ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Archivo

El 19 de septiembre de 1906, entraba en La Habana, imponente y amenazador, el acorazado Des Moines, llevando a bordo a los «co­misionados por la paz»: el secretario de la Guerra, William H. Taft, y Robert Bacon, subsecretario de Estado, al amparo de la En­mienda Platt, como representantes especiales del presidente Teodoro Roosevelt, con misiones de pacificar la Isla.

Al terminar su mandato en 1906, Tomás Estrada Palma se aferró a la idea de un segundo término por el Partido Moderado, para lo cual formó el Gabinete de Combate, cuya actuación generó un clima de fraudes, violencia y arbitrariedades. Bajo la consigna de a moderarse se produjo el arresto de dirigentes y la cesantía de empleados oposicionistas, la presión sobre jueces y funcionarios, y la destitución de 32 alcaldes liberales. Tanta arbitrariedad provocó que los liberales se alzaran en armas el 19 de agosto de 1906, en la que se llamó Guerrita de Agosto, consiguieran importantes victorias, y amenazaran la capital. Incapaz de dominar la insurrección, Estrada Palma solicitó al gobierno norteamericano el envío de buques de guerra y tropas. «La situación es grave y cualquier demora puede producir una matanza de ciudadanos en La Habana», terminaba diciendo.

Tras familiarizarse con la situación en Cu­ba, el 24 de septiembre Taft dirigió una car­ta a Estrada Palma con el ruego de que aceptara la mediación, pero la respuesta del presidente cubano fue una rotunda negativa. De igual modo, la asamblea del Partido Moderado rechazó la mediación. Taft comprendió que no había arreglo posible. El día 27 zarparon hacia Cuba los acorazados New Jersey y Virginia, y los cruceros protegidos Minnea­polis, Tacoma y Cleveland, llevando a bordo un contingente de tropas.

El 28, el presidente, el vicepresidente y el gabinete renunciaron; y ambas cámaras hicieron otro tanto, sin elegir un titular para la vacante presidencial. Habían dejado a Cuba sin gobierno, y propiciado la segunda intervención norteamericana.

De este modo, el 29 de septiembre de 1906, ha­ce ya 110 años, Taft decretó la interven­ción mi­li­tar y asumió el cargo de gobernador provisional de Cuba. Los 5 600 soldados que trajo, bajo la denominación de Ejército de Inte­r­vención y después de Pa­cificación de Cuba, fueron dislocados, principalmente, en las regiones donde había inversiones de capital norteamericano. Enrique José Varona diseccionó el propósito de la intervención: «[…] no han venido, pues, a saber de qué parte está la razón, ni cuál de ellas cuenta con más votos, ni cuál tiene aspiraciones más altas o prácticas políticas más puras, han venido a salvar la riqueza amenazada».

En su proclama Al Pueblo de Cuba, el gobernador militar de la Isla, señaló: «El go­bierno provisional establecido por la presente, por orden y en nombre del presidente de los Estados Unidos, sólo existirá el tiempo que fuere necesario para restablecer el orden, la paz y la confianza pública, y una vez obtenidas éstas, se celebrarán elecciones para determinar las personas a las cuales deba entregarse de nuevo el gobierno permanente de la república». No obstante, Cuba era realmente un país intervenido por fuerzas militares extranjeras, cuyos máximos representantes, primero Taft y después Magoon, ejercieron un gobierno unipersonal con rasgos dictatoriales. Los jefes de departamento, gobernadores, alcaldes, jefes mi­litares y demás dependencias del estado recibían de ellos las órdenes e instrucciones para su funcionamiento. Además, en determinadas en­tidades del gobierno fueron situados supervisores militares yanquis con la misión de fiscalizar el trabajo de los funcionarios cubanos y mantener informado al gobernador militar.

El 13 de octubre asumió como nuevo go­bernador militar, Charles E. Magoon. Su go­bierno se caracterizó por el despotismo y la co­rrupción. Los desmanes de las tropas interventoras ocasionaron numerosos incidentes violentos, en los que los militares yanquis, mu­chas veces borrachos, se enfrentaron a la policía y protagonizaron actos vandálicos. Es­tos hechos provocaron la repulsa popular y al­zamientos armados contra los ocupantes ex­tranjeros en Camajuaní, Mayarí, Man­za­nillo, San Luis, La Coloma y otras zonas de las provincias de Pinar del Río, Santa Clara y Oriente.

Vista la incapacidad de la Guardia Rural para conjurar un levantamiento armado de grandes proporciones, el gobernador militar de Cuba creó el Ejército Permanente, con 2 253 plazas, lo que representó una sustancial carga económica que el pueblo debía soportar.

Estrada Palma dejó en el tesoro más de 24 millones de pesos; Magoon redujo esa herencia a 2,8 millones. Además, derrochó otros cien millones recaudados y dejó una deuda de 11. Por si fuera poco, entronizó una desenfrenada corrupción política y administrativa, el endeudamiento de la República, las transacciones onerosas y la violenta represión contra los obreros. Magoon sobornó con liberalidad, prodigó «botellas», compró conciencias, prohibió la reunión del Congreso y anuló elecciones; encarceló de manera arbitraria y vendió cerca de 2 000 indultos. Fue un dictador absoluto. A pesar de ello, proliferaron la delincuencia y el bandolerismo, y al propio tiempo se desarrolló un amplio movimiento de la clase obrera, que protagonizó en esos años numerosas huelgas, organizadas por tabaqueros, albañiles, carpinteros, ferroviarios y otros sectores obreros, duramente reprimidas por las autoridades.

La segunda intervención concluyó el 28 de enero de 1909, cuando el presidente electo, José Miguel Gómez, tomó posesión de su cargo. En su proclama final, en nombre del presidente de Estados Unidos, Magoon declaró —como an­tes lo había hecho Wood— que todos los decretos de su administración, todos los contratos y todas las deudas y obligaciones contraídas du­rante esta, tenían que ser reconocidos y satisfechos por la República cubana.

Esta segunda intervención sentó un nefasto precedente de corrupción desenfrenada, prevaricación, fraude, juego, enriquecimiento ilícito y abuso de poder, que se acentuaría como uno de los graves males de la República. Además, produjo una profunda herida sicológica y moral en el pueblo cubano; un sentimiento de total indefensión y dependencia. En lo adelante, los aspirantes al poder se sentirían obligados a anteponer el visto bueno de Washington a la voluntad del pueblo y a la conveniencia de la nación.

* Investigador del Instituto de Historia de Cuba.

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Alberto dijo:

1

13 de octubre de 2016

06:56:53


Bien aplicable la imagen a otros 2 que yo conozco...

Jose Respondió:


13 de octubre de 2016

16:09:35

Estimado Alberto, podria aclarar mejor su comentario...

Miguel Angel dijo:

2

13 de octubre de 2016

07:55:46


Excelente trabajo del Investigador Ángel Jiménez González, muchas gracias por su recuento histórico, para las presentes y futuras generaciones. La historia q Obama nos propone olvidar, la q pretende perpetuar por nuevos métodos, ni soñarlo. Alguien q rebata tales afrentas contra la dignidad de nuestra Patria, es mentira? El pueblo q no recuerda su historia no puede proyectar su futuro.

Javiher dijo:

3

13 de octubre de 2016

12:46:14


Solo recordar que la historia no existe en blancos y negros; ni se puede entender a partir de descontextualizaciones. Es necesario estudiar la época, lo que se pensaba en el momento del que se escribe. Durante la Segunda Intervención, solicitada por el gobierno de Tomás Estrada y por sus opositores liberales, los gobernadores norteamericanos dirigieron el país auxiliados, con gran entusiasmo, por políticos cubanos, muchos de ellos luchadores po la independencia: Zayas, José Martí (hijo), los hijos de Calixto García. Contó además con el apoyo de Juan Gualberto, José Miguel, etc. De la lectura de la prensa y otra documentación existente en nuestras bibliotecas y archivos puede colegirse que Magoon gobernó en acuerdo y negociación constante con las élites políticas cubanas de la época, a las que no asqueaba en demasía la presencia de los Estados Unidos en Cuba. Un saludo

wilson dijo:

4

13 de octubre de 2016

13:35:22


Excelente articulo sobre una historia que se repite. En nuestro Puerto rico nos imponen una junta Fedral de USA para gobernar al pais dizque para poner orden.

Jose Respondió:


14 de octubre de 2016

21:10:42

muy bueno tu comentario !!!

Miguel Angel dijo:

5

13 de octubre de 2016

16:18:30


Sr Javiher, es cierto q hubo un grupo no despreciable de antiguos mambises, q se plegaron al gobierno intervencionista norteamericano: Zayas uno de ellos, traidor absoluto, oportunista. José Francisco Martí Zayas Bazán se incorporó a la guerra en el 1897, alcanzó los grados de capitán, no ocupaba cargos políticos o militares en ese periodo de tiempo, apareció en la vida pública posteriormente. Los hijos del general de las tres guerras Calixto García Iñiguez no ocuparon cargos relevantes en el gobierno, además no eran nadie. Juan Gualberto Gómez es punto y aparte: fue un insigne patriota durante la guerra de independencia, amigo íntimo de Martí. Después de las sublevaciones en el propio ejercito y de forma popular Maggon decidió elaborar un conjunto de leyes, para apaciguar el pueblo y crear condiciones para su retirada, leyes complementarias a la Constitución de 1901, como la ley municipal, la ley orgánica del Poder Judicial, la ley del servicio civil, una ley electoral y otras disposiciones necesarias para el regreso a un gobierno dirigido por los cubanos. A fin de elaborar esas leyes, se creó una Comisión Consultiva integrada por tres norteamericanos, uno de los cuales la presidía, y por nueve cubanos de diversas tendencias políticas. En esa Comisión desempeñó un papel decisivo el viejo combatiente independentista Juan Gualberto Gómez, que logró importantes victorias democráticas en asuntos como el sufragio universal y la autonomía de los municipios, frente a la tesis de sufragio limitado y de organización centralizada que defendían los tres delegados americanos y algunos cubanos reaccionarios. Entonces Sr Javiher, si hubo traidores, oportunistas, entreguistas, existieron patriotas muy dignos q limpiaron la afrenta, como Manuel Antonio Sanguily Garrite, de limpia trayectoria, antes y después de este oprobioso acontecimiento.