ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

A 52 kilómetros aproximadamente de La Habana, en la provincia de Mayabeque, se encuentra ubicada una de las fábricas que produce el ron más emblemático de Cuba y uno de los más gustados en el mundo de las bebidas espirituosas premium: el Havana Club.

Esta bebida ha trascendido las fronteras de la nación caribeña debido, fundamentalmente, a su proceso de añejamiento natural en barriles de roble blanco sin esencias ni artificios; y al empeño y conocimiento de los maestros roneros cubanos, que mantienen viva una tradición centenaria.

Los orígenes de la empresa que promueve este producto de excelencia, Havana Club Internacional S.A., se remontan al año 1993, cuando el 22 de noviembre se unieron la corporación Cuba Ron y el grupo francés Pernod Ricard, en presencia del líder de la Revolución Fidel Castro.

La conquista que posteriormente alcanzó el producto a nivel internacional no solo fue el resultado de una exitosa estrategia económica, pues a ella se integró la cultura de la Isla refrendada en la imagen de La Giraldilla como un ingrediente esencial de la identidad de la marca.

Al cierre de 2013, Havana Club Internacional ya era una empresa diversificada que, además de su satisfactoria misión exportadora, distribuye en el territorio nacional los rones que llevan su nombre y los productos del grupo Pernod Ricard que se venden en Cuba, con volúmenes de venta que ya alcanzan las 4 millones de cajas de 9 litros.

Para enero del 2015 esta empresa prevé lanzar un nuevo producto en el mercado de China; se trata de Unión, cuyo primer lote de 700 botellas ya fue enviado hacia el gigante asiático.

Con tan solo 514 empleados Havana Club International logra satisfacer los más exigentes requisitos del mercado mediante una combinación perfecta de tradición y tecnología.

LA CASA NUEVA DEL RON DE SIEMPRE

Bajo el principio fundamental de mantener la tradición ronera cubana, fue inaugurada el 9 de enero de 2007 la fábrica de San José.

La instalación cuenta con una destilería, una planta de llenado y vaciado de barriles, seis naves de añejamiento, una planta de fabricación de rones y dos líneas de embotellado: una standard y una para los productos especiales ultra Premium.

En la actualidad dicha ronera es la más moderna y la más protegida entre las 80 plantas del grupo francés Pernod Ricard. André Leymat, director industrial de Havana Club International S.A., no duda en reconocerlo.

Su presencia al frente de la productora exclusiva de la gama oscura del mundialmente famoso Havana Club obedece a razones puramente profesionales:

“Después de 11 años aquí con mi familia me siento un poco más cubano que francés. Yo llegué para construir la ronera y hacer un maridaje entre la tecnología y el know how cubano, respetando todas las normas internacionales de seguridad y protección, y poniendo la tecnología al servicio del know how y no al revés”.

En términos de seguridad y protección, de servicios y de sistemas – afirma Leymat- hemos logrado un nivel de cinco estrellas.

Ahora estamos escuchando más lo que quieren los consumidores – asegura – “La manera de percibir el ron puede cambiar. Actualmente hay una tendencia a rones más suaves y nosotros trabajamos para adaptarnos sin modificar nuestro know how.”

Raicel García Moré, jefe de turno productivo de la planta de embotellado, en apenas un año de trabajo se siente totalmente identificado con la institución.

Cuando entré a esta fábrica lo que me motivó era la organización y el ritmo de trabajo- admite el joven de 27 años de edad-. “Ya llevo un año y todo eso se mantiene con la intención de continuar mejorando y de que el trabajador se sienta cada día mejor.”

En los próximos dos años, está previsto un plan de inversiones para ampliar las instalaciones de la fábrica con la construcción de nuevas naves, lo que permitirá incrementar su capacidad productiva, garantizar las entregas a los clientes y desarrollar nuevos productos.

Según, Ernesto Castrezana Torres, director de operaciones, lo importante es que aun cuando se moderniza el modo de controlar el proceso, la forma de hacer el ron cubano en su esencia es igual.

La manera en que se hacía el ron hace 150 años y que empezó por Santiago de Cuba, es la misma en que se hace hoy. Obviamente hoy existe un nivel de automatización y de equipamiento superior, explicó el directivo.

“La tradición es lo que se ha respetado, pues esa es nuestra mayor fortaleza, que nos defiende de aquellos que producen rones en otros lugares del mundo y dicen que es ron cubano. Por eso nosotros decimos que nuestra fábrica de San José es la casa nueva del ron de siempre.”

LOS MAESTROS RONEROS CUBANOS MARCAN LA DIFERENCIA

Para el maestro ronero Manuel Calderón Echevarría, graduado en Ingeniería de los Alimentos y encargado del área de fabricación y embotellamiento de la industria, la función de estos expertos es preservar la calidad y la historia de los rones. Ellos se enfrascan en mantener su tipicidad con bases de aguardiantes diseñados para cada marca, siempre obedientes de las tradiciones y la cultura.

“Cuba no tiene escuela de formación de esos especialistas. Creamos un grupo a partir de la fundación de la empresa Cuba Ron, con el objetivo de rescatar una tradición histórica de más de 100 años. Nuestro propósito era insertarnos con un producto genérico para consolidar mercados en espacios conquistados por los whiskys, brandys y vinos.”

En la década de los años 90, la dirección de Cuba-Ron reunió a varias personas conocedoras de bebidas, vinculadas al Ministerio de la Industria Alimenticia para crear un movimiento de catadores.

“Desde nuestro nacimiento el intercambio es una premisa, porque nos transmitimos conocimientos constantemente. No hay rivalidad, ni competencia y el principal propósito es lograr mayores avances. Tenemos continuidad en un grupo de jóvenes que los incorporamos a nuestras reuniones y eventos, aunque no estén nombrados. Se mantienen como aspirantes, incluidas mujeres”, explicó Manuel Calderón Echevarría.

Entre los requisitos principales se encuentran dominar sabores, olores y colores. Se hacen pruebas determinadas y según las respuestas de los individuos se incluyen en una clasificación de dulce, amargo y ácido, que se van modelando con el tiempo. Este grupo debe ser capaz de buscar mezclas y alcoholes genéricos.

En el Ministerio de la Industria Alimenticia y en el grupo Azcuba existen normas medidoras desde hace muchos años, no sólo para regir las normas de los maestros roneros sino para lograr equilibrios en las producciones.

Ninguna bebida, ni cerveza, ni vino, sale al mercado sin que una comisión de evaluación sensorial dictamine su autenticidad. Entre los maestros roneros prima el intercambio, no sólo se dedican a degustar productos, también aportan sus conocimientos al proceso productivo, desde sus diferentes profesiones y ocupaciones.

“Hay ingenieros químicos, licenciados en farmacia, químicos, doctores en ciencias, másters, ingenieros agrónomos, lo cual da una heterogeneidad en el grupo. Debemos conocer de maderas para el envasado en toneles, de plantas y alcoholes para sugerir productos a través de las mezclas, atendemos actividades propias del proceso productivo y desarrollamos diferentes habilidades.

“Nuestros rones parten de la destilación de alcohol y el añejamiento en toneles de madera que procesaron whisky, almacenados a una temperatura y humedad ambiental, lo cual genera un tipo de bebida única en el mundo.”

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