ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Doctor en Ciencias Tomás Chuy Rodríguez, investigador del CENAIS. / Foto: Anabel Díaz

Considerados entre los eventos geológicos más destructivos, los terremotos tienen un comienzo súbito y son originados por la rápida liberación de la energía acumulada como consecuencia de las deformaciones registradas en el interior de la corteza terrestre.

Si bien las variaciones en los campos magnéticos y eléctricos, la elevación o la disminución súbita del nivel del agua en los pozos, y el comportamiento inusual de los animales, han sido indicios premonitores de la aparición de algunos terremotos en el mundo, lo cierto es que hasta el presente la comunidad científica no ha logrado vaticinar con exactitud el momento de su ocurrencia.
De ahí la importancia de proseguir las investigaciones, haciendo énfasis en calcular las zonas de mayor o menor riesgo sísmico, indicador estimado en función de las pérdidas materiales y de vidas humanas que pudiera ocasionar un sismo de una intensidad determinada.
Según aparece en el libro Geología para Todos, cuyo editor científico es el doctor Manuel Iturralde Vinent, presidente de la Sociedad Geológica de Cuba, para ello se utilizan una serie de elementos que incluyen los datos históricos, la recurrencia de los temblores de tierra perceptibles, la longitud, la profundidad y el mecanismo de las fallas sismogeneradoras, los tipos de rocas y de suelos, el relieve y las características de las edificaciones existentes en cada área.
La desaparecida doctora Bertha Elena González, quien fue una reconocida investigadora en el tema, decía en un congreso que jamás debía descuidarse la evaluación del peligro en las grandes ciudades, aun cuando estuvieran ubicadas en regiones de baja actividad sísmica.
Para fundamentar tal afirmación citaba el ejemplo de lo sucedido en la ciudad de Gazlí, en Uzbekistán, donde de acuerdo con lo apreciado por los expertos, no era necesario tomar allí medidas de carácter sismorresistentes en las construcciones. Sin embargo, en los meses de abril y mayo de 1976 ocurrieron en el lugar dos notables terremotos que destruyeron gran parte de las edificaciones, ninguna de las cuales estaba diseñada para soportar tan fuertes sacudidas.
APORTES DE UN ESTUDIO
Fundado en 1992, la misión fundamental del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (CENAIS), ubicado en Santiago de Cuba, es contribuir a la mitigación del riesgo sísmico mediante la ejecución de investigaciones fundamentales y aplicadas, y el monitoreo de la sismicidad (posibilidad de ocurrencia de movimientos telúricos) en nuestro archipiélago.

El Doctor en Ciencias Tomás Chuy Rodríguez, uno de los científicos más experimentados de esa institución y autor de un interesante trabajo referido a las características de la sismicidad en Cuba durante el periodo 1528-2010, precisó a Granma que los terremotos tienen lugar en todo el territorio nacional, y esa condición requiere ganar conciencia en la percepción de los potenciales riesgos y fomentar una cultura acerca de cómo prepararnos y actuar frente a ellos.
Indicó que si bien la mayor peligrosidad se localiza en la zona suroriental del país, vinculada al sistema de la falla Oriente-Caimán, y donde suelen presentarse los de mayor magnitud e intensidad, la cronología registra temblores de tierra en otras partes de la geografía cubana, algunos de ellos bien notables, como el reportado en el poblado de San Cristóbal el 23 de enero de 1880 (hoy provincia de Artemisa).
Alcanzó una magnitud estimada de 6,0 grados en la escala de Richter, y una intensidad de 8,0 grados en la escala MSK. Vale aclarar que la magnitud mide la energía liberada por el evento telúrico, y la intensidad se determina por los daños ocasionados.
Este fenómeno produjo considerables pérdidas materiales, y fue perceptible con cierta fuerza en algunos lugares de La Habana, para sorpresa de sus habitantes no acostumbrados a sentirlos.
Otros casos significativos que también se registraron fuera del oriente cubano son el de Remedios-Caibarién, del 15 de agosto de 1939, con una magnitud de 5,6 grados; y los reportados en Alonso de Rojas, Pinar del Río, el 11 de junio de 1981, y Jagüey Grande, Matanzas, el 16 de diciembre de 1982, que provocó la rajadura de paredes en centros escolares.
Vale la pena mencionar, además, el ocurrido el pasado jueves 9 de enero con una magnitud de 4,9, cuyo epicentro se localizó al noreste de Varadero, y resultó perceptible en varias localidades matanceras, y en partes de la capital.
La propia investigación del doctor Chuy sitúa al del 20 de agosto de 1852 al frente de los más notables acaecidos en el país durante el siglo XIX. Alcanzó en Santiago de Cuba un estimado de 7,3 grados en la escala de Richter y 9,0 de intensidad.
Destruyó más de mil viviendas, mientras hubo afectaciones considerables en las iglesias e inmuebles de la administración colonial.
Asimismo, provocó deslizamientos de grandes piedras en la zona de la Sierra Maestra, la aparición de largas y anchas grietas en el terreno, y sus potentes sacudidas se sintieron hasta las ciudades de Baracoa, Gibara, y Holguín, extendiéndose incluso a las vecinas islas de Jamaica y la Española.
Dados los antecedentes históricos de esta urbe oriental en cuanto a la frecuencia y fortaleza de los temblores de tierra ocurridos allí, el CENAIS hizo la caracterización completa del escenario bajo riesgo, material de obligada consulta para aplicar acciones de prevención y mitigación que propicien el desarrollo sostenible de la ciudad.

Como dato curioso es oportuno señalar que el primer sismo del cual se tiene referencia en Cuba aconteció en la villa primada de Baracoa en 1528.
El doctor Chuy apuntó que desde el 2010 y con la colaboración de la República Popular China, el país empezó a modernizar la red sismológica nacional, cuya avanzada la conforman ocho estaciones de banda ancha, capaces de registrar y transmitir en tiempo real las señales sísmicas de cualquier temblor de tierra que tenga lugar dentro del territorio nacional, en la región del Caribe, o a miles de kilómetros de distancia.
Lo anterior propicia que en breve tiempo los especialistas puedan procesar los datos y brindar de inmediato la información relacionada.

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