ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Reyna ha sabido convertirse en todo un símbolo de la Pizzería Fon­tana Di Trevi. Foto: del autor

SANTIAGO DE CUBA.— Pizzería insigne de Santiago de Cuba en los 50 años que el próximo 26 de julio cumplirá, Fontana Di Trevi ha cambiado decenas de veces de colores, decoración, del mobiliario y hasta el colectivo, excepto un rostro que desde el primer día acude cotidianamente allí a la cita con su gran amor.

Nacida hace 75 años en el místico Yara de Baracoa, Reyna Lobaina Rodríguez admite sin sonrojos tal complicidad, "pues ya que la vida me privó de mi madre, de dos hermanas, de mi esposo de 38 años de unión, y de la posibilidad de tener hijos, este centro se ha convertido en el sentido de mi existencia".

Ni la edad, ni la aparente fragilidad de su cuerpo, han podido disminuir el conocimiento, las habilidades y el trato afable, que al distinguirla como excepcional dependiente del salón ubicado en la popular calle Enramadas, hacen que asiduos visitantes se disputen las mesas bajo su atención.

"Comencé a trabajar a los 14 años, en una cafetería de los americanos dueños de las plantas de Níquel de Moa, y luego en otras de Baracoa, hasta que al triunfo de la Revolución vine a vivir con mi hermana Lidia y su esposo Eduardo a esta ciudad, donde antes laboré en los moteles Versalles y Rancho Club", confiesa.

"En todos los lugares aprendí lo mejor de la técnica de esta profesión, y sobre todas las cosas aprendí a amarla, a valorar su importancia en nuestra sociedad, a cumplir disciplinadamente mis deberes, respetar al compañero de trabajo y al cliente por igual, así como a cuidar los recursos puestos en mis manos".

Distinciones, certificados, bonos por decenas, avalan la digna trayectoria de la fundadora de la FMC a lo largo de estos años, en que también supo cortar caña hasta completar la norma a medianoche, participaba en recogidas de café y, en otras muchas tareas.

Constituye un privilegio para Granma que Reyna accediera a confirmar anécdotas difíciles de imaginar en esta menuda mujer, de impecable uniforme, pelo recogido e inseparable pañuelo al cuello.

"Solo dejé que me filmaran en una ocasión, pues para mí era algo normal cargar en mi bandeja circular 20 platos de pollo en forma de caravana, o acomodar 30 platos de pizzas y otros pedidos. Pero lo que más disfrutaba la gente era verme atravesar el salón llevando 30 botellas de cerveza o 48 de aquellas botellitas de refresco Son".

Se dice que ha conocido a muchas personas que al volver 10 ó 15 años después se asombran al encontrarla aún en activo, a personalidades del arte, deportistas y dirigentes, pero lo que más recuerda con sumo agrado es la visita del Comandante Ernesto Che Guevara, meses después de la inauguración del centro.

"El Che siempre fue muy querido y admirado por nuestro pueblo, de ahí que cuando entró esto se revolvió. Llegó hasta la cocina a conversar con el maestro cocinero Raúl Rigores, nos saludó a todos y luego ocupó con otros compañeros una mesa de arriba, donde le servimos pizza, lasaña y espaguetis con jamón.

"¡Qué hombre tan sencillo y humano!", dice en susurros sin sospechar que tal vez, muchos de los que en el salón advierten (sin comprender) la humedad que ahora reflejan sus ojos, o sea la modestia con que intenta rehuir la foto para el periódico, estén pensando lo mismo sobre ella.

"¡Viste que bonita estamos poniendo la unidad para el Día Internacional de la Mujer!", son las palabras con que supera el momento antes de obviar la pregunta de si habrá retiro y dejar bien claro que por muchos años seguirá irradiando esta maravilla de mujer trabajadora.

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