ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Les escribo esta queja, que se suma a la que en otras oportunidades se ha hecho sobre el ruido ambiental y los daños que produce, pero que lamentablemente, parece que es desconocida o ignorada por quienes tienen que ver con los servicios públicos y esto ejerce efectos muy negativos sobre la salud de miles de personas.

El 26 de diciembre del 2015 llegue a la Plaza de Carlos lll acompañada de mi esposo. Él se quedó esperándome en la puerta en lo que yo saludaba a una amiga a pocos metros de allí, justo donde se estaba efectuando una feria muy variada. Al comienzo de la feria había bocinas con música propia del ambiente de festividad de estos días, pero esa música se escuchaba tan alto, que mi amiga a mi lado casi no podía escucharme, nos teníamos que hablar alto, el estruendo, el estrépito, eran enormes. En igualdad de condiciones se escuchaba la música que provenía de otras bocinas y estaban colocadas a la entrada de la tienda, o sea, que eran dos fuentes de música altisonante a menos de 15 metros de distancia. Me dirigí a una persona que parecía ser el responsable en la entrada de la tienda y le pedí que por favor hiciera algo al respecto, que trataran de bajar un poco la música aquella y su respuesta fue: ¡Estamos en una feria! No conforme con la respuesta, le repliqué que ese no era un motivo para que la música estuviera tan excesivamente alta. Como quien no quiere buscarse un problema, este señor que me oyó, se ladeó, se calló, subió sus hombros, obtuve la callada por respuesta, más bien la indiferencia o indolencia por respuesta, como quien escucha al que no tiene la razón, porque hacer una feria es concepto y motivo de bulla y escándalo.

Pienso que su actitud se deba a la ignorancia sobre el conocimiento del daño que sobre los seres humanos y los animales, ocasiona el exceso de ruido, más allá de lo permisible y por tiempo mantenido. Pensé en aquel momento en dirigirme a los directivos de la tienda, pues a aquel nivel no iba a obtener resultado, pero la lógica me hizo suponer que si esto sucedía, era porque la gerencia de la tienda tenía que saberlo pues se oía por dondequiera, no se podía escapar de aquello, y lo permitían. Así mismo su­cedía frente a la tienda de electrodomésticos, en el pasillo central había otras bocinas con otras músicas ensordecedoras y por los altavoces los anuncios eran bien altos también.

Quiero expresar que me encanta la música y las festividades, oigo desde la salsa hasta la clásica, pero en los límites adecuados para el oído humano.

Soy una profesional de la salud que conozco sobre estos temas.

Lamentablemente estoy segura que este hecho no es exclusivo de esta tienda, se repite en muchísimos lugares públicos, en las guaguas y carros particulares a cualquier hora.

Estas personas que trabajan en estos lugares y están sometidos de forma inconsciente a esta bulla que irrita no solo el sistema auditivo, sino al sistema nervioso, lo cual a la larga ocasiona serios trastornos, no lo perciben aho­ra, pero son sordos y nerviosos potenciales y lo peor es que predisponen a los demás.
Actitudes como estas representan una falta al derecho ajeno, a la educación más elemental, a la ética, aunque se haga de forma inconsciente.

Insto a que en los diferentes lugares de servicios públicos y privados en los que se pone música, se establezcan normativas, se documenten y se expliquen a los responsables y a todo el personal sobre factores ambientales como el ruido, que en exceso, causa trastornos de salud graves para miles de personas.

Insto a que los directivos que tienen que ver con estos problemas de salud, que en tantas oportunidades a través de los medios de difusión han abordado el tema, pero que por lo visto no ha sido suficiente, continúen con su empeño y den charlas sobre salud, que a través de la vía electrónica hagan llegar escritos explicativos sobre estos temas, que todos se enteren de alguna manera a través de la radio, la prensa escrita, pegatinas, pancartas, por el medio que sea, para que poco a poco logremos vivir en una ciudad donde se escuche buena música de forma adecuada sin que dañe y que por el contrario, sea un estimulante que transmita cultura y salud.

Beatriz Hugues Hernandorena,
F. No. 611, e/ 25 y 27, Vedado,
Plaza de la Revolución,
La Habana

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carlos lugo roderiguez dijo:

6

21 de febrero de 2016

17:06:36


Podrian publicar en Granma las disposiciones existentes que regulan el nivel de los ruidos?. Que quie o quienes las violen paguen las multas con su propio salario.