ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Cuando el «embudo» no toca el suelo y queda suspendido en el aire se le dice rabo de nube. Foto: Ricardo López Hevia

Visto desde la perspectiva de la climatología, la última decena de septiembre y las dos primeras de octubre conforman un periodo donde es alta la probabilidad de azote de ciclones tropicales a Cuba.

Tomando en cuenta ese factor y la prevalencia en nuestra área geográfica de condiciones ambientales favorables al surgimiento de tan temidos fenómenos naturales, como son la elevada temperatura superficial del mar en gran parte de la región y la baja cizalladura del viento en la atmósfera superior, resulta oportuno abordar los elementos más peligrosos de un huracán.

Encabeza la relación la denominada marea de tormenta o surgencia, una notable sobreelevación temporal del nivel del mar que ocurre en la costa cuando el centro del fenómeno natural toca tierra.

De forma general puede abarcar una extensión de hasta 180 kilómetros a la derecha de la trayectoria y el pico máximo de altura del agua tiene lugar en la zona cercana al punto de entrada del ojo del huracán, muy próxima al anillo de vientos máximos sostenidos.

Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la surgencia es la responsable del 90 % de las pérdidas humanas y materiales asociadas a los huracanes en todo el orbe, principalmente en aquellos de gran intensidad Categorías 3, 4 y 5.

La mayor marea de tormenta conocida en Cuba fue provocada por el violento impacto del huracán del 9 de noviembre de 1932 en el poblado camagüeyano de Santa Cruz del Sur, que alcanzó una altura próxima a los 6,5 metros y arrasó completamente dicha localidad. Allí murieron alrededor de 2 000 personas, pero la cifra total de fallecidos ascendió a unos 3 000, constituyendo la mayor catástrofe natural registrada en el país.

También se destaca la generada al paso del fortísimo huracán del 18 de octubre de 1944 en las entonces playas habaneras de Guanimar y Cajío, con elevaciones del mar entre cuatro y seis metros.

Otro componente peligroso son las intensas y prolongadas lluvias capaces de producir acumulados superiores a los 500 milímetros en 24 horas, sobre todo en los sistemas con lento movimiento. Esos valores pueden darse incluso en las depresiones y tormentas tropicales.

En la lista de casos célebres resaltan las inundaciones sin precedentes ocasionadas por el Flora en el oriente cubano del 4 al 8 de octubre de 1963, y las que produjo en La Habana la tormenta tropical Frederic, en septiembre de 1979.

Finalmente están los sumamente perjudiciales efectos del viento, cuya fuerza en los huracanes de gran intensidad convierte las tejas, varillas de antena, planchas de zinc, vigas de madera y hierro, tapas de tanques de agua, pedazos de vallas metálicas, macetas y otros objetos no asegurados debidamente con antelación, en verdaderos proyectiles que pueden arrebatar la vida o causar graves heridas a quienes salen a la vía pública en medio del azote del meteoro.

Y aunque tal vez sea un detalle menos conocido, es conveniente recordar que dentro de los ciclones tropicales pueden generarse tornados, principalmente a cierta distancia de la región central del evento atmosférico y a la derecha de la trayectoria.

Como plantea el destacado meteorólogo cubano ya fallecido Arnaldo Alfonso en su libro Climatología de las tormentas locales severas de Cuba. Cronología, los tornados representan el principal potencial destructivo en lo que a vientos se refiere, en las depresiones y tormentas tropicales, y un elemento muy peligroso en las zonas externas de la circulación de un huracán.

Si bien hasta el momento no hay ningún reporte confirmado de tornado durante el reciente impacto del potente huracán Irma, en la obra mencionada se plantea que han ocurrido en ocasiones anteriores.

Refiere por ejemplo que durante el huracán del 9 de noviembre de 1932, hubo al menos cuatro tornados conocidos, uno de los cuales produjo daños considerables en Camajuaní, localidad relativamente alejada de la ruta seguida por el fortísimo evento meteorológico en su cruce sobre la provincia de Camagüey.

Asimismo encontramos que durante el azote a La Habana del célebre ciclón del 20 de octubre de 1926 hubo tornados a ambos lados de la trayectoria del ojo en lugares localizados a considerable distancia del área de influencia de los vientos huracanados.

Más reciente en el tiempo, evaluaciones  de campo realizadas por especialistas del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología tras el paso de los huracanes Lili en octubre de 1996 y Charley en agosto del 2004, mostraron evidencias sólidas de la presencia de varios tornados, dada la magnitud y característica de los daños observados en zonas puntuales de los territorios afectados.

El tornado es un violento torbellino de aire y vapor de agua, que originado a partir de una nube de tormenta de gran desarrollo vertical hace contacto con la superficie.

Así toma la apariencia de un enorme embudo producido por el polvo, la tierra y los objetos levantados y arrastrados a causa de la notable intensidad del viento.

Cuando el «embudo» no toca el suelo y queda suspendido en el aire se le dice rabo de nube, término popularizado en Cuba por los campesinos, aunque algunas personas prefieren llamarlo manga de viento.

Generalmente surgen cuando imperan condiciones de gran inestabilidad atmosférica. En nuestro entorno suelen tener un promedio de vida de diez a quince minutos y en contadas ocasiones recorren más de tres kilómetros, sin rebasar en los más grandes registrados un ancho promedio de 500 metros.

Muestran, además, valores de presión atmosférica muy bajos con un radio de giro de viento sumamente pequeño, lo cual propicia que puedan alcanzar velocidades muy dañinas para la infraestructura.

El más intenso de los reportados en el país fue el del 26 de diciembre de 1940 en Bejucal, que dejó 20 fallecidos, más de cien heridos y derribó numerosas viviendas.

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Solis dijo:

1

23 de septiembre de 2017

20:51:29


Un artículo sumamente intersante y oportuno

Miguel M.Garrido dijo:

2

24 de septiembre de 2017

10:34:43


Como superviviente del ciclon del 32 en Santa Cruz del Sur me palce que uds. hallan mencionado este echo como algo tracendeltal en los anales dela historia de los huracanas en Cuba. Miguel

robertobucetamartin Respondió:


25 de septiembre de 2017

17:58:01

miguel,seria interesante contactar con usted,para que contara sus experiencias,que edad tiene ahora y cual,cuando sobrevivio a este desastre.parece usted ser un hombre lúcido,seria oportuno que si puede ,contacte con nosotros en el grupo empresarial de artemisa telefono 47366594 o con el correo puestodireccion@geaq.cu.co,nos interesan sus exoeriencias,saludos roberto.

Rafael dijo:

3

24 de septiembre de 2017

16:05:05


Es impresionante las cosas vividas durante este y los anteriores fenómenos atmosféricos anteriores, pero esto es solo una antesala de lo que está por venir, de nosotros depende y de nuestra voluntad de prevención, que seamos capases de mitigar los daños y las consecuencias de lo que pueda ocurrir, porque el cambio climático es inminente, duradero e impredecible, por favor cuidemos la vida como lo más preciado y preparémonos para el futuro.

Jessica dijo:

4

25 de septiembre de 2017

09:19:59


Nunca habia tenido la oportunidad de saber de un superviviente del huracan del 32. Mi abuelos hablan de eso pero no vivieron la experiencia como tal , ellos nada mas saben del impacto historico . Amaria escuchar de alguien su experiencia personal.