El 20 de septiembre pasado encendí mi televisor Philco y a los diez minutos hizo un ruido y automáticamente la pantalla quedó con rayas. Al siguiente día acudí al taller de garantía, en Carnicería entre Callejón del Carmen y San Gerónimo, y me plantean que debo ir al taller ubicado detrás del zoológico; me hacen saber que pueden repararlo, pero que perderían su trabajo si lo hicieran y que, además, yo le había dado un golpe al equipo. Me insistieron en ir al lugar indicado. El compañero Labrada, jefe de departamento de ese taller, me dijo lo mismo. Fui a donde me dijeron y allí, el compañero Juan le tira una foto y me responde que una comisión tiene que reunirse para analizar el caso, lo cual ocurrió el día 26, determinando que la solución no está en sus manos, alegan lo del golpe y que mi caso hay que elevarlo a La Habana para decidir. La respuesta de La Habana fue que tenía que comprar un televisor de merma y llevarlo al taller para que con ese y el mío hacer la reparación, o buscar 190 CUC que es lo que cuesta la pantalla. Llamo a La Habana, hablo con el jefe de atención al cliente, y me dice que es así porque todos los clientes dicen lo mismo. Lo que sucedió fue lo del día 20 de septiembre. ¿Por qué desconfiar del cliente...?
Dulce María Cabañero Bopetier,
Calle 24 de Febrero, No. 570 e/ Comandante Borrero y Ambrosio Grillo, Santiago de Cuba.



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