ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Ventura de Jesús García

MATANZAS.—Todos los años, el 29 de abril, los niños de la escuela primaria del po­blado matancero de Güira de Macurijes recuerdan a los mártires del Goicuría. Los alumnos y maestros del colegio conmemoran especialmente al mártir Marcos Viera, nacido y criado en esa localidad. En un rincón del centro escolar, que lleva su nombre, hay un espacio reservado para el héroe y sus compañeros de lucha.

Los pioneros no saben quizá el nombre de quiénes los mataron. Pero todos conocen la historia sencilla de los jóvenes que encabezados por Reynold García, aquel domingo 29 de abril de 1956, ofrendaron su vida en el intento por tomar el cuartel Domingo Goicuría, de Matanzas y asestarle así un golpe al dictador Fulgencio Batista, instaurado en el poder el 10 de marzo de 1952 mediante un brutal golpe de Estado, con el apoyo del gobierno estadounidense.

Algo más o menos similar ocurre en esa fecha en otras escuelas de la provincia que llevan el nombre de algún mártir de la gesta. En varias generaciones de matanceros ha quedado grabado para siempre el ejemplo de aquellos 55 jóvenes de diferentes filiaciones políticas, de­seosos de acabar con las heridas que ensangrentaban a la nación. La evocación es mayor en el barrio de Versalles, escenario de los audaces sucesos.

Historiadores calificados como Clara Em­ma Chávez y Arnaldo Jiménez de la Cal, apoyados en una sólida investigación, reconocen que aunque la temeraria acción terminó en un revés militar, sirvió para conmover a la nación entera y constituyó un llamado a la conciencia del pueblo.

LA VOCACIÓN QUE LOS ANIMABA

En un libro escrito a dos manos, estos investigadores resumen los antecedentes del asalto, describen la esencia misma del acontecimiento y conducen al lector a un mejor entendimiento de las causas que desencadenaron el ataque al Goicuría.

Jiménez de la Cal y Clara Emma cuentan que alimentados por la esperanza del factor sorpresa, los jóvenes partieron desde un lugar conocido por Tres Ceibas, en las inmediaciones de la ciudad de Matanzas y distante a unos 100 kilómetros de La Habana. Estaban empeñados en hacer algo contra Batista y los animaba la vocación patriótica. Para algunos sería su último viaje.

Eran 55 jóvenes provenientes de diferentes territorios de la provincia y de otros sitios, mu­chos de los cuales no conocían siquiera la geografía de la ciudad yumurina. Estaban afiliados a diversas organizaciones políticas, pero todos convencidos de la necesidad de luchar contra la tiranía por medio de las armas.

Reynold García era el líder de aquel grupo, un hombre humilde que procedía de las filas del Partido Auténtico, un revolucionario obsesionado con la idea de tumbar a Batista, de hacer algo que conmoviera a la opinión pública y sirviera de motor para la insurrección popular. Y aquel espíritu lo había insuflado al resto de sus compañeros.

La supuesta garantía del asalto residía en el factor sorpresa. Tenían el buen propósito de tomar el cuartel y entregarle las armas al pueblo. No era descabellada la intención. Su úni­co equipaje era un parque de 30 armas para to­dos, algunas de ellas defectuosas.

Salieron en dirección a la ciudad en seis camiones pertenecientes al propietario de las Minas Margot. La ciudad estaba en quietud y la caravana pasó completamente inadvertida. Desdichadamente, el factor sorpresa no resultó y solo uno de los vehículos pudo entrar a la plazoleta del cuartel. No es difícil adelantar suposiciones: fue una masacre a mansalva.

Aunque una tesis insostenible y desprovista de toda verosimilitud esgrime que hubo delación, lo cierto es que fue un lamentable desliz lo que abortó la acción, según resulta de los estudios de estos historiadores. El chofer del camión donde viajaba Reynold, el primero de los tres que debía entrar al recinto, fue víctima del nerviosismo e impactó el muro de la entrada. De esa forma alertó a la posta de ese lugar y al resto de la guarnición que se encontraba de guardia aquel día.

Esta teoría explica la razón por la cual el fuego de una ametralladora pesada y los fusiles de la soldadesca se concentraron sobre el vehículo de la vanguardia.

Reynold fue el primero en caer, y tras una balacera de varios minutos abatieron a otros cinco asaltantes. El hecho lo cubrió de oprobio Pilar García, célebre testaferro del dictador, quien se jactó ante la prensa de la “proeza” de sus chacales.

Cuentan los historiadores que el coronel García, jefe del regimiento y también conocido como La Hiena, ordenó que no podía haber ni heridos ni prisioneros. De inmediato comenzaron a asesinar a los sobrevivientes.

Relatos de la época recogen que cuando llegaron los primeros periodistas y fotógrafos al lugar de los hechos, ya eran diez los cadáveres exhibidos junto al camión. La lista oficial de los caídos durante el asalto llegó hasta 15.

Uno de los fotorreporteros de entonces, Gui­llermo Miró, contaría que pudo entrar al cuartel y ver los cuerpos acribillados. “Pilar Gar­­cía me pidió que lo retratara. Se agachó jun­to al cuerpo inerte de Reynold y mostró su son­risa de hiena. Más tarde publiqué un re­portaje en la revista Life con el título de El on­ceno cadáver, que resultó una denuncia al ré­gimen”.

Rememora Arnaldo Jiménez de la Cal que las seis tumbas que inicialmente ordenaron ca­var en el cementerio de Matanzas las convirtieron en fosas comunes y que no fue hasta 1959 que fueron localizados y definitivamente identificados los cuerpos de los 15 mártires, cuyos restos mortales descansan en un mausoleo cons­truido en su honor varios años después.

Al significar la importancia histórica del suceso, el doctor Jiménez de la Cal considera que fue una fecha importante en la historia patriótica del pueblo de Matanzas y un capítulo decisivo de la lucha contra el sistema batistiano. “No es posible menospreciar su trascendencia. Fue la segunda fortaleza asaltada en el país, el hecho de armas más importante de la provincia entre 1952 y 1958, que reafirmó la tesis insurreccional como la más adecuada para derribar el sistema”.

El acontecimiento puso al desnudo una vez más la esencia asesina y sádica de Batista y sus secuaces. “Hubo dos asaltantes hechos prisioneros (Jorge Armengol Delgado y César Modesto Rodríguez), conducidos al San Se­ve­rino y entrevistados por indicación del coronel Triana Calvet que luego aparecen en el listado de los 15 muertos. En el combate solo perecieron cinco, el resto fue asesinado”.

En su opinión, con exponer sus vidas y demostrar el descontento popular hubiera bastado para que fuera una acción extraordinaria. “Pero aquel ejercicio patriótico acabó des­truyendo la componenda que perseguía el llamado Diálogo Cívico organizado por la So­ciedad Amigos de la República, que buscaba una salida electoral a la crisis del país y desviar la atención del pueblo de la lucha revolucionaria. Esa fue quizá su mayor connotación política”.

ORGULLO RESUMIDO

El 29 de abril de 1960, con la presencia de Fidel, el cuartel Domingo Goicuría se convirtió en escuela, y desde entonces es de los centros primarios más numerosos de la provincia, donde se abriga el sueño de los jóvenes que asaltaron la fortaleza militar el 29 de abril de 1956. En la parte más alta del plantel se puede leer en letras hechas como con sangre: Már­tires del Goicuría, un cuartel convertido en escuela.

Como es natural, ni uno solo de los miles de niños que han transitado por este lugar conocieron a los jóvenes que ofrendaron su vida en aquella acción, pero crecieron mirando sus fotos y aprendiendo de su ejemplo.

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Miguel Angel dijo:

1

30 de abril de 2016

02:06:12


Valeinte gesto de este grupo de corajudos jóvenes q decidieron inmolarse a sufrir el orpobio de la patria humillada por el tirano, apoyado por el imperio yanqui. La patria sufría la infamia del artero golpe de estado, el pueblo era traicionado y estos 55 valiosos lavaron con su sangre el vil ultraje. Fue un acto temerario, pero había q limpiar la afrenta. Gloria eterna a los mártires de la Patria y en particular a los Mártires del Goicuría! Así se escribió nuestra historia!

Manuel Mercado dijo:

2

30 de abril de 2016

11:41:10


Bello articulo historico y politico, un reconocimiento a los que lo dieron todo por lo que hoy tenemos y solo nos han pedido que sigamos la ruta senalada hacia la construccion del socialismo. Me llama la atencion que no se haya hecho mencion del unico de los supervivientes de ese ataque, el companero JULIO DAMASO VAZQUEZ, que fue salvado por la internvencion honrosa y humana de un policia de la dictadura que lo saco de Matanzas y lo hospedo en un hotel en Varadero como esposo de sy hija.