ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Tomada de Internet

Uno de los temas más replicados en nuestros espacios —ya sea como periódico o como sociedad— redirige su mirada a la cadena que se extiende entre el campo y la mesa. Varios son los comentarios de lectores indignados por verse desprotegidos en ocasiones ante el dilema cotidiano que implica servir en sus platos algunos productos del agro. Lo mismo porque brillen por su ausencia en la red minorista o porque el bolsillo familiar no resista las tarifas actuales. 

 Durante su más reciente Periodo Ordinario de Sesiones, el Parlamento cubano también volcó su examen en las distorsiones de la cadena de comercialización, que han dinamitado los precios de muchos productos agrícolas.

Distorsiones que, casi por regla, revientan por la parte más débil —el pueblo— y obligan a pensar en números al cubano trabajador para que pueda estirar al por mayor sus ingresos, ante la disyuntiva rutinaria del disparo de tarifas a boca de mercado.

Hablar de precios elevados, por sí solos, puede parecer un eufemismo. De ahí que muchos expertos insistan en que lo de los costos altos es relativo porque el problema radica en la limitada capacidad de compra de nuestro salario. Y eso lo entiendo perfectamente. Pero mientras no seamos capaces de producir en los niveles que requiere nuestra economía y con ello se posterguen las mejoras salariales, tendremos que seguir apelando a denunciar sin miramientos que los precios siguen siendo galácticos, a mi juicio, para lo que nuestros ingresos nos permiten.

Uno de los elementos que en su mayoría desconoce la po­blación es, por ejemplo, el costo real de producción de esos genéricos, como prueba fehaciente de que le están timando con creces. Y en la búsqueda de ese norte, la propuesta es hacer un encuadre del asunto, poniendo en primer plano a las fichas de costo, un tópico en el que se ha insistido en múltiples espacios del sector, como referente necesario para seguirle la pista a la irracionalidad.

En fecha reciente el Ministerio de la Agricultura (Minag) emprendió una actualización de esas fichas tecnológicas, tomando como punto de partida una selección de 18 cultivos, entre ellos siete tipos de viandas, igual cifra de hortalizas y cuatro de frutas. De esa lista, ningún rubro posee precios centralizados, sino que el acopio al productor se rige por acuerdo entre las partes y la venta en la red minorista, por el principio de oferta y demanda.

Así lo precisó a Granma Alexis Rodríguez Pérez, director de Contabilidad y Precios del Minag, quien explicó además que en esa selección “trabajamos una ficha de costo estándar por ser la Agricultura un sistema tan heterogéneo. En cada partida se incluyen los insumos actualizados a precios vigentes y teniendo en cuenta las normas de consumo que requiere cada tecnología, en función de un rendimiento esperado. Si bien el costo real se da en el surco, es importante tener una referencia”.

La política de precios establece un margen de utilidad aprobado de hasta un 30 % (en relación con el costo productivo) y, en condiciones excepcionales de acuerdo con las características del cultivo, puede llegar hasta un 50 %, puntualizó el directivo. Y aclaró que el Minag no define precios minoristas.

La actualización de las fichas en cuestión arrojó resultados contrastantes, con una brecha muy distorsionada entre el costo de producción y la comercialización final a la población. Dispa­ra­tados es el calificativo más recurrente ante la sordidez de los desbalances.

Y traigo a colación apenas algunos ejemplos: si producir boniato como el que llega en su mayoría a La Habana, cosechado básicamente con tecnología de alto rendimiento en provincias cercanas, cuesta 0,32 centavos la libra, ¿cómo se justifican los absurdos márgenes impuestos en la distendida cadena para que se venda esa misma cantidad hasta a más de tres pesos?

Si a eso se le aplica el margen establecido (a ra­zón de un 30 %), deberían adicionársele al costo pro­ductivo aproximadamente nueve centavos. In­cluso si se duplicara el importe inicial de lo que le cuesta al productor, la sumatoria apenas rebasaría los 60 centavos. Y de lo lógico a lo concreto, la realidad indica por las claras que la matemática no coincide con los estándares manipulados por interés.

La historia del tomate consumo es más roja, literalmente, pues de 93 centavos que le cuesta obtener una libra a un agricultor (con la misma tecnología), la distancia olímpica de ahí hasta el péndulo de entre 14 y 25 pesos que ha llegado a costar la misma, alerta de márgenes abusivos, multiplicados sin escrúpulos. Quien suda a pie de surco largas horas al día, lleva menos a su bolsillo que quien  acapara y revende. Y el acribillamiento comercial al pueblo, duele.

Esa lista actualizada llevó a nuestro diario a visitar diferentes mercados en la capital y la historia —quilos más o quilos menos— se repetía de vuelta en vuelta, co­mo el cuento de la Buena Pipa. Las fichas de costo no se traducen en que a partir de ahora esos serán los precios que reinarán en el mercado, porque hay casos en los que participan otros actores como los transportistas y eso cuesta. Pero ellas sí fijan un punto de arrancada para revisar, de punta a cabo, las curvas en las que se están perdiendo hoy la eficacia comercial y el respeto al cliente.

En La Habana la exageración con los precios de los productos agrícolas es aún más irrisoria y disparatada que en el resto del país. Valga decir que aquí el sistema de comercialización de estos genéricos es diferente. Las disímiles formas de comercialización minorista —mercados agropecuarios estatales (MAE), los de oferta y demanda (MAOD), del EJT, los arrendados a formas productivas, agromercados gestionados por cooperativas no agropecuarias, puntos de venta y los vendedores ambulantes (carretilleros)— enrevesan la situación y complejizan el panorama, desde la óptica del control efectivo.

Y aunque el mecanismo nació de buenas in­tenciones, no pocos —entre campesinos, lectores y la población en general— sienten que la fórmula no dibuja un buen semblante. Al menos el propósito de abaratar los precios no se ha concretado en el eslabón final.

En la opinión de Rodríguez Pérez, por ejemplo, “el impacto que se esperaba no se ha logrado. Como tampoco se han respetado los márgenes de utilidad y no ha tenido un efecto positivo el haberles dado algunos mercados a varias formas productivas”.

Sobre ese particular, la lógica indicaba que des­de el minuto en que los productores pudieran vender directamente allí sus cosechas, los costos serían menores, sin el gravamen que se aplica con la intervención de terceras manos. Pero el resultado fue otro. De hecho, en un diagnóstico efectuado en la capital se detectó que en algunos de esos puntos de ventas los precios se equiparaban con los que estaban disparados en diferentes tipos de mercados.

“Lo otro es que estos productos de gran demanda no tienen precios centralizados y, aunque se topen precios (tópico en el que se cuecen y estudian variantes hoy), hacen falta más quintales”, dijo.

La solución apunta, a su juicio, hacia el fortalecimiento del sistema de Acopio. “Hay que acopiar más del 80 % de la producción. Si no acopian más el Estado y los intermediarios legales, lo hacen otros”.

Grandes han sido los pasos para desobstruir las trabas que afectaban a los agroproductores. Las es­tructuras del Gobierno y del Partido a distintos niveles han ido en­con­trando soluciones para dar respuesta a sus de­mandas. Como nunca antes, en los dos últimos años se les han soltado las amarras a cuestiones que eran vitales en el día a día del campo. Disímiles han sido, igual, los volúmenes de inversiones. Ur­gen aho­ra el salto productivo y va­riantes comerciales más ágiles.

La realidad es que la pretensión de quitar de la faz de la comercialización a los intermediarios no reconocidos legalmente —esos que lucran con el sudor ajeno— quedó solo en eso, en expectativa. E incluso los hay que sin ser ilegales también abusan. Los elevados márgenes de utilidad y comerciales, los facturan muchos y los paga el pueblo. Y aun cuando la especulación a estos “decibeles” es sancionable por la ley, los argumentos de la población se frustran ante las brechas que ofrecen los mecanismos de comercialización ac­tuales.

No se trata de demonizar a ninguno de los nuevos sujetos de gestión aprobados, que contribuyen al fisco y ofrecen un valor añadido a su servicio. Es lógico el precepto de que todos puedan ganar más en un modelo económico más dinámico.

Lo que se busca es el punto de equilibrio y que la ganancia de unos no se sustente en la explotación a ultranza de otros.

Por otra parte, la oferta y demanda aquí todavía no cuaja soluciones factibles, no funciona. Lo haría si hubiera ca­pacidad de oferta apta para la competencia, pero al no existir —por lo menos no al ritmo que se necesita—, el aumento de la demanda que crece con la insatisfacción acumulada solo detona más los precios hacia las nubes. Quizá la realidad insiste en que aún no estamos listos para aplicar este principio del mercado.

Mientras todo esto sucede, a la luz de muchos ojos, se impone un vuel­co de página expedito para que es­tos te­mas no queden solo en la palestra de la crítica popular y mucho me­nos se diluyan en tener que aceptarlo o resignarse.

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Julio dijo:

46

11 de marzo de 2016

21:00:58


1-El problemas esta en el estado que es el que tiene que velar porque esas cosas no pasen ,y no dejar caer otras batallas ganadas , como la agricultura urbana , que por ejemplo la habana tiene muchos municipios que pueden llenar todo los mercados sin limites , pero ahora bien todo lo dejan a hombros del productor privado que bien que tiene que sudar para que su cosecha tenga exitos 2- Los organoponicos que fue un marco regulador en la agricultura urbanas la dejaron caer es algo que nadie se dio cuenta que regula los precios del mercado ,que en la habana se creo un movimiento muy grande y se encontraba de todo y asi no dejaba que el mercado especulativo tomara toda la demanda , sin organoponico no puede ver regulación por conciencia ni decretos,es no resuelve nada, tiene que existir un estabilizante precio demanda y son los organopinico que en la capital hay creados mucho pero alguno como en el cotorro le venden al turismo y divisa, entoces se sale de su marco que es estabilizar el mercado de las ciudades ademas existen muchos lugares donde una pequeña empresa estatal socialista puede asumir las producciones para el mercado interno nunca otro, porque dejaria de ser regulador 3- Las coooperativas tienen su responsabilidad en todo esto porque ya dejaron de ser un herramienta fundamental en la regulacion de precio y se suman a la cadena especulativa , y ejemplo de eso es los puntos de venta en la capital o antiguos agros estatal que venden al mismo precio que el particular, ademas ponen bien grande el nombre de la cooperativa , que en muchos caso llevan el nombre de patriotas y no existe el respeto y siguen lucrando sin dolor ninguno 4-Loa carretilleros no son culpable de lo precios muchos de ellos sueltan los zapatos en la calle gritando para poder vender son victima tambien de la mala organizacion en la agricultura ,ellos son valientes trabajadores que llevan a la puerta de la casa los productos pero no puede ser que sean ellos el latigo y el castigo de la mala responsabilidad social de quien tiene que poner orden y virtud y hacer el trabajo correcto 4- La libra cubana nueva unidad de medida en las matematica , no cuenta de 460g sino de 400 algo que tambien suma al comprar mercancía esto es valido para todo lugar que venda con pesas ok En fin ni decreto ni resolución resuelve el problema , se tiene que prestar atencion directa a los organoponico y pequeñas producciones en las capitales que regulen la demanda de productos diario y verán que solito el productor estatar y privado tienen que cojer el caminito me gusto mucho el comentario de granma , ojala que de cada uno saque un poquito de arena y llevar tranquilidad a la mesa

Eduardo Ortega dijo:

47

12 de marzo de 2016

10:19:37


Felicito a Granma y a la periodista Sheyla por este artículo que arroja luz sobre un complejo problema. Favor, analizar produndamente los costos de producción; además del factor "tecnología del rendimiento" alto o bajo, hay muchos otros factores que influyen en los costos y deben tomarse en cuenta. Las soluciones al problema tienen que buscarse localmente. Granma ha hecho un importante aporte; pero hacen falta transformaciones radicales en el asunto precios y no solo en los productos del agro. Un termómetro de la importancia del tema es la gran cantidad de comentarios de los lectores; no a todos los temas se le brinda tanta atención en Granma. SALUDOS!

Miguel Angel dijo:

48

12 de marzo de 2016

10:43:54


El trabajo de la Lic Sheila Delgado es excelente, muy bien abordado, con datos bien fundamentados, gráficos, entrevistas con los responsables, decisores, etc. Incita a la meditación, reflexión, de todos en su conjunto, productores, funcionarios y consumidores, el q sufre las consecuencias de las irregularidades. No voy a abordar el tema desde el punto de vista económico, está explícito, pero desde el punto de vista social y político no concibo q en tantos años no hayamos sido capaces de buscar una solución definitiva a este problema, los mecanismos no funcionan. Somos totalmente ineficientes, irrentables, no quiero argumentar sin elementos, pero en una ocasión leí un trabajo dónde se exponía q los productos del agro q se ofertan en el turismo internacional (hoteles, etc.) son importados de otros países del área, eso es una reverenda vergüenza, cómo podemos aceptar este fenómeno como normal? Como cubano me avergüenzo de este hecho, carezco de argumentos morales para convencer a algún ciudadano q proteste, se irrite, por la situación del aumento descomunal de los precios de los productos, del agro y otros no expuestos en este trabajo, mi familia lo sufre también. La Revolución es lo mejor q le sucedió al pueblo cubano, estableció un sistema social equitativo, justo, pero la actividad económica continúa a rastras, con muletas y discapacitada total.Tantas tareas q se han cumplido con eficiencia, en momentos de mucha mas penuria y dificultades, no somos capaces de resolver el problema de la alimentación a nuestro pueblo, precios justos con la producción nacional? No lo puedo aceptar como normal, sin solución. Debe existir una respuesta inmediata.

Carlos dijo:

49

12 de marzo de 2016

12:36:47


Sería bueno conocer las fichas de costo de los productos alimenticios que se venden en las tiendas: refrescos, aceites, carnes, frijoles, quesos, y también de otros: detergentes, artículos de aseo, es decir los que son de primera necesidad, porque considero que el porciento que se le añade de acuerdo a la cadena y el establecimiento pudiera bajar. soy del criterio que bajando los precios de esos productos y de otros tantos, no haria falta subir los salarios a todo el mundo, porque casi todo el que vende o da un servicio, si la demanda sube, sube el importe que cobra por él.

Rolo dijo:

50

12 de marzo de 2016

13:08:25


...la lista de costos me parece distorsionada y solo tiene relación con las producciones estatales...porque en los campos de cuba los salarios son otros muy distintos a lo que se dice y cree; nadie trabaja por menos de 50 pesos cubanos el día y en algunos productos se llega a 100 pesos cubanos el dia...como mismo escasean los productos agrícolas en el mercado, escasea el fertilizante que se compra en mercado negro a mucho mas alto precio, se riega con motores de petroleo y si se compra en cupet, ni hablar,y en el mercado negro el litro esta por los 8 pesos cubanos...los mercados de las agricultoras militares son caros también como norma y eso si que es inexplicable porque pagan salarios mucho mas bajos a los jóvenes del servicio militar que son los que trabaja allí y obtienen fertilizantes y combustibles aprecios bajos del estado, sin embargo, no logran penetrar el mercado de forma eficiente para restablecer el balance precio demanda salario ...hace dos años y medio se le subió el precio a la bolsa de pan de 10 panes en cuc, se le subió un 50 % (costaba 1 cuc y se elevo a 1,50 cuc) resulta que es e pan esta entre los mas caros de su tipo en el mundo ( estamos hablando del pan nuestro de cada día)...por otro lado no hay tractores, poca gente quiere trabajar en el campo...vivir lejos de las ciudades solo por el tema transporte es agobiante...por si fuera poco cundo quieres una tierra te ofrecen tierras malas sin agua sin electricidad lejos de los caminos...yo quería una tierra,y la quiero para desarrollar en ella un proyecto de producción integral sostenible sano...quería al menos 30 ha de tierra, tenia incluso convencidos a amigos de proyectos similares en España y Costa Rica y querían ellos también ir a Cuba trabajar en esto( soberanía alimentaria, permacultura, alimentación sana, eco turismo y geoturismo, producion de energias alternativas limpias, recuperación de tierras degradas, viveros, reforestan) ; cuatro Españoles fueron a cuba a visitarme, a dar sus ideas y querían vivir allí en Cuba vistamos tierras probables desocupadas ...pero nunca me dieron las tierras que quería y allí están ociosas...un pero tras otro durante dos años....y así miles se decepcionan y dejan de seguir en la lucha...y aun estoy interesado...los alimentos hay que producirlos y hay que abrir oportunidades y no cerrar puertas