Las cifras de niños y adolescentes infectados por la COVID-19 se elevan a diario, en probable correspondencia con las de aquellos que juegan en la calle al fútbol o al básquet, con apenas el nasobuco cubriéndoles el cuello y, en el mejor de los casos, la boca; solo un protocolo «por si viene un carro patrullero». En resumen: son un foco de transmisión voluntaria y sin control por parte de las familias y las autoridades.
Los grupos de «jugadores» no solo diseminan la COVID, sino también otro tipo de epidemia muy agresiva: las malas palabras. Además, interrumpen el tráfico de vehículos y personas y hasta pueden provocar daños físicos.
Vivo en el Cerro, y pongo ejemplos de áreas donde se puede comprobar lo señalado: calle Auditor, en las esquinas de Clavel y de Mariano (donde también hacen frecuentes fiestas callejeras); calle San Pedro, entre Cocos y Clavel, y en las esquinas a Falgueras y a Santa Catalina, entre otros sitios.
Es propio de esas edades la práctica de deportes, pero en estos tiempos lo más importante es preservar la salud y ponerle muros a la pandemia, no puentes.
Ernesto Fernández, calle Auditor,
No. 414 1/2, apto. 11, e/ Mariano y Clavel, Cerro, La Habana.



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Dieudome dijo:
1
4 de septiembre de 2021
19:35:16
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