ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Petroglifo de la cueva de Runel, en Granma, sitio descubierto por miembros del Grupo Espeleológico Pedro Borrás. Foto: Cortesía de Divaldo Gutiérrez

Como sucedió en otras partes del planeta, los pueblos originarios del archipiélago cubano también sintieron la necesidad de reflejar el ambiente que les rodeaba.

Ese anhelo los llevó a plasmar en el interior de cuevas, solapas y rocas a la intemperie, pinturas (pictografías)  y tallas en piedra (petroglifos) donde representaban objetos, figuras de animales, flechas y hasta presuntas escenas de ritos religiosos.

Tales representaciones conforman el denominado arte rupestre, considerado con justeza uno de los tesoros más valiosos de la cultura humana y fuente de obligado estudio para pretender conocer diferentes facetas de la vida de nuestros antepasados, entre ellas las formas de alimentarse, vestirse y defenderse, las creencias y ceremonias funerales que practicaban.

Según refirió a Granma el máster en Ciencias Divaldo Gutiérrez Calvache, presidente de la Sociedad Espeleológica de Cuba, hasta el cierre del 2017 estaban documentadas en el país 304 estaciones o sitios de arte rupestre, de ellas más de la mitad radican en la región occidental.

Matanzas es la provincia que posee la mayor cantidad de estaciones, con 85, seguida de Guantánamo y Pinar del Río, que tienen 53 y 41, respectivamente. Por el momento

Las Tunas es la única que no reporta ninguna.

Vista de manera particular, la llamada Cueva Número Uno, de Punta del Este, en la Isla de la Juventud, sobresale por la cantidad y variedad de expresiones de esa manifestación cultural estampadas allí.

Baste señalar que el lugar atesora más de 200 pictografías y conjuntos pictóricos, relación donde resaltan llamativos círculos concéntricos de color negro y rojo localizados en las paredes y el techo de la gruta.

Precisó Divaldo que la primera noticia sobre la presencia de pinturas rupestres en Cuba data del año 1839, cuando en un artículo adicionado a los Aportes para la Historia de Puerto Príncipe, publicado en las Memorias de la Real Sociedad Patriótica de La Habana, apareció incluida la mención a los dibujos encontrados en las paredes de la Cueva de Seña María Teresa, en la Sierra de Cubitas.

Indicó el experto que el 64 % de las estaciones cubanas están conformadas por pictografías, la mayoría de las cuales son de color negro, aunque existen también diseños elaborados en rojo, blanco y sepia.

Un 28 % de los sitios contienen solo petroglifos, en tanto en el restante 8 % se aprecian tanto pictografías como petroglifos, aseveró.

Más allá de las insuficiencias que puedan haber existido en el plano investigativo,

Cuba es considerada hoy por muchos especialistas en la materia la nación del Caribe insular que muestra el más detallado y preciso registro de su arte rupestre.
Ese propio conocimiento, resaltó Gutiérrez Calvache, permite aquilatar en toda su dimensión los peligros y vulnerabilidades que ponen en riesgo la futura existencia de tan antiguas expresiones de nuestros antepasados, de ahí la urgencia de adoptar las acciones necesarias para garantizar su salvaguarda.

Aún alrededor del 60 % del arte rupestre cubano no cuenta con ninguna categoría de protección patrimonial, y el 31 % está ubicado fuera del entorno de las áreas protegidas de la nación.
 

ARTE RUPESTRE DE CUBA: DESAFÍOS CONCEPTUALES

El libro Arte rupestre de Cuba: desafíos conceptuales, de los autores Divaldo Gutiérrez Calvache y José Benito González Tendero, mereció en el país uno de los Premios Anuales de Investigación Cultural correspondientes al 2017.

El texto hace una valoración crítica del conocimiento acumulado en la rupestrología cubana desde la primera mitad del siglo XIX.

Indaga en aspectos sumamente polémicos, donde el debate académico ha sido muy intenso en los últimos años, como la validez del concepto de arte rupestre para referirse a las pictografías y petroglifos que nos legaron los grupos poblacionales precolombinos asentados en la Mayor de las Antillas.

Opiniones:

Doctor Luis Antonio Curet, investigador del National Museum of the American Indian, de la Smithsonian Institution, en Washington: se trata de «un libro necesario, sobre todo por su enfoque revisionista, tan imperioso hoy en día cuando resulta indispensable elevar el rigor académico en la arqueología caribeña».

Doctor Ercilio Vento Canosa, historiador de la ciudad de Matanzas: «con el texto ha visto la luz la mejor y más completa investigación del arte rupestre cubano».

UNA CURIOSIDAD

Entre las obras de arte más antiguas del mundo se encuentran las pinturas de animales paleolíticos descubiertos en cuevas prehistóricas en la Francia Meridional (Lascaux) y la España Septentrional (Altamira). Datan de 30 000 a 10 000 años a. n.e.

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