ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El director del Parque Nacional Guanahacabibes señala en una maqueta de la península, la zona donde se cree que se encuentra el tesoro. Foto: , Eduardo González

PINAR DEL RÍO.—Saturnino Antonio Can­ga nunca lo ha dudado: “De que esa mina existe es tan seguro, como que estamos aquí ahora mismo”, dice.

A sus 80 años, vive convencido de que en al­guna cueva, de las cientos que hay en Cabo Co­rrientes, en la península de Guana­haca­bi­bes, con­tinúa oculto el tesoro de la Catedral de Mé­rida.

Durante más de tres siglos, no han faltado quienes impugnen los mapas y demás documentos que acompañan una de las leyendas más famosas de cuantas legara la piratería en las costas de Cuba, pero hay una prueba que nadie se atreve a cuestionar: la historia de José Antonio Canga, el tío de Saturnino.

Cuentan que una tarde, allá por la década de 1930, el hombre llegó a la casa de su madre, en el poblado del Cayuco, a la entrada de Gua­na­hacabibes, y le entregó varias monedas de oro con una frase terminante: “tenemos dinero pa­ra comprar el Cabo de San Antonio”.

“Mi padre me decía que las había encontrado en una cueva, entre Cabo Corrientes y playa Las Persipinas, y que el oro había cogido como un limo, por todo el tiempo que llevaba allí”, re­cuerda Saturnino.

Al día siguiente, tal como se dice que es me­nester en estos casos, Canga se levantó temprano para ir hasta la iglesia de Guane en busca de agua bendita y un crucifijo, para bendecir el lugar antes de cargar con toda aquella riqueza.

Pero durante el viaje de regreso, en la curva del encinar, muy cerca ya del Cayuco, el ca­mión en que viajaba se volcó, y Canga murió aplastado por un tanque de combustible.

“Mi abuela guardó las monedas como un recuerdo, eso lo vio todo el mundo. Después de aquello, mi padre cogió miedo y no quiso ir a sa­car la mina. Una cosa que tiene tantos muertos atrás, hay que respetarla”.

COSAS QUE NADIE DUDA
Aun cuando existen varios puntos oscuros en torno a la leyenda, en esta región del occidente cubano nadie pone en duda que José An­tonio Canga halló el tesoro de Cabo Co­rrientes.

De ahí que en pleno siglo XXI, y a pesar de los incontables intentos infructuosos, se sigan organizando expediciones hacia la península, en busca de la fabulosa fortuna.

El máster en ciencias Lázaro Márquez, di­rector del Parque Nacional Guanahacabibes, re­conoce que “este lugar se distingue por esa historia. Es algo que está totalmente vivo en la tradición de la gente. Incluso hay personas de todas partes de Cuba que nos preguntan por ella y que continuamente llegan hasta acá, con la intención de hacer exploraciones.

“Hasta se ha creado un verbo: ‘minear’, que significa el acto de buscar minas”.

LA LEYENDA
De todas las versiones que han llegado hasta nuestros días, la más difundida refiere el envío a mediados del siglo XVII, de las riquezas de la Catedral de Mérida hacia La Habana para protegerlas, la persecución por los piratas en alta mar, el enterramiento del tesoro en algún punto de Guanahacabibes, y el pasaje de un fraile que logró atravesar la península y contar lo sucedido en la iglesia del poblado de Guane, antes de morir consumido por la fiebre y la fa­tiga.

Sin embargo, en los últimos 120 años, han surgido nuevos elementos que refuerzan la le­yenda, en los que se mezclan hechos reales con los rumores y la superstición, y la ferviente creencia en que detrás de una historia que ha logrado sobrevivir tanto tiempo, tiene que ha­ber algo de verdad.

En este sentido, por ejemplo, se afirma que las páginas que contenían el testamento del fraile moribundo y el derrotero hacia el tesoro, desa­parecieron de forma sospechosa de la iglesia de Guane, y desde entonces, han cambiado de dueño varias veces, dando pie a incontables ex­pediciones a la península.

Enrique Giniebra, vicepresidente de la filial de la Unión de Historiadores de Cuba en Pinar del Río, explica que para acentuar aún más el mis­­terio, la tradición oral ha aportado nuevos de­talles, como la llegada a principios del siglo XX a Guanahacabibes de un supuesto enviado del Vaticano, que realizó varias incursiones al interior del territorio.

“Se ha dicho que era algún tipo de agente es­pecial, que dominaba varios idiomas y también artes marciales, y vino con la misión de asegurar el tesoro”, añade Giniebra.

Unido a esto, hay otros indicios, como el he­cho de que a inicios del siglo XIX, la Iglesia ad­quirió terrenos en Guanahacabibes.
Indudablemente algo “raro”, teniendo en cuenta que se trataba de una zona casi deshabitada, y sin vías de comunicación por tierra, ad­mite el historiador.

¿Y POR QUÉ NO HA APARECIDO?
Dos días antes de morir, sabiéndose muy enfermo, el suegro de Jesús Ramos lo mandó a llamar para contarle un secreto: el sitio donde se oculta el tesoro de Cabo Corrientes.

“Me dijo que los perros lo habían llevado hasta él algunos años atrás, mientras andaba monteando puercos jíbaros, y yo le creo, porque no era un viejo mentiroso”.

A pesar de la revelación, Jesús nunca ha ido tras la fortuna. “Yo le digo que ese dinero está ahí, metido en una cueva. Pero esas cosas no se buscan. Para encontrarlo tiene que ser que los muertos te lo den”.
Para muchos en Guanahacabibes, esta es la explicación del por qué el oro de la Catedral de Mérida no ha aparecido.

“Ese dinero tiene dueño. Le pertenece a quie­nes lo pusieron allí, y mientras sus espíritus lo estén cuidando, a la cañona no lo coge na­die”, coincide Benigno Vladimir Jorge.

El historiador Pedro Manuel de Celis, en cambio, ha accedido a formar parte de varias expediciones oficiales que se han adentrado en la pe­nínsula.

“Han sido largos periodos, de hasta 15 días se­guidos, y con aparatos satelitales, no con bo­berías”.

¿Quiere esto decir que no hay tesoro? Para De Celis, la falta de éxito pudiera tener otra ra­zón. “Hemos buscado mucho, pero tal vez no lo hemos hecho en el lugar correcto. En Gua­na­hacabibes hay miles de oquedades, y es un te­rritorio muy amplio”.

“Aunque en el mapa a usted le pueda parecer que no es tan grande, en el terreno es otra co­sa. Andar en el monte, por encima del diente de perro, es dificilísimo. Todas las veredas se parecen, y cuando usted piensa que va para afuera, en realidad puede ir para adentro”, coincide Benigno.

Unido a esto, hay quienes no descartan la po­­­sibilidad de que el tesoro ya haya sido en­contrado y sacado de allí.

“Hay información de que en los años 50’, un yate grande con bandera norteamericana, estuvo operando en la zona, y quién sabe si se lo llevaron sin decir nada”, reconoce De Celis.

Saturnino Antonio Canga, sin embargo, prefiere creer que la fortuna que le costó la vida a su tío, continúa en el mismo sitio. “Eso sigue don­de él lo vio. Nadie más lo ha encontrado”, dice.

Cierto o no, Pedro Manuel de Celis considera que el principal mérito de esta historia, está en la manera en que los habitantes de Gua­na­hacabibes han sabido preservarla y enriquecerla durante más de tres siglos, e incluso contagiar con ella a gente de toda Cuba.

“Si el tesoro aparece sería muy bueno, pero si no, el hecho de contar con una leyenda como esta, que continúa viva después de tanto tiempo, tiene tanto valor como la propia mina de Ca­bo Corrientes”.

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Freddy Pérez Cabrera dijo:

1

27 de mayo de 2016

07:56:30


Excelente este trabajo de mi hermano Ronald. Ya nos tiene acostumbrados a este tipo de artículos tan interesantes. Cuando vaya a Pinar vamos a realizar nuestra propia exploración.

Armando67 dijo:

2

27 de mayo de 2016

08:42:51


Emocionantes e instructivos este tipo de trabajos periodísticos que debían de ser más frecuentes en nuestra prensa escrita, televisiva y radial. Gracias Ronald

Dr. Martínez dijo:

3

27 de mayo de 2016

09:29:34


Lo mio es una curiosidad, soy abogado en ejercico. En caso de que alguien o algunos encuentre el tesoro recibiria o recibirian una recompensa en dinero por el Estado Cubano. Agradeciendo de antemano la respuesta, Dr. Martínez

Evelio Alvarez dijo:

4

27 de mayo de 2016

12:05:05


Interesante tema, No soy para nada supersticioso, ni soñador empedernido, pero me he dado cuenta con el paso de los años que las historias se vuelven realidad o la realidad se plasma en historia, La Isla del Tesoro es una fenomenal novela de aventuras, siempre he tenido mis recelos con la historia y creído que La famosa isla del tesoro es o el Archipiélago Cubano o la Isla de la Juventud o de Pinos como se le llamaba, hay tela por donde cortar, créanlo o no hay que ponerse a pensar, Primero los barbaros, luego los Piratas y filibusteros, luego los franceses y así poco a poco ha ido pasando el tiempo y no han sido pocos los visitantes de esta hermosa tierra desde hace siglos, incluso antes de los aborígenes, piensen...y como dice Taladrid, saque ud. sus propias conclusiones, muchas gracias.

r.f.o dijo:

5

27 de mayo de 2016

13:12:41


Muy buen comentario naci oyendo esta leyenda, soy del lugar y esta contado tal cual es, a mi colega el Dr . Martinez le explico que de ser encontrado por un equipo de arqueologos o palenteologos solo tendran como recompensa el merito y el reconocimiento del descubrimiento, dado que perciben un salario por ese trabajo, de ser una persona comun y corriente tendra derecho al 25% del valor total del tesoro. exhorto a ronald a seguir escribiendo sobre este lugar magico de la geografia cubana

Altus dijo:

6

27 de mayo de 2016

13:26:08


Dr.Martínez, aun sin aparecer ya tiene dueño y no se comparte

yam dijo:

7

27 de mayo de 2016

13:40:58


La legislación cubana no comprende ninguna indemnización, en otros países es de 10-30% de su valor actual, porque pertenece al patrimonio nacional. En Cuba se han establecido acuerdos puntuales para cada caso, sobre todo después que Eusebio Leal fungiera como Historiador de la Ciudad de La Habana. De todas maneras es un buen gancho para el turismo. Recuerdo una tarja en un Hotel de México que decía: "Hace 50 años aquí no sucedió nada, nadie hizo nada; pero hoy Ud, puede marcar la diferencia"

Armando dijo:

8

27 de mayo de 2016

14:05:01


Dr. Martìnez quizàs le den un diploma y lo hagan miembro de honor de la sociedad espeleològica de Cuba. Nada mas.

Joc dijo:

9

27 de mayo de 2016

16:40:38


Pero me asalta una duda... viendo la foto del Director del Parque Nacional señalando la zona donde se cree que se encuentra el tesoro me parece que es agua, sin embargo en el artículo en todo momento se hace mención a "cuevas". El tiempo pudo haber inundado muchas de ellas, entonces no coincide la historia de ir por estos días a buscar precisamente en una cueva. Saludos.

Alejandro dijo:

10

27 de mayo de 2016

16:58:45


Lean la ley 59 (código civil) artículo 195

Carlos Toledo Respondió:


27 de mayo de 2016

19:39:47

Ahí tiene la respuesta, muy clara, gracias Alejandro ARTÍCULO 195.1. El dinero, alhajas u otros bienes de valor, ocultos en la tierra, en el mar o en otros lugares y cuya legítima pertenencia no conste, son propiedad del Estado. 2. Los bienes a que se refiere el apartado anterior deben ser entregados por su descubridor a una agencia bancaria de la localidad. 3. El descubridor debe ser recompensado en una cantidad ascendente al veinticinco por ciento del valor de los bienes. 4. La recompensa a que se refiere el apartado anterior no se abona a la persona que encontró los bienes en el cumplimiento de las obligaciones especificas de su puesto de trabajo.

Katy dijo:

11

28 de mayo de 2016

09:54:47


Excelente trabajo. Muy interesante. Ojalá tuviéramos cosas así más a menudo. Saludos

alberto reina perera dijo:

12

28 de mayo de 2016

18:02:22


bien chevere estos articulos de Ronal, me apasionan a lo grande y mas k soy pinareÑo y conosco algo de la zona del cabo. felicitacionessss

fisherman dijo:

13

18 de junio de 2016

10:07:33


Gracias hermano Ronald por adentrarnos en parte de nuestra historia, aún desconocida. Sigue motivandonos con este tipo de trabajo. Un amante de estos temas, listo para ir a explorar si lo convidan.

jess dijo:

14

19 de septiembre de 2016

23:44:35


Todo es cierto, hace aproximadamente 20 años aún vivía en Cuba, un amigo me contó sobre esta historia, y me invitó a aventurarme, ahí conocí a un familiar de Canga que nos hizo esta misma historia y un poco más, igual no recuerdo muchos detalles, realmente yo abandoné la idea, no teníamos recursos ni dinero, solo las ganas de aventurarnos y éramos muy jóvenes, imagino que hayan encontrado el famoso tesoro, había muchos interesados, inclusive en ese tiempo.

José Antonio Linares dijo:

15

4 de febrero de 2020

09:24:46


Este artículo lo he leido muchas veces y es real lo que se cuenta, pero lo que tienen q buscar es la embarcación "El Princesa de Toledo", es el nombre del galeón que traladaba el tesoro.