ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Al momento de la visita en la Plaza Carlos III había una gran afluencia de niños. Foto: Foto: Jorge Luis González

Todavía están frescos en la memoria los debates de las sesiones de trabajo previas al V periodo ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional —celebrado el pasado julio— sobre la política cultural en los espacios públicos, específicamente los realizados por los parlamentarios de la comisión de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología y Medio Am­biente.

Como fundamento a las preocupaciones planteadas por los diputados, se encontraba presente el llamado de los medios de comunicación y la sociedad en su conjunto, acumulado durante algunos años, sobre las prácticas de individuos e instituciones estatales que atentan contra los valores culturales de la nación, y la crítica a la exhibición arbitraria de contenidos —en no pocos centros recreativos y unidades gastronómicas— que solo responden a las preferencias de algunos.

Lo cierto es que a veces somos partícipes impasibles —por solo poner algunos ejemplos— de actividades que pretenden ser culturales y lo que exponen son el reflejo de la vulgaridad, la chabacanería y el mal gusto en los propios centros educativos; instituciones culturales donde no se corresponde la programación con el horario, ni los clientes que las visitan, y lugares públicos en los cuales se reproducen productos que exaltan la violencia y patrones culturales foráneos y degradantes; todo ello sin que se concreten soluciones para acabar de definir, divulgar y hacer cumplir la política cultural destinada a esos espacios.

Algunos días atrás estos reporteros lograron obtener declaraciones de la población sobre una situación similar acontecida en la Plaza Carlos III de la capital en plena tarde veraniega. Alarmado, un lector alertó a este diario a partir de su inconformidad por la proyección, en la pantalla principal de dicho centro comercial, de videos de Ultimate Fighting Championship, más conocido por sus siglas UFC.

Se trata de un deporte de combate cuerpo a cuerpo de extrema violencia, alejado de los principios que promueve el Comité Olímpico Internacional. La totalidad de los entrevistados testigos de la proyección del audiovisual, se mostraron en desacuerdo por su exhibición en ese horario y lugar.

El venezolano Tony Portilla, de visita con su esposa en nuestro país, comentó la agresividad característica de esas peleas. “Con­tie­nen escenas muy fuertes y aquí hay muchos niños. El eslogan de este lugar es ‘La Casa de la Familia Cubana’, y nos llama la atención que se promuevan unas imágenes que no son coherentes con ese discurso”.

Uno de los taxistas habituales en la Plaza Carlos III consideró que, aunque se trataba de un compendio climático de los momentos de la UFC, los cuales observaba por primera vez en el Centro Comercial, no es apropiado dados el lugar, el público, y la hora (4:00 p.m.). “Las imágenes pueden contribuir al fomento de patrones negativos y violentos, incluso si hay personas adultas que siguen la práctica de los duelos”.

Mariela Villa se encontraba con su pequeño de ocho años disfrutando de los equipos electrónicos de la Plaza —ubicados justo frente a la pantalla— y describió con asombro el contenido de violencia de los mismos. “Se supone que los niños acuden aquí para divertirse. Pienso que la dirección de la Plaza Carlos III debería revisar lo que muestra en sus pantallas, sobre todo por la afluencia de familias enteras en este horario”.

Estas opiniones y otras tantas expuestas por diversos entrevistados sirven para revelar el disgusto entre los clientes ante tan desacertado episodio.
Durante la visita se intentó conocer cómo se determina la programación audiovisual de la Plaza y bajo qué principios, quién o quiénes se encargan de proyectar los contenidos, entre otras cuestiones que no lograron ser respondidas por los encargados del centro a esa hora.

Sin embargo, lo importante es que la Plaza Carlos III es solo un ejemplo de hechos que, como se demuestra cada viernes en las páginas de la sección Cartas a la Dirección, marcan ya la cotidianidad en disímiles espacios públicos, como consecuencia de la indiferencia ante manifestaciones de este tipo, de ser cómplices y dejar pasar la oportunidad para la queja oportuna y la crítica bien argumentada.

Una presencia silenciosa, ser espectadores y no protagonistas en la construcción de la sociedad, puede ser tan dañino como la falta de una “estrategia de país” —sin pretender minimizarla— encaminada a enfrentar estos fenómenos.

Por otro lado, la improvisación en la promoción de determinadas expresiones sin tener en cuenta los gustos de la población cubana es también el caldo de cultivo por el cual se termina apelando casi siempre a la imposición de modas y preferencias, en detrimento de la variedad y calidad en la programación de los centros recreativos y culturales, a causa de los insuficientes estudios realizados sobre los mismos, o en todo caso, su exigua divulgación.

La verdad científica, a la que se accede con la aplicación de métodos y técnicas probadas, en este caso, los estudios de audiencias y recepción de contenidos, debe ser hallada por los investigadores y utilizada para este fin.

No podemos olvidar tampoco el papel de la enseñanza en la formación de los gustos. En un mundo inundado por lo banal y lo mediocre, donde imperan los mensajes que enaltecen la violencia, el amor por el dinero, la discriminación, el racismo, el camino no puede ser otro que formar ciudadanos críticos frente a ese consumo, y el papel del maestro en esa batalla del terreno ideológico y cultural, es de suma importancia.

¿Pero cómo hacerlo si antes nadie lo enseñó a él a discernir? ¿Cómo poner al maestro en el epicentro de estas discusiones si carece de las herramientas necesarias?
Son preguntas sobre las que bien cabría reflexionar, porque no bastará solo con brindarles cursos emergentes y bibliotecas digitales inundadas de contenidos, si no somos capaces de integrar en ese empeño a todos los responsables, entre los cuales se encuentran también, los medios de comunicación y la comunidad.

El deterioro de los valores y las normas cívicas —efecto no solo de carencias materiales, sino también espirituales— han terminado afectando el respeto hacia los espacios públicos; en el entendimiento de que existe un límite para subir el volumen a la música; de que un centro recreativo infantil es precisamente eso y no la discoteca del barrio; y de que, —como suelen enseñarnos de niños— hay un sitio para cada cosa, y cada cosa debe estar en su lugar.

Por tanto se requiere la anuencia de las instituciones, organismos, ministerios, gobiernos locales… para la adopción consensuada de medidas urgentes sobre este tema. Porque tampoco bastará solo con la participación social, sin una adecuada gestión de gobierno que conduzca al éxito.

El respeto al derecho ajeno es la paz, diría Benito Juárez. Resulta imposible regular el consumo individual, pues cada uno es responsable de aquello que ve y permite ver a sus hijos en el hogar; sin embargo, en ese sitio donde confluimos todos: niños, adolescentes, jóvenes y adultos, se tiene que luchar por la defensa de las tradiciones, principios e idiosincrasia del cubano, así como lo mejor de la cultura cubana y universal.

Las soluciones a este asunto, de vital im­portancia para el país y a tono con los planteamientos del máximo órgano legislativo cubano, están estrechamente vinculadas al conocimiento y aplicación coherente de la política cultural para los espacios públicos, pero también a la integración de estos factores.

La guerra cultural está echada, y las armas para enfrentarla solo están en nosotros mismos. Pongamos en un altar nuestros valores, la utilidad de la virtud, la dignidad humana; y velemos por restaurar el tejido cultural de la nación. Está en juego la formación de las presentes y futuras generaciones de cubanos.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.

Jorge Mederos dijo:

6

13 de agosto de 2015

08:26:18


Muy buen artículo, es una pena que haya tanta vulgaridad en la sociedad cubana en estos dias, sobre todo la juventud. Yo tengo 26 años y reconozco que la chabacanería y la mala educación no solo está en la juventud , sino que se ha ido entremetiendo aun en los adultos, en los padres de esos niños que quizá también estaban en la plaza. Es como una epidemia que se nos ha colado en la sociedad cubana y hay que ver como podemos combatir. Hay muchas influencias que hacen que esto esté en los niveles que hoy vemos una de ellas es la música de "hoy". La letra de las canciones que se escuchan en todo lugar en Cuba da pena. Las malas palabras que nos enseñaron a no repetir en casa, estos "artistas si es que se le puede llamar así, las pronuncian como si fueran palabras de cortesía y educación, y los padres que parece que en estos tiempos son más ingenuos que los hijos le permiten o le ayudan a que aun niños pequeños escuchen semejantes barbaridades. canciones que en otros tiempos sería plenamente censuradas de ser escuchadas en espacios públicos hoy son el murmullo de cada lugar, omnibuso plaza que visitamos. Martín Lutero dijo: Yo no puedo evitar que los pájaros vuelen sobre mi cabeza, pero si que hagan nido en ella. No podemos evitar que esas canciones se compongan y que se graben y que la gente las escuche de forma privada, pero si podemos evitar que en lugares públicos donde hay gente que de seguro no quiere escuchar tales vulgaridades se pongan. Lo cierto es que hay que hacer algo, tenemos un país hermoso, una sociedad con potencial, y unas familias que tenemos que cuidar y nadie va a venir a hacaerlo por nosotros. Saludos. Dios los bendiga

Joc dijo:

7

13 de agosto de 2015

09:40:33


Coincido plenamente con el artículo. Mi familia y yo hemos desistido de ir a Carlos III, lugar que en un inicio era de total esparcimiento para nosotros, en especial para mis dos hijas pequeñas. Carlos III se ha vuelto una selva donde imperan gritos y malas palabras... gritos porque los decibeles de la música puesta por los altos parlantes es ensordecedora, que por demás es regueton del malo en muchas ocasiones... y ni hablar del ambiente exterior, (revendedores de todo tipo, maleantes, borrachos).

Kgbramirez dijo:

8

13 de agosto de 2015

09:59:00


Chabacaneria,violencia,mal gusto,groserias estan a la orden del dia para la juventud en particular y la sociedad en general,la Television especialmente por su alcance debe cuidar la programacion o que decir de los animados de ficcion los cuales con 50 años ni entiendo ....son pura violencia y pesimo gusto,otra la calidad de actuacion en lo que se exhibe con honrosas excepciones de actores y actrices con experiencia en los medios te quitan el minimo deseo de ver los programas y tienes que acudir a lo externo en la misma television .PORQUE??????, Necesitamos ver ARTE,ACTUACION .estamos en momentos cruciales doonde debemos continuar formando amor a nuestras raices y cultura ,donde estan lo criticos???y demas que tienen que ver con esto??.

jose luis dijo:

9

13 de agosto de 2015

10:38:18


Qué decir de opiniones semiacadémicas y superficiales que se manejan con la mayor alegría en este escrito de presa. Librar la pelea en el ring de la cultura no pasa de ser un ataque desproporcionado y de mal gusto. No es el único y temo que no sea el último de una serie de artículos y reportajes que vemos a diario en nuestros espacios informativos desarticulandos las formas culturales que coexisten junto con la las llamadas formas cultas y populares en nuestro país. Señores periodistas, la cultura de la agresión, la violencia y la chavacanería están condenadas en la mayoría de de los medios y espacios del mundo moderno pero lo que no es corecto es atribuirle a la proyección de algunas imágenes de UFC en una de tiendas, la contribución al fomento de patrones negativos y violentos. En casos como esto tendríamos que recordarles a los amigos periodistas que las películas que a diario se ruedan en nuestras pantallas asó como los policiacos modernos tienen más disis de vilencia que el UFC. Que la televisión en un medio de millones de televidentes y los productos audiovisuales de la plaza Carlos III son incomparablemente más modestos en cuanto a la audiencia. Que incluso persona adultas siguen la práctica de los duelos, cómo no lo van a seguir si está puesto en función de que los que visiten el centro consuman el producto, y no creo que acto seguido a ver las peleas cogan al amigo y lo tiren del segundo piso de carlos III o le den con una silla por la cabeza. La gente lo ve porque les gusta y al ser un espacio donde los clientes asisten una o dos veces al mes, no creo que el impacto mediatico sea tan agresivo. En honor a la justicia, para prohibir esto en referencia a que no es un deporte reconocido por el COI, primero, muchos deportes no son reconocidos por el COI, no solo el UFC, incluso el ajedrez que de violento y chavacano no tiene nada no pertenece al COI, segundo , amigos periodistas desde pequeños gritamos en Cuba y nos emocionamos muchísimo con la peleas formidables de Savón, de Romero, de las niñas del profesor Veitía en el Judo, de las recientes medallas de oro en los panamericanos donde una de nuestras atletas consiguió el oro en los segundos finales con patadas en giro espectaculares, y no precisamente dando abrazos no caricias a nadie. En honor a la justicia si matamos esta opción en estos pequeños espacios porque pueden promover la violencia qué van a hacer con la violencia de los grandes medios?. Otra cosa la cultura no solo es Mozart, cuidado con las confusiones y los falsos escapes de intelectualismos primitivo. Hay más cultura en la sonriza de un niño que en toda la obra de Picasso. En la mirada triste de un anciano, en un pitén en la cuatro esquina, en una madre que lleva a su niño a la escuela que en toda Balla Artes. La cultura lo que debe es estar en todas las plazas no puede ser homogenea, monótona, oficialista, inocente, aburrida, repetitiva. Existen las grandes industrias pero en los pequeños espacios podemos hacer cultura y también recreación, ensayos de cultura y hasta mala cultura, no todos los intentos y las opciones son las mejores pero hasta el teatro mediocre y el cine mediocre tiene espacio en este mundo y siempre verán que a la sala de cine asistirán uno cientos de espectadore sque salen complacidos porque fueron a ver cosas divertidas que para ellos es lo mejor del mundo. Hau otros que esperarán cada dos años el festival de ballet, otros como yo la feria del libro , otros como mi cuñado para pedir vacaciones y no perderse el festival de cine, así es la cultura se compone de muchas partes, de lo bueno de los malo de lo regular. He visto tremendos libros muy buenos y otras vanalidades como una furia tremenda con las imágenes de los futbolistas, las que se venden en todos los formatos pero había más colas de adolescentes para comprar estos últimos que para comprar libros sencillamente porque se satisfacen teniendo a sus ídolo comprando sus afiches o mochilitas con las banderas de sus clubes favoritos. Condenar estas manifestaciones culturales es un error y un crimen. Creo que hay espacio para todos. Lo que necesitamos es sentido común, porque no nos vamos a poner a promocionar la pronografía, ni la droga. La libertad sin libertinaje. Es un tema infinito, no creo que alguien pueda tener toda la verdad. Solo decir una última cosa la televisión de por sí no es cultura, hay otras manifestaciones del arte, sueño con que un día los artístas y los deportistas del barrio salgan a los parques de sus pueblos y los pintores hagan talleres , los musicos su música, la danza su arte, los deportitas compecias o gimnasios al aire libre los fines de semana. Así se le gana la guerra a la poca cultura que se está consumiendo por los cubanos y no matando los espacios. La cultura se gana con cultura al alcance de todos no en un ring noqueando a los pequeños espacios alternativos.

esuri dijo:

10

13 de agosto de 2015

10:59:15


En el último párrafo estimado periodista Ud escribe " La guerra cultural está echada, y las armas para enfrentarla solo están en nosotros mismos. Pongamos en un altar nuestros valores, la utilidad de la virtud, la dignidad humana; y velemos por restaurar el tejido cultural de la nación. Está en juego la formación de las presentes y futuras generaciones de cubanos". Cuando Ud dice "están en nosostros mismos" ese nosotros son los mismos que eligen la mala y inadecuada música para un espectáculo infantil, pienso que las actividaes públicas deben estar concebidas por funcionarios , principalmente de la cultura de cada municipio, con dominio estético de lo que se quiere lograr y no dejarlo a la espontaneidad de personas que educados en los principios de la chavacanería lo que van a reproducir es chavacanería; de elementos vulgares que lo que van a trasmitir a nuestros niños y jóvenes es vulagridad. Creo que las autoridades culturales deben imponerse. Lei hace poco, no recuerdo en que lugar, que un administrador de un centro recreativo expulsó del centro a unos "musiqueros" que comenzaron a reproducir algo no acorde con el lugar. Administradores como esos, con sentido del respeto y no de la coemercializacion son los que hacen falta. Por otro lado he venido observando la falta de creatividda en los slogan que se utilizan. Desde pequeño he venido escuchando que Radio Progreso es la Emisora de la Familia Cubana, despeus sin originalidad y copiando, el canal 6 de la TV se anuncia como el Canal de la Familia Cubana y ahora resulta que la Plaza Carlos III se autotitula La Casa de la Familia Cubana. !Hasta cuando sean originales! Si seguimos asi dentro de poco anunciaremos al mundo "Visite Cuba y disfrute del Malecón de la Familia Cubana"