ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Por la punta del caimán, la violencia de la naturaleza pasó despaciosamente. Como si una voluntad autónoma la im­pulsara a la destrucción sistemática de la obra humana, construcciones, caminos, plantaciones de café, cacao, y co­co. In­terrumpidas las comunicaciones, el país entero permanecía pendiente de las noticias. En el dolor compartido se junta el pueblo, renacen los valores adormecidos y se fortalece el espíritu solidario.

Hay un factor azaroso en el modo de nombrar los ciclones. Flora hubiera po­dido evocar un homenaje a la fecundidad de la naturaleza. Su terrible capacidad destructiva borró para siempre el nombre de la lista con el propósito de conjurar el llamado del horror.

El nombre de Mateo me hizo recordar las fachadas de las iglesias románicas. En ellas, los cuatro evangelistas del Nue­vo Testamento cristiano aparecían re­pre­sentados mediante las imágenes que los simbolizan. Ángel u hombre, Mateo no tenía figura de animal. Su testimonio bíblico acentúa los rasgos hu­manos de la vida de Cristo. El narrador no fue un hombre perfecto. Co­mer­ciante y tramposo, apegado al dinero, el llamado de las ideas y la práctica cotidiana lo han transformado.

Para nosotros, la enseñanza fundamental de Mateo consiste en hacer cotidiano lo excepcional. Dirigir implica, en cualquier circunstancia, prever, informar, organizar y compartir con quienes afrontan el drama de la tempestad, del peligro, del derrumbe de los bienes propios y de todo aquello construido du­rante generaciones.

En situaciones de desastre, lo material y lo espiritual se funden en una misma realidad. La furia huracanada (nos lo ha enseñado la vida) provocará daños en los hogares y en la infraestructura eléctrica, de las comunicaciones  y el transporte. Por ese motivo, como ocurrió en esta ocasión, hay que hacerse cargo a la vez del antes y el después. Asegurar re­fugios y abastecimientos abrevia las ame­­­­nazas del ahora mismo. Situar a  tiempo los medios para intervenir la reparación de los daños es también una exigencia del ahora mismo.

Como se pudo, tratando de penetrar las zonas de silencio, la información llegó eficaz en palabras e imágenes. Los periodistas mostraron la realidad en to­da su dureza. Monda y lironda, despojada de maquillaje, la verdad convoca sentimientos solidarios, incita al es­fuerzo colectivo, propone sucesivos ho­rizontes de llegada, inspira confianza y une voluntades.

A pie de obra, los dirigentes encabezados por el compañero Raúl desempeñaron un papel decisivo en lo práctico y en lo moral. No estaban ante el ritual de tantas inspecciones formales. En el ojo de la tormenta, tocaban con las ma­nos el acontecer.

Las decisiones  no tenían  que transitar por lentos y enrevesados recovecos. Se tomaron allí, al calor del fuego, con la inmediatez re­querida. La respuesta eficaz y la precisión en el detalle en medio de la difícil coyuntura económica constituyen la mejor manera de contrarrestar el desaliento, la pasividad y el derrotismo.

La furia conjugada de los vientos y las aguas se ensañó en sitios entrañables de nuestra cultura y nuestra historia. Ciu­­dad Primada, Baracoa conserva un delicadísimo trazado. Encajonada entre ele­vaciones, puente hacia la vecina isla Española, destinada por Colón a constituirse en enlace entre los dos mundos, la villa cubana permaneció al margen del gran tránsito marítimo que cruzaba el Golfo de México. No alcanzó la mo­numentalidad de los palacios  habaneros. No dispuso tampoco del holgado es­pacio interior de la vivienda camagüeyana. Sus modestas proporciones ofrecen refugio apacible al viajero que en­contrará allá costumbres y comidas aso­ciadas al sabor de la tierra.

En el recorrido hacia Guantánamo, Ca­jobabo es caserío sometido a duro castigo. Por Playitas entró José Martí a tierra cubana. El viaje había sido accidentado. En bote, a puro remo, en ple­na noche llegaron los expedicionarios a una tierra sembrada de ásperos arrecifes, playa de arena gruesa, punto de par­­tida de una marcha sin descanso con armas, municiones, medicamentos, li­bros y papeles pesando sobre la espalda. Las circunstancias presagiaban lo peor. Martí vivió la inmensa felicidad del en­cuentro con el paisaje, con la fraternidad ofrecida del mancomunado esfuerzo por escalar montañas. Un bosquecillo y un monumento marcan el sitio donde se estaba refundando la patria.

Dispuestos a la hazaña y al sacrificio, lo decía el Che, nos falta muchas veces la sistematicidad en el detalle, la atención a lo pequeño y la rapidez en la búsqueda de soluciones, así como la voluntad de descubrir y sacar provecho a nuestras reservas materiales y morales.

Todo es cuestión de escala, de circunstancias y de contexto. La envergadura del huracán del Caribe desencadena dramas de dimensión nacional. El modo de afrontar tragedias de esta índole debe traducirse en aprendizaje de prácticas para el vivir cotidiano. De los horrores del Flo­ra dimanó la concepción de una De­fensa Civil apta para acudir en caso de desastre. Ante fenómenos de esta envergadura, el papel de la subjetividad es decisivo. La resignación conduce a la parálisis. La confianza en las reservas morales del ser hu­mano anima el despertar de la voluntad e incita a la cooperación. La emoción que hoy nos embarga tendrá que convertirse en acción paciente y sistemática, porque las heridas no sanarán en un día.

La lección de Mateo concita una reflexión de mayor alcance que compromete el análisis de nuestros modos y estilos de trabajo. Lo esencial consiste en seguir creciendo en el existir cotidiano y llevar al espacio del municipio y del con­sejo popular, en términos concretos, la capacidad de juntar ideas y acción. La información precisa enseña a afrontar la verdad, prever para atacar los problemas y participar todos, dirigentes y trabajadores, en la solución. Se trata,  en suma, de atender lo grande y lo pe­queño, lo excepcional y lo cotidiano.

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Elio Antonio dijo:

1

17 de octubre de 2016

09:16:35


Hola:-( Lamento decir que no encontré lo que esperaba al seguir el título del artículo. Saludos.

Miguel Angel dijo:

2

17 de octubre de 2016

11:33:49


Gracias ilustre profesora Grazziella Pogollotti por su interesante reflexión, muchas lecciones podemos tomar del paso destructor de Mateo. En casos de desastres, situaciones excepcionales se crece la inteligencia, la voluntad, la toma de decisiones urgentes, dinámicas, eficiente, se puso de manifiesto "la voluntad de descubrir y sacar provecho a nuestras reservas materiales y morales", incalculables y mas poderosas q los fenómenos naturales de la naturaleza. Gracias profesora Pogolotti.

Felix dijo:

3

17 de octubre de 2016

21:17:20


Con el mayor respeto hacia la profesora Pogolotti, no es correcto referirse al reciente huracán nombrándolo Mateo, pues su nombre correcto y por la lista oficial aprobada por el Comité de Huracanes de la IV Región a la cual pertenece Cuba es Matthew en inglés, no es apropiado entonces llamarlo Mateo en español porque puede causar confusión, piensen que pasaría si a cada ciclón con nombre en inglés o en francés lo denominaríamos en idioma español, perdone la aclaración, pero lo hago con la mejor de las intenciones para subsanar ese error