ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Fidel firma el libro de visitantes de la prisión de Robben Island, Sudáfrica, donde estuvo encarcelado Nelson Mandela. Foto: Juvenal Balán

Debemos, todos, agradecer a la vida que nos haya dado un Fidel Castro, un Martí de nuestros tiempos, una referencia obligada a la hora de citar cualquier obra, proyecto, batalla, desde que un día asaltó al Moncada y tras esa acción, decidió prepararse y aglutinar hombres y armas para emprender el “asalto al cielo”, logrado el 1ro. de enero de 1959.

El Comandante, como preferimos llamarle los cubanos y millones allende las fronteras, supo sumar en su andar por esta vida, virtudes de gigante: valor, inteligencia, ética, perseverancia, humanismo y esperanza, entre otras. Valor, ética y humanismo, pudieran ponerse en ma­yúsculas, por haber hecho de esas cualidades su razón de ser.

Cuando se encontraba frente a sus adversarios en el juicio del Moncada, no dudó un instante en defender su proyecto. Sus explicaciones del porqué de la acción convencieron, no solo a quienes ya lo seguían en sus planes y sus combates, sino que hizo entender a muchos de los que defendían al régimen de Batista como soldados, que la causa de la lucha que emprendía era la del pueblo y por el pueblo. Por eso, él y sus hombres habían tomado las armas y asaltado aquel bastión militar del oprobioso régimen.

Su alegato en el Moncada se convirtió luego —cuando ya cumplía prisión en la cárcel de Isla de Pinos—, en una compilación imprescindible para la lucha y el futuro de Cuba: La Historia me absolverá.

Tras su salida del presidio, supo escoger y preparar a sus hombres cuando emprendió esa otra gran hazaña contra lo que parecía imposible, y desde Tuxpan, México, se hizo a la mar en una tormentosa noche con la mirada y el corazón puestos en las montañas orientales, la Sierra Maestra, desde ese momento convertida en símbolo de rebeldía y en patrimonio de una Revolución conducida por el mismo líder: Fidel.

Siempre ha estado al frente de sus hombres a la hora del combate. Su ejemplo lo ha convertido en una acumulación moral difícilmente su­pe­rable.
Por razones de trabajo pude acompañarlo en varios de sus viajes al exterior y también en acciones en Cuba que marcaron mi vida para seguirlo siempre.

Lo recuerdo en Sudáfrica, cuando visitó la cárcel en Robben Island, donde había permanecido preso Nelson Mandela por 27 años. Fidel observó cada rincón del lugar. Midió con sus brazos el alto de aquella celda; el tamaño de la entrada y los pocos espacios en función de ventanas. Luego exclamó: ¡Es impresionante! Y prosiguió: ¿cómo pudo Mandela, un hombre alto y corpulento, estar tantos años encerrado aquí, donde tenía que caminar doblado por la poca altura del lugar, y de donde salía solo hacia las canteras de cal que le laceraban la piel?

En la Cumbre Iberoamericana del 2000 que se celebró en Panamá, Fidel denunció local e internacionalmente el plan terrorista concebido para matarlo. Foto: Juvenal Balán

Ese es Fidel. El ser humano. El preocupado por la vida de hombres que, como Mandela, han sido símbolos de la resistencia y la perseverancia, que lo llevaron a la victoria de su país contra el oprobioso apartheid.

En otra oportunidad, el Fidel valiente y consecuente se presentó ante nuestros ojos un día lluvioso en el aeropuerto de Panamá, cuando viajó en el año 2000 a la Cumbre Iberoamericana. En aquella ciudad estaban Luis Posada Carriles y otro grupo de asesinos y terroristas con el único plan de asesinarlo.

El Co­man­dante lo sabía y traía con él toda la información recopilada por los servicios de seguridad cubanos y se proponía, ante todos, denunciar local e internacionalmente el plan terrorista concebido para matarlo.

Una vez en tierra y tras un brevísimo acto de protocolo de los anfitriones para recibirlo, se dirigió a los periodistas y nos dijo: “Vamos para el hotel que tengo una denuncia muy importante que hacer”.

Ya en el hotel supimos del hecho y, además de indignarnos, pensamos en el posible peligro para el cumplimiento del programa preparado al presidente cubano.

Pero Fidel, el de siempre, dijo a los anfitriones y a la delegación cubana: ¡Qué no se varíe nada en el programa previsto! ¡Qué no se cambie ni un minuto del horario a estar en cada lugar!

Ante tal denuncia las autoridades panameñas tuvieron que optar por apresar a los terroristas, quienes se proponían volar el Paraninfo universitario donde hablaría Fidel, no importaba que murieran allí cientos de estudiantes y profesores que irían al acto.

He conocido al líder que siempre ha desafiado el peligro y actuado con serenidad, valor y convicción en disímiles circunstancias.

En 1969, un desembarco de un grupo terrorista por Punta Silencio, en Baracoa, en el Orien­te cubano, llevó allí a Fidel para trazar la estrategia e impartir órdenes para liquidar aquella agresión en el menor tiempo posible.

El pueblo cubano ha acompañado al Comandante en todos los momentos de la Revolución. Foto: Arnaldo Santos

Esa noche habló a los combatientes en un lugar conocido como La Máquina. Rindió ho­me­naje a quienes habían caído durante la ac­ción, en acto improvisado, en medio de una plantación cafetalera y de otros árboles que daban sombra a los cafetos.

Al otro día por la mañana, el general To­ma­sevich, al frente de los combatientes cubanos, nos llamó a los tres periodistas que estábamos allí para que entrevistáramos a un mercenario que había sido detenido. “Yo lo oí todo anoche. Oí cuando Fidel hablaba. Yo me metí en aquel hueco y me cubrí de hojas secas de café. Puse mi fusil AR-15 a un lado y lo tapé también con hojas. Revísenlo no he disparado ni un solo tiro”, dijo aquel tembloroso hom­bre para querer justificar su actuación de mercenario.

Un rato después, el propio Tomasevich nos decía que desde la posición en que estaba escondido ese mercenario y el moderno fusil que portaba, pudo haber disparado contra Fidel y contra todos los que estábamos allí.

Aquella explicación de un militar de vasta experiencia, nos conmovió. A mí, en lo personal, me dio más motivos para ser, hasta el último minuto de mi vida, un acompañante de Fidel en esta gran tarea que él concibió, dirigió y a la que sigue aportando y apostando desde sus nuevas y no menos difíciles trincheras.

Porque, como diría el teólogo brasileño Frei Betto, Fidel “es una persona tímida, que casi pi­de permiso para ser quien es. A pesar de toda su genialidad, de toda la historia que encarna, consigue hacernos sentir su hermano”.

En el 90 cumpleaños, sigue adelante Fidel, para acompañarte siempre.

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OrlandoB dijo:

1

13 de agosto de 2016

05:12:53


Felicidades comandante. Deseariamos muchos de los cubanos una vida eterna para usted. Sus enseñanzas son muchas y nos acompañara en la vida y en la muerte porque usted se ha hecho eterno, no solo para los cubanos sino tambien para los humildes de este mucho. Vida eterna comandante.

JAIRO dijo:

2

13 de agosto de 2016

07:54:18


Fidel, joven eterno. Revolucionario ejemplar, en su día nos da para reflexionar y nunca desviar la lucha, los argumentos y el momento histórico. Te Queremos Fidel.

Yamilka dijo:

3

13 de agosto de 2016

08:33:05


FELICIDADES COMANDANTE, desde mi humilde trinchera, mi puesto de trabajo

Dr. José Luis Aparicio Suárez dijo:

4

13 de agosto de 2016

09:56:31


¡Felicidades Comandante! Afirmo convencido que el Sistema Nacional de Salud de Cuba (SNS), gracias a Fidel y la Revolución, nació de nobles ideas, en un “parto” esperado y feliz, para transformar la insalubridad pre-revolucionaria en baluarte y potencia salubrista perfectible. El SNS está vacunado contra la injusticia, el odio, la enajenación y los apetitos financieros de lucro; se alimenta con las bondades de un sistema llamado a ser próspero y sostenible; ha crecido al fragor de una práctica asistencial responsable y altruista, siempre arropado con la disciplina académica necesaria y sustentada por sólidos preceptos éticos, para transformar favorablemente la realidad sanitaria, con ciencia e inteligencia creadoras, de modo que asegure dar más vida a los años que merecen vivir los cubanos, e incondicional para cumplir con sagrados deberes, en el escenario que reclame la presencia de los profesionales para defender la dignidad de la vida, hoy con sano orgullo y elevadísimo reconocimiento social en más de 60 naciones del mundo. Solo honraremos el legado imperecedero de Fidel si somos dignos del cariño de nuestros pacientes, nos mantenemos libres de la apología y la vanidad, y vamos de hermanos por el mundo, cumpliendo con el deber, generando la sonrisa de los niños, el beso de los abuelos, la felicidad de cada mujer que alumbra una nueva vida, la gratitud de aquellos que recuperan, mejoran o preservan su salud. En síntesis, haremos feliz al Comandante siendo heraldos del bien y el honor ante el dolor ajeno, consecuentes con la dedicación y el desvelo de quienes nos formaron; siendo dignos de la confianza de familiares y compatriotas, cultivando la integridad, amando y ejerciendo la profesión con virtuosismo, convirtiendo la actitud en antídoto contra la insalubridad, fortaleciendo las convicciones transformadoras; sin olvidar, ni siquiera un instante, que la solidaridad es hermana de la razón. El líder histórico de la Revolución tiene un protagonismo reconocido en el desarrollo de la Salud Pública en Cuba, expresado en los principales indicadores sanitarios y el prestigio internacional de la Medicina Cubana. El pensamiento y la acción consecuente del Comandante en Jefe es un legado que nos debe acompañar siempre. ¡Felicidades Comandante!

Daniel Castillo Ruano dijo:

5

13 de agosto de 2016

11:44:29


Al eterno revolucionario, eterna vida. Desde Ecuador, seguiremos tu ejemplo comandante.