ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Dr. Carlos Juan Finlay. Foto: Archivo de Granma

A propuesta de la delegación cubana, los participantes en el IV Congreso de la Asociación Médica Panamericana, efectuado en la ciudad de Dallas, Estados Unidos, en marzo de 1933, aprobaron por unanimidad instituir el 3 de diciembre como Día de la Medicina Americana.

La fecha escogida perpetuaría así la conmemoración del cumpleaños del más universal de nuestros científicos, el doctor Carlos Juan Finlay Barres, nacido en la entonces Villa de Puerto Príncipe, actual Camagüey, en esa propia fecha de 1833.

Con el decursar de la etapa revolucionaria iniciada el 1ro. de enero de 1959, la efeméride en Cuba pasó a ser el Día de la Medicina Latinoamericana y del Trabajador de la Salud.

Hombre perseverante, acucioso observador e infatigable investigador, Finlay enunció por primera vez el 18 de febrero de 1881, ante la V Conferencia Sanitaria Internacional de Washington, su teoría del contagio de la fiebre amarilla a través de la presencia de un agente biológico intermedio, capaz de transmitir la enfermedad de un individuo enfermo a uno sano.

Tal postulado representó una ruptura de las concepciones epidemiológicas prevalecientes hasta entonces en la Medicina, según las cuales las dolencias solo podían diseminarse por contacto directo entre las personas o debido a la influencia de un factor ambiental.

Seis meses más tarde, en una sesión de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, celebrada el 14 de agosto de 1881, esbozó la hipótesis de que el agente transmisor debía ser un mosquito, probablemente la hembra de la especie hoy denominada Aedes aegypti.

Como reseña su biógrafo, el desaparecido doctor José López Sánchez, tan significativos aportes se inscriben entre las grandes conquistas científicas de todos los tiempos, pues en ningún caso anterior a Finlay la historia de la Medicina registra el hecho de un investigador que formulara una concepción teórico-práctica, cuya aplicación ofrecería resultados sumamente exitosos.

No menos notable fue que logró producir formas atenuadas de la fiebre amarilla en las personas, algo que le posibilitó estudiar en mejores condiciones y comprobar la veracidad de sus ideas, abriendo el promisorio camino de la medicina preventiva.

Igualmente, tuvo la genialidad de diseñar y proponer las recomendaciones higiénicas destinadas a la eliminación del mosquito en los propios criaderos, deviniendo en precursor de la lucha antivectorial.

Pero casi pasaron 20 años para que su planteamiento de prevenir la fiebre amarilla mediante la destrucción del agente transmisor fuera sometido finalmente a prueba. El momento llegó bajo el dominio del Gobierno interventor norteamericano.

Basado en sus postulados, en 1901, La Habana resultó escenario de una masiva batida contra el mosquito. Para el sabio cubano, la clave del éxito radicaba en erradicar las larvas dondequiera que hubiera acumulaciones de agua estancada.

La certeza de sus ideas quedaron plenamente demostradas y la temible enfermedad registró una marcada disminución en la urbe, gracias a la campaña de saneamiento promovida por Finlay.

Con la toma de posesión del presidente Tomás Estrada Palma, el 20 de mayo de 1902, lo designan jefe Superior de Sanidad. Al frente de esa responsabilidad confeccionó el primer código sanitario de la Mayor de las Antillas.

Entre las primeras medidas que dictó, dispuso de manera obligatoria la vacunación contra la viruela en todo el país y la prohibición de los baños en determinadas áreas del litoral norte habanero, al considerar que las aguas estaban contaminadas. Igualmente, orientó no echar basura en la vía pública y dedicó notables esfuerzos a los controles epizoóticos dirigidos a prevenir enfermedades transmitidas por animales domésticos.

Las acciones higiénicas propugnadas por Finlay permitieron erradicar la fiebre amarilla en Panamá, Río de Janeiro, Veracruz, Nueva Orleans y otros lugares del hemisferio occidental, donde los reiterados brotes cobraron un incalculable número de víctimas fatales a lo largo de muchos años.

Propuesto varias veces al Premio Nobel de Fisiología y Medicina entre 1905 y 1915, Finlay recibió en 1907 la Medalla Mary Kingsley, conferida por el Instituto de Medicina Tropical de Liverpool, la más importante institución del mundo en Infectología, y un año más tarde la Orden de la Legión de Honor, otorgada por el Gobierno de Francia.

De acuerdo con el certificado de defunción expedido por su médico de cabecera, el doctor Alberto Díaz Albertini, Carlos Juan Finlay falleció a las 5 y 45 de la tarde del 20 de agosto de 1915, en la casona de la calle G, entre 17 y 19, uno de los inmuebles donde hoy la Alianza Francesa imparte clases para el aprendizaje de ese idioma.

Si bien durante muchos años hubo malintencionados intentos de silenciar su monumental obra y arrebatarle la paternidad de la teoría del mosquito como vector transmisor de la fiebre amarilla, el XIV Congreso Internacional de Historia de la Medicina, celebrado en Roma en 1954, ratificó una vez más que solo a Finlay le corresponde el mérito de haber logrado el trascendental descubrimiento y la aplicación de su doctrina en el saneamiento del trópico.

PRECISIONES

- De padre escocés y madre francesa, Finlay fue bautizado con el nombre de Juan Carlos, pero con el tiempo empezó a firmar como Carlos Juan.

- Graduado de médico en el Jefferson Medical College de Filadelfia, Estados Unidos, Finlay desarrolló notables estudios sobre la propagación del cólera en La Habana.

- Al igual que su padre, ejerció la oftalmología, especialidad en la que describió un nuevo proceder para la extracción de cataratas y diseñó un efectivo vendaje ocular.

- En 1872 es elegido Miembro de Número de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, y en 1895, Miembro de Mérito.

- Cada mes de diciembre la Academia de Ciencias de Cuba rinde solemne homenaje a su figura mediante la llamada Oración Finlay. En esta ocasión la semblanza de recordación estuvo a cargo del Doctor en Ciencias Luis Velázquez Pérez, presidente de la institución.

- Según el profesor Jesús González Bayolo, Finlay sintió especial predilección hacia el juego ciencia y figuró entre los fundadores del Club de Ajedrez de La Habana en 1885.

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Enrique dijo:

1

9 de diciembre de 2018

08:19:47


Todos los científicos cubanos, incluidos los médicos, debemos estar orgullosos de la figura de Finlay, un gigante de la investigación y un ser humano dotado de las mejores cualidades, no sabía de su afición por el ajedrez

Ismael dijo:

2

10 de diciembre de 2018

14:02:23


Excelente artículo, ofrece mucha informacion sobre Finlay

Andrés dijo:

3

10 de diciembre de 2018

17:48:31


Finlay aparece reconocido entre los principales virólogos del mundo de todas las épocas, es un paradigma para los cubanos

Roberto dijo:

4

11 de diciembre de 2018

15:12:23


La vida de Finlay bien merece una película, gloria eterna a su obra, gracias por el trabajo