ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Los amantes del turismo de Naturaleza disponen de un bello centro para el descanso tras las jornadas de marcha. Foto: del autor

CAMAGÜEY.— Esta provincia tiene sitios únicos por sus valores florísticos, faunísticos, geológicos, geomorfológicos e histórico-culturales, como la Reserva Ecológica Limones-Tuabaquey.

Ubicada en el sector centro-oriental de la Sierra de Cubitas, el área protegida bajo administración de la Empresa Nacional para la Protección de la Flora y la Fauna acoge diariamente a decenas de excursionistas atraídos por el grado de conservación de la zona, su biodiversidad y endemismo.

Conocer de cerca tales atributos y alejarse temporalmente del bullicio y el estrés de la ciudad, fue lo que motivó a Gretel Segura Delgado y a Danny Sariol Ramos a formar parte de uno de los grupos que decidió, como forma de veraneo, penetrar por los senderos de la reserva para descubrir sus encantos y enigmas.

“Venir aquí es ya como un hobby para mí”, asegura Danny, a quien desde la época de sus años de estudiante de ingeniería eléctrica le fascina retornar una y otra vez al lugar por la tranquilidad y frescura del ambiente, bastante preservado gracias al empeño y la perseverancia de sus 57 trabajadores.

“Esta es mi primera experiencia y me he sentido de maravilla. Todo es muy bonito e interesante. Hasta pude ver de cerca varios tocororos que solo conocía por libros y décimas, como dice en una de sus canciones el dúo Buena Fe”, agrega Gretel, alumna de cuarto año de Licenciatura en Contabilidad.

RAÍCES “BLINDADAS” PARA UN BOSQUE ETERNO

La Reserva Ecológica Limones-Tuabaquey abarca un área de casi 20 kilómetros cuadrados, de ellos el 90 % cubierto de bosques, con la peculiaridad de que son los únicos de su tipo en Cuba en que los árboles crecen sobre rocas: las raíces penetran por sus grietas para buscar la humedad y los nutrientes que necesitan.

Apenas se adentra en el tema, Jorge Aguilar Pérez, director de la unidad, no demora en ganar adeptos en pos de la protección y la conservación de la Naturaleza: “Todo lo que hay aquí, alerta a los visitantes, no puede alterarse por ningún motivo. Cualquiera de esas plantas tiene que estar ahí de por vida”.

Se trata del proyecto de preservación, a través del manejo especializado del hombre, de más de 700 especies vegetales, entre las que sobresalen por su importancia maderas preciosas como el cedro, la caoba, la baría y el ébano, las que estuvieron a punto de desaparecer por la tala indiscriminada.

Según confirman los datos históricos, hace más de 70 años no ocurre en la zona ningún incendio forestal, gracias al rigor con que se ponen en práctica las medidas contra ese tipo de siniestros, de ahí la recuperación que ha podido tener el ecosistema para parecerse bastante a su forma original.

“Esto es muy importante, enfatiza el investigador, porque al sur está la llanura de Lesca, que prácticamente se quema todos los años y es un problema para nosotros cuando los vientos cambian desde esa dirección, pues tenemos que evitar por todos los medios que la candela vaya a la sierra”.

Con ello se defiende también la vida de de­cenas de especies de aves, algunas altamente amenazadas de desaparecer co­mo la cotorra, el catey, el gavilán colilargo y la pa­lo­ma perdiz, cuyas poblaciones aumentan gra­dual­mente aunque todavía de manera discreta.

“En el periodo de octubre a marzo, explica Jorge Aguilar, migran además 27 especies de aves que vienen del sur de la Florida y de Bahamas a pasar el invierno aquí y es nuestra responsabilidad protegerlas y que retornen luego a su lugar de origen sin ningún tipo de problema”.

Otro de los proyectos atiende las casi extinguidas poblaciones de jutía conga y majá de Santa María, dos endémicos cubanos que fueron objeto de una depredación casi masiva en años anteriores y hoy comienza a verse su recuperación en algunos sectores donde están ubicados y protegidos.

“El programa, comenta el director de la reserva, trata de rehabilitar estas poblaciones fomentándoles la alimentación en las áreas donde comen y la protección estricta para evitar la cacería. Solo del majá de Santa María se han podido monitorear alrededor de una decena de individuos, una cifra bastante baja”.

SE HACE CAMINO AL ANDAR

Guiado por el joven Raciel Poll Soria, el heterogéneo grupo de excursionistas (familias enteras, parejas de novios, ancianos y niños) se adentra bien temprano por una de las rutas trazadas dentro del bosque para disfrutar y aprender a cuidar las muchas maravillas que atesora bajo un manto de envidiable sosiego.

Uno de estos sitios únicos no demora en aparecer: la cueva María Teresa, que al igual que otras cavernas de la zona, como Las Mercedes, Pichardo y Matías, cuenta en sus paredes con pictografías aborígenes, un valioso testimonio de la presencia en el lugar de los primeros pobladores cubanos.

Tras el descenso a la gruta para apreciar los peculiares dibujos rupestres, el ritmo de la marcha se interrumpe una y otra vez para contemplar entre el follaje, y tratar de fotografiar a duras penas, bellos ejemplares de Tocororo y Cartacuba, dos joyas multicolores de la ornitología cubana.

Así, casi sin percatarse, llegan los amantes del ecoturismo al llamado Paso de los Pa­redones, el más hermoso de los múltiples desfiladeros que cortan la Sierra de Cubitas, trastocándolo en singular camino flanqueado por imponentes paredes de rocas de origen cársico de hasta 40 metros de altura.

De asombro en asombro ante tan deslumbrante paisaje, los caminantes encuentran a la vera de la ruta una tarja que recuerda la fecha del 23-24 de febrero de 1869, cuando un grupo reducido de mambises, al frente del general Ma­­nuel de Quesada y Loynaz, rechazó allí el paso de una gran columna de fuerzas españolas.

Y como toda buena oferta, lo mejor de la excursión quedó para el final: la visita al famoso Hoyo de Bonet, enorme depresión de unos 300 metros de diámetro y 90 de profundidad, única de su tipo en Cuba, mientras en el área del Caribe solo tiene en Puerto Rico un “hermano” similar.

El sitio, con categoría de Reserva Natural, posee mayor humedad y menor temperatura que el resto de la sierra, lo que ha dado origen a una microflora autóctona donde abundan helechos arborescentes gigantes, líquenes y musgos, además de especies de la fauna adaptadas a esas singulares condiciones ambientales.

Uno de los lugares que más atrae la atención de los excursionistas es el famoso Paso de los Paredones. Foto: / Foto del autor

EL DERECHO A DISFRUTAR DE LA NATURALEZA

Como sostiene el director de la Reserva Ecológica, tales excursiones, en las que las personas aprenden a interpretar y proteger la Naturaleza, forman parte de uno de los programas más importantes, el de educación ambiental, que es, en realidad, el que contribuye a preservarlo todo.

Pero va más allá: está dirigido en primera instancia a los niños y jóvenes de las comunidades aledañas, a quienes se les enseña cómo cuidar el entorno, que es como decir el patio de sus propias viviendas, del que depende el sustento familiar, pues buena parte de sus habitantes son trabajadores del área protegida.

“Los niños, insiste Jorge Aguilar, son nuestra prioridad. Ellos tienen el derecho de poder disfrutar lo que sus padres y abuelos conocieron. Y si pensamos en los hijos de estos niños, tienen también el mismo derecho de poder venir a estos parajes y ver las bellezas naturales que tiene Cuba”.

Esa es también la convicción, dicha con palabras más simples, de la pequeña Camila González Ávalos: “Todos los niños debían pasar por aquí junto a sus familias. Cami­namos, sudamos, nos cansamos, pero vemos cosas bonitas y aprendemos mucho también”.

Su abuela, Nancy Acevedo Catá, profesora jubilada de la Universidad de Camagüey, escogió esta forma de veranear porque “la na­turaleza me encanta y mucho antes de que esto fuera reserva ecológica acostumbré a mis hijas a venir aquí. Cada vez que tengo la posibilidad, agarro la mochila y para Limones-Tuabaquey”.

“Si caminara esta distancia en otros lugares, asegura Nancy sin detener la marcha, me resultaría aburrido; sin embargo, aquí todo es agradable: la vegetación, la temperatura, el aire puro,  los sitios únicos a visitar, la atención de los trabajadores… Esto, en fin, me hace revivir”.

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kennya dijo:

1

26 de agosto de 2014

08:44:51


Hola Miguel, compartí la excursión contigo, soy del grupo que acampó en las casas de campaña, y en realidad me encantó el lugar, una fauna maravillosa, bajar a la cueva Matia fue impresionante, así como al resto de ellas, además, quiero agradecer a los guías y demás trabajadores por el buen trato y servicio brindado, realmente nos sentimos como en casa. Saludos

kennya dijo:

2

26 de agosto de 2014

08:48:27


Miguel quiero saludar a Camila y familia, su mama fue mi profesora en la Universidad, y si, comparto contigo la idea de llevar a los muchachos a conocer el lugar, a formar parte y aprender a cuidar la naturaleza, me parece muy bueno . Saludos

Antonio Vera Blanco dijo:

3

26 de agosto de 2014

09:52:49


Sería muy bueno que se divulgaran el cómo transmiten a los visitantes el conocimiento de la gestión ambiental que desarrollan y que de ello pueden también desarrollar, el turista, en sus casas. No hablo de criar o plantar sino de acciones de gestión de residuos, etc.