ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Fidel junto a Frank en la Sierra Maestra. Foto: Archivo

SANTIAGO DE CUBA.—Este 30 de julio se cumple el aniversario 59 del asesinato de Frank País García en las calles santiagueras. Lo que sigue fue la reacción de Fidel al conocer la noticia en la Sierra Maestra, la cual refleja en su justa dimensión el extraordinario aporte brindado a la causa revolucionaria por el valioso joven, en su corta pero intensa vida.

“¡Qué monstruos!, no saben la inteligencia, el carácter, la integridad que han asesinado. No sospecha el pueblo de Cuba quién era Frank País, lo que había en él de grande y prometedor”, diría el máximo jefe de la insurrección armada acerca del heroico luchador clandestino y Jefe Nacional de Acción del Movimiento Revolucionario 26 de Julio.

Nacido el 7 de diciembre de 1934, si bien llegó a impresionar tanto por la educación recibida de sus padres bajo preceptos religiosos, como por la marcada inclinación hacia la música, la pintura y otras artes, fue la innata vocación patriótica el rasgo que lo convierte en excepcional figura de la lucha revolucionaria en Cuba.

LA PATRIA PRIMERO
Graduado ya de maestro normalista pudo dedicarse a la enseñanza, pero basado en las obras de José Martí y tras el siniestro golpe de Estado perpetrado por Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952, el asalto al cuartel Moncada dirigido por Fidel el 26 de julio de 1953, y con ello La Historia me Ab­sol­verá, escogió el amor por su patria.

Erguido en sus 20 años, se entrega a la creación de organizaciones revolucionarias y a la realización de acciones clandestinas, que extiende a toda la antigua provincia de Oriente. Su prestigio no tiene discusión, y aunque sus ideas y valentía arrojaban sobradas pruebas de su capacidad de dirección, jamás buscó protagonismo jerárquico.

En tal sentido, desde el primer momento reconoce en Fidel al líder de la insurrección, y realiza un significativo aporte a la necesaria unidad por la causa abrazada, cuando decide ponerse junto a la Asociación Nacional Revolucionaria que dirige, a disposición del Movimiento 26 de Julio. Por su parte Fidel le reservaría el lugar ganado por derecho propio, al designarlo en el segundo encuentro sostenido en México Jefe de Acción Nacional del Movimiento (M-26-7), y confiarle la organización y dirección del plan de acción en apoyo a la expedición del Granma.

Baste decir que el alzamiento del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba, constituyó una de las páginas más brillantes de la última etapa de lucha, al involucrar a varios cientos de hombres y mujeres vestidos por vez primera de verde olivo en el acopio de los aseguramientos y el ataque a instalaciones armadas de la dictadura.

CONSAGRADO A LA REVOLUCIÓN
Con el M-26-7 desarticulado por aquellos sucesos, y pese al distanciamiento de la acción directa que le imponen la urgente profundización y ampliación de la lucha armada, y el férreo acoso de la dictadura, ocho meses antes de morir se inicia bajo las más difíciles condiciones de seguridad el más intenso periodo en la vida de Frank.

Sagradamente asume el compromiso contraído en el en­cuentro de febrero de 1957 con Fidel y otros rebeldes en la Sierra Maestra, de enviarles refuerzos entre los más fogueados luchadores clandestinos, armas y demás pertrechos, guarda prisión durante más de dos meses, y a la salida se consagra a la reorganización del Movimiento.

Identificado plenamente con esa tenaz labor, Fidel le precisa el 21 de julio de 1957 desde la Sierra Maestra: “Considero sinceramente que has realizado un trabajo formidable (...) te felicito. Nosotros concluimos esta lucha con la muerte o con el triunfo de la verdadera Revolución”.

Frank se había convertido en un dolor de cabeza para la dictadura, era sin duda el revolucionario buscado con más saña por sus fuerzas represivas, y en especial por el teniente coronel José María Salas Cañizares, quien tras haber ordenado el asesinato de Josué, había jurado acabar con los tres hermanos País García.

No obstante, fiel a su determinación de que “el día que quede un solo cubano que crea en esta Revolución, ese cubano seré yo”, y digno del calificativo de “combatiente de primera línea” que años después le otorgara el General de Ejército Raúl Castro, su única preocupación era cumplir la misión como jefe clandestino.

“La situación en Santiago se hace cada vez más tensa, el otro día escapamos milagrosamente de una encerrona de la policía (...). Hemos tenido que volar del domingo a hoy de tres casas”, escribe en carta a Fidel el 26 de julio, pero cuatro días después no lo acompaña la misma suerte al abandonar la casa de Raúl Pujol Arencibia.

No era la primera vez que se ocultaba en el domicilio de la calle San Germán No. 204, pero esa tarde del martes 30 de julio la policía emprende un registro en la barriada. Alertado, Pujol regresa al hogar donde se coordina con Demetrio Mont­seny Villa y José de la Nuez la búsqueda de armas y balas para la Sierra Maestra.

El fiel amigo insiste en abandonar el lugar. Sin perder la serenidad Frank manda a ocultar todo cuanto pueda comprometer a la familia e indica a Pujol que despida a los visitantes. Solo después de calcular que debían estar fuera de peligro, ambos salen caminando en sentido contrario al sitio donde se intensifica el cerco.

En la calle reciben el alto por parte de un uniformado, otro se acerca y al registrarlos ocupa una pistola. Corre la alarma y entre los sicarios acude a identificar a Frank País el miembro de la policía secreta y antiguo conocido de la Escuela Normal de Maestros, Luis Mariano Randich Jústiz (ajusticiado por el M-26-7).

En manos de Cañizares solo transcurren escasos minutos antes de que a las 4 y 15,  su cuerpo sea atravesado por una ráfaga de ametralladora, a la que siguen otros disparos a quemarropa. Según diría luego Doña Rosario: “Conté y taponé treinta y seis perforaciones en el cuerpo de mi hijo, y no seguí porque me parecía que le dolía”.

Mientras empujan a golpes al jefe clandestino hasta el sitio de Callejón del Muro donde sería acribillado, el valeroso Raúl Pujol sale en su defensa gritándole “¡cobardes, no le peguen!”;  aquella jauría, de inmediato, se vira hacia él y lo asesina vilmente frente a la casa marcada con el número 175 en la propia calle San Germán.

Cuando permiten el acceso de la prensa, los fotógrafos en­cuentran el cadáver de Frank en el suelo y a su lado, para simular que había intentado primero agredir a las “fuerzas oficiales”, le habían colocado la pistola calibre 38 que nunca llegó a empuñar. Contenidos por la policía, el ánimo de los vecinos está exaltado.

Para el Comandante Ernesto Che Guevara fue la “pérdida más grande de la Revolución”, y años más tarde Raúl diría: … de una modestia proverbial, valiente hasta la temeridad y de una intuición poco común, era el tipo de hombres que penetran honda y definitivamente en el corazón del pueblo.

Para que todos acudieran al entierro ningún comercio abrió. La ciudad entera se quedó vacía mientras se acumulaban más de 20 cuadras de gente.

Desde balcones y ventanas fueron lanzadas flores al cortejo fúnebre, a la vez que en desafío al régimen la manifestación entonaba el Himno Nacional y gritaba: “¡Aba­jo Batista!, ¡Asesinos!, ¡Libertad!, ¡Viva Fidel!, ¡Re­vo­lu­ción!, ¡Revolución!, ¡Huelga!, ¡Huelga!”.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.