande de enfermos (alrededor de 400).

«Unido a las consultas especializadas, aparecen las consultas municipales, que tienen frecuencia semanal o quincenal.

«Existen muchas enfermedades neurológicas, las cuales pueden afectar el sistema nervioso central (cerebro y espina dorsal), el sistema nervioso periférico o el sistema nervioso autónomo. Los problemas más frecuentes que aquejan a los enfermos en consulta y cuerpo de guardia son: Cefalea, Enfermedad cerebrovascular (ECV), Epilepsia, Parkinson, Demencia, Tumores primitivos o metastásicos, enfermedades neuromusculares, etc. Son males difíciles de tratar, porque significan, en casos que sea posible, una recuperación lenta».

—Cuéntame una anécdota de las más conmovedoras que hayas vivido…

—Cuando era residente de segundo año de Neurología del hospital Hermanos Ameijeiras en un ejercicio que se hacía un sábado en el mes, a teatro lleno, desarrollé el diagnóstico de una Criptococosis compleja, después de una larga discusión en la cual participaron las mayores eminencias del relevante hospital. Fue un debate moderado por el profesor de Neurocirugía, Humberto Hernández.

«Cuando al concluir se dio un resultado que coincidía con mi planteamiento, fui ovacionado de pie por todos los médicos presentes y eso me dio tremenda alegría, porque constituía un honor. Enseguida llamé a mi madre y cuando terminé el relato le dije: “Mami, hoy ha sido el día más grande de mi vida.

—¿Qué significa el Ameijeiras para ti?

—El Hospital Hermanos Ameijeiras es la esencia de lo que aprendí como médico y neurólogo. Allí se consolidó mi espíritu de preparación. Por primera vez conocí el enfoque multidisciplinario de las enfermedades; la vinculación con especialidades afines (Neurocirugía, Medicina Interna, Cardiología, Patología); la persistencia necesaria para llegar a un diagnóstico y lograr soluciones a problemas difíciles; la importancia de mantenerme siempre actualizado con las últimas investigaciones internacionales, de trabajar en grupo y lograr discusiones provechosas con otros especialistas y siempre por el bien del paciente.

—Háblame de tu peor momento en lo profesional…

—Hace alrededor de dos o tres años se produjo la salida definitiva del país de varios especialistas formados en el servicio. Ante esa situación pedimos el otorgamiento directo de plazas a residentes y Médicos Generales Integrales. La prioridad fue mantener lo logrado en lo asistencial, docente e investigativo.

«Con esa inyección de gente joven, más los profesores que permanecimos, obtuvimos incluso mejores resultados que antes.

«En una visita reciente al hospital del ministro de Salud, Roberto Morales, le planteamos cómo habíamos solucionado tan difícil situación con los recursos humanos y enseguida dijo: «Usted ha tenido una actitud digna para cuidar el servicio que ha fundado. Considero que ese ha sido el premio más grande que he recibido».

—¿Te gusta ser profesor? ¿Por qué?

—Me gusta ser profesor porque hay que tener un espíritu de superación y querer enseñar a los alumnos las experiencias vividas. Además, constituye un reto porque me preparo mucho para cada conferencia, con el fin de aportar algo más que lo que dicen los libros y adecuar los conocimientos al lugar y las condiciones actuales.

«Me place recordar el número ya considerable de profesionales que he ayudado a formar. Muchos de ellos trabajan en Cuba y el mundo».

—¿Está la neurología cubana al nivel de la élite mundial?

«A pesar de las dificultades materiales, por ser Cuba un país en desarrollo y ser la Neurología una especialidad muy cara, el nivel científico y académico de nuestros expertos nos sitúa en una posición destacada en Iberoamérica. Los países desarrollados cuentan con las mayores opciones de investigación y tratamientos, pero no las brindan a toda la población, a diferencia de Cuba, donde la medicina es gratuita y está al alcance de todos».•

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Carlos E dijo:

1

4 de noviembre de 2016

22:01:37


Mi amigo desde el Pre. Siempre fue un crack. Le deseo a Juano los exitos que se merece

Carmen Mejido dijo:

2

5 de noviembre de 2016

18:55:42


Mi estimad Juano yo soy Carmencita la que vivia en el otro edificio de la esquina mi papa era Higinio que trabajaba en la ferreteria La Llave donde ahora hay una panaderia y mi recuerdo mas profundo de ti fue el siguiente : Estando mi madre ingresada en el Hospital Hnos Almejeria tu junto con otros médicos pasaban visita y yo tenia a mi madre que ya fallecio en esa sala piso 8 terapia intermedia operada de colon y yo estaba recostada en la butaca y senti una voz y dije para mis adentros yo la conozco y me recorde y te dije con todo mi coraxon Juano y tu me abrazaste y todos los medicos nos miraron y tu contestaste es de mi pueblo de Sagua la Grande y se rieron todos y despues fui a un salon donde me confirmaste la enfermedad de mi madre cuanto me alegra que seas un medico del cual nuestro pueblo asienta orgullo por ti te deseo muchas felicidades