Santiago de Cuba.–La alegría que presupone el rencuentro con familiares o amigos procedentes del exterior en cualquier hogar, podría desvanecerse desde el mismo recibimiento por la simple euforia del tradicional abrazo, el aún más peligroso exceso de celebración, o cualquier otra violación de las normas de bioseguridad establecidas frente a la COVID-19.
Previo a la reapertura de los aeropuertos, puertos y marinas, una amplia difusión alcanzó en los medios de prensa el protocolo trazado por el Control Sanitario Internacional para la nueva normalidad, tanto en el caso de turistas que se alojarían en hoteles o casas de renta, cubanos visitantes o que habían quedado varados en diferentes naciones, y colaboradores internacionalistas de regreso.
Las medidas concebidas para el control de esos viajeros en frontera, parten de la toma de la temperatura corporal a su arribo y la realización de la primera prueba de PCR que, días después, tendría una segunda de carácter evolutivo, que se obtendría en las instalaciones turísticas, otros sitios donde se hospeden, o la vivienda del residente permanente.
A su vez, comprenden un sistema de seguimiento y vigilancia al recién llegado por la atención primaria de salud, y el cumplimiento de las normas de protección, que incluyen el uso del nasobuco, la desinfección y permanencia en las casas hasta conocerse el resultado del PCR final, de ahí que cada lugar debe designar a la persona encargada de gestionar las necesidades del viajero.
Ya en funcionamiento, el plan ha sido reforzado con nuevas medidas derivadas de la experiencia ganada y la elevación del conocimiento sobre la enfermedad, pero ciertas fisuras y, mayoritariamente, el comportamiento irresponsable y la indisciplina de algunos de los viajeros..., han complejizado el panorama.
SANTIAGO NO LO MERECE
Empeñados en cumplir la estrategia de desarrollo económico-social trazada en el país, los santiagueros transitaban ya por 187 días sin la presencia de nuevos casos autóctonos de la COVID-19 cuando, en la barriada de Altamira, un cubanoamericano violó el protocolo dictado: festejó, recibió visitas, comercializó artículos y así anduvo esparciendo el virus.
Cierto que a su favor conspiraron el exceso de confianza y la indisciplina de algunos conciudadanos que no fueron detectados a tiempo por el área de salud, pero Santiago de Cuba no merecía esa regresión, y de inmediato respondió con la movilización de todos los dirigentes y sectores hacia ese desafío en defensa de la vida.
«Los vuelos del extranjero son muy complicados –dijo Lázaro Expósito Canto, primer secretario del Partido en la provincia–, pero tenemos que asumirlos. El problema es de todos y vamos a extremar las medidas, a aplicar cualquier variante que fortalezca el protocolo de salud, detectar las fallas y barrer con ellas, contando siempre con nuestros médicos y el decisivo apoyo del pueblo en las comunidades».
El costo de la irresponsabilidad ascendió a la paralización, por cuarentena, de un área de cuatro manzanas con 150 viviendas, que exigieron un cuantioso aseguramiento logístico, el cierre de un círculo infantil, de dos escuelas primarias, de una secundaria básica y de un preuniversitario. Cerca de 200 personas debieron ser ingresadas, entre las cuales 30 resultaron contagiadas, y dolorosamente falleció un anciano.
Cual burla a tan drástica situación, cuando el efectivo accionar redundaba en la eliminación de la transmisión en el consejo popular de Altamira, a unos 30 kilómetros de esta ciudad, el municipio de Songo-La Maya afrontaba, en el segundo de esos poblados, un evento igualmente de graves consecuencias, causado por dos irresponsables llegados desde Estados Unidos.
Violaciones cometidas antes de conocerse el resultado del segundo PCR, han arrojado alrededor de una decena de casos positivos, más de cien contactos ingresados, el cierre de varios centros de enseñanza, más de 200 personas de casi un centenar de viviendas confinadas, y una dispersión que hace más difícil la estrategia de trabajo y el empleo de los recursos.
En otros viajeros llegados a la provincia, igualmente, el segundo PCR ha confirmado la presencia del virus, pero el cumplimiento de las medidas dictadas ha facilitado su asistencia y la prevención de cadenas de transmisión como las citadas, cuyos responsables, una vez de alta médica, responderán según el Capítulo VII, Artículo 212, del Código Penal Vigente, al delito de Propagación de Epidemia.
RESPONSABILIDAD DE TODOS
Las cifras de pacientes confirmados con la enfermedad en las que ha intervenido directa o indirectamente un viajero internacional, han crecido en un 75 % a lo largo del país en estos meses, y lugares como La Habana y Santiago de Cuba rebasan ese alto promedio, causante, en no pocas ocasiones, de focos o eventos de transmisión local que han requerido atención diferenciada.
«Cuando las personas han entrado al país –precisó el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez–, tiene que haber distanciamiento físico en las casas, deben usar el nasobuco. No puede haber fiestas, las familias que las reciben no pueden ir a trabajar, ni los niños a la escuela, deben cumplir estrictamente el aislamiento, y solo podrá salir una persona que asuma las normas de bioseguridad. Si las familias no son responsables, se complica la situación».
«Ciertamente es así –refiere la doctora Yamil Velázquez Silva, jefa del Departamento de Control Sanitario Internacional, del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología–, pues ha habido indisciplinas de viajeros, quienes reciben en el aeropuerto una explicación del protocolo que deben cumplir, para evitar, en caso de que sean portadores, la transmisión del virus.
«A ellos –añade–, se les entrega una tarjeta de advertencia con las medidas que deben cumplir, la cual llevan para la casa, donde luego han hecho fiestas con un número determinado de personas ajenas al núcleo familiar que los acoge, reciben visitas o salen a la calle, y todo eso lo conoce esa familia que, al incumplir el aislamiento y el distanciamiento físico, propicia la transmisión».
Según la doctora Carilda Peña García, viceministra de Salud Pública, en medio de esta contingencia, Santiago de Cuba ha sido ejemplo en la adopción de medidas que deben extremarse, como el funcionamiento del Control Sanitario Internacional durante las 24 horas, la participación intersectorial que asegure la localización y vigilancia del viajero y la cooperación con otros territorios.
«Se trata ahora –afirmó–, del trabajo cohesionado, donde no caben improvisaciones por encima del estricto apego al protocolo, de hacer las cosas disciplinadamente y con calidad, de ser capaces de prever cualquier complicación en un lugar específico, de cerrar filas con la información, organizar bien los grupos de trabajo y evitar fallos que puedan ser fatales».
Tal realidad obedece a que, en horas en que no está programado ningún arribo del exterior, podrían estar llegando al territorio en ómnibus, taxis o vehículos particulares, viajeros que, en el lugar de entrada al país, declararon una dirección y luego se desvían hacia otros puntos de nuestra geografía sin informarlo, o que, tras instalarse en el sitio registrado, salen a conocer otros por su cuenta.
De mucha efectividad ha sido la de-sinfección y señalización, con cintas y pegatinas, de las viviendas que han recibido viajeros, toda vez que previenen posibles visitas y contribuyen a que el consejo de defensa de zona, las organizaciones de masas de la comunidad y autoridades del orden interior, identifiquen los hogares en aislamiento y puedan denunciar las indisciplinas detectadas.
En igual sentido, se han elevado por los consultorios del médico de la familia la inmediatez y calidad de las encuestas epidemiológicas de casos confirmados y los contactos, se aceleran el mejoramiento tecnológico y la organización del Laboratorio de Microbiología para reducir los plazos de realización de las pruebas de PCR, y están creadas las capacidades de aislamiento demandadas.
En opinión del doctor Ricardo Manet Lahera, director provincial de Higiene y Epidemiología, resueltas las vulnerabilidades detectadas durante los primeros días, ahora debe imponerse el cumplimiento cabal de la responsabilidad individual, pues se cuenta con todas las condiciones y el personal de salud domina los conocimientos exigidos en el control de los viajeros.
«Cuba no puede estar cerrada –ha enfatizado la gobernadora del territorio, Beatriz Johnson Urrutia–. Los viajeros del exterior seguirán llegando y nos toca asumir el reto con la alta preparación de nuestros especialistas, la inmediatez de las áreas de atención y la decisiva participación del pueblo, como claves para que no falle nada en esta crucial batalla».






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21 de diciembre de 2020
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caridad dijo:
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21 de diciembre de 2020
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21 de diciembre de 2020
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Ronaldo Pérez dijo:
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jose Respondió:
22 de diciembre de 2020
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Anibal García dijo:
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Jesús García Clavijo dijo:
11
22 de diciembre de 2020
01:47:50
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