Ciego de Ávila.—Claro que todo el mundo desearía ver a la entidad produciendo más, con mayor estabilidad, más variedad tanto en frutas y vegetales como en formas o variantes de conservación y, sobre todo, que esos mismos productos tengan precios más asequibles a las honradas posibilidades que le traza el salario a un sector afortunadamente mayoritario de la población.
Pero casi nada de lo dicho depende directa o absolutamente de quienes dirigen y hacen producir las máquinas de la fábrica de conservas ubicada en Florencia: entidad que sigue desafiando calendarios, aun cuando su alumbramiento se remonta a la década de 1940, según expresa Javier García Martínez, jefe de producción.
“La llamada zafra del tomate —explica— es fundamental para nosotros; preparamos puré al 12 %, vitanuova, salsa para pizzas, tomate triturado..., pero no es lo único que hacemos. A la par de esa campaña, y durante todo el año, conservamos diversos vegetales, así como también frutas en forma de trozos, mermeladas y cascos, a partir de frutabomba, mango, guayaba...”.
En esta legendaria instalación, la provincia de Ciego de Ávila tiene, por un lado sensata alternativa para evitar que se echen a perder determinados volúmenes de materia prima y, por otro, la posibilidad de asegurar todo el tiempo productos enlatados, por medio de una adecuada conservación.
Limitaciones materiales, financieras y de orden subjetivo no han permitido rejuvenecer al menos un poco las veteranas articulaciones de una industria así, de comprobado alcance económico y social, en cuyo proceso productivo intervienen cerca de un centenar de trabajadores.
Puede suceder que, de repente, la materia prima esté por debajo del “apetito” productivo de la entidad, que aflore el decisivo problema de los envases, que la necesidad de cumplir con el programa energético comprima el proceso o que surja una inesperada avería, pero lo que habitualmente no falta es el talento creador e innovador de algún trabajador, especialista o directivo para resolver situaciones que el primer interesado en solucionar es el mismo colectivo.
Dificultades e insatisfacciones, en fin, brotan en cualquier momento, pero como afirma Javier, “la gente sigue ahí, día tras día, año por año, aferrada a ese ímpetu que ha permitido procesar y conservar desde la gustosa guayaba hasta el criollísimo tamal de maíz (atractiva exclusividad), para aprovecharlo todo, no desperdiciar nada y evitarle a Cuba aquellas importaciones de jugos, dulces, mermeladas, vegetales encurtidos y otros productos que alguna vez vinieron, en cantidades sorprendentes, de latitudes extratropicales, pudiendo ser perfectamente producidos y envasados dentro del país. (Tomado de Invasor digital)













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Antonio Vera Blanco dijo:
1
30 de julio de 2015
11:02:25
Rné dijo:
2
30 de julio de 2015
15:19:29
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