
LAS TUNAS.— Hace unos días, mientras circulaba por la carretera que une a esta cabecera provincial con la norteña ciudad de Puerto Padre, volví a presenciar una de esas escenas que estremecen, aterran y difícilmente el tiempo borre de la memoria: sobre el pavimento yacía el cuerpo inmóvil, ensangrentado y semicubierto de un hombre, anciano al parecer.
Evidentemente, otro accidente del tránsito que cobra vidas de forma innecesaria. Un nuevo hogar donde el brillo de la alegría se ensombrece y da paso a la palidez inconsolable del dolor. Un conductor más que cargará por siempre en su conciencia el peso de la responsabilidad, aun cuando no haya sido el culpable directo del fatal suceso.
En días pasados, un hecho similar consternó también a cientos de personas, allá en las afueras de Jatibonico, como consecuencia de la colisión entre un tractor y un ómnibus Yutong, procedente de Santiago de Cuba.
Diariamente la violación de la Ley 109 Código de Seguridad Vial, la imprudencia, el descuido, la ingestión de bebidas alcohólicas y otros absurdos suman nuevos accidentes en toda Cuba y restan vidas humanas, dejan insuperables secuelas físicas y psíquicas, destruyen valiosos medios de transporte, afectan la economía…
A pesar de lo mucho que se ha reiterado por los medios de difusión masiva la necesidad de ser prudentes, todavía hay peatones, ciclistas, motoristas, carretoneros, tractoristas y conductores de los más diversos vehículos que no escarmientan por consejo ni cabeza ajenos.
Ningún día del año, ningún mes en específico, merece estar marcado por ese flagelo indeseado; mucho menos estas jornadas de verano, donde asueto, descanso, distracción, esparcimiento y alegría debieran marcar la pauta cotidiana de quienes estudian, trabajan, aportan y defienden el derecho a todos los derechos… en especial el derecho a la vida.


















COMENTAR
modesto dijo:
21
22 de julio de 2014
20:17:59
Pastor dijo:
22
22 de julio de 2014
20:43:07
Pastor dijo:
23
22 de julio de 2014
20:45:53
Responder comentario