El domingo 9 de febrero, en horas de la mañana fui al taller de Enseres Menores, de la ciudad de Las Tunas, ubicado en el bulevar de la calle Francisco Vega, para cambiar los cables de mi hornilla eléctrica.
La técnica de turno, gentilmente me atendió y trajo el nuevo paquete de cables (cuatro en total). Enseguida me aclaró. El más pequeño no sirve, pues al prepararlo para la hornilla no da la medida.
Decidí medir el cable de marras y efectivamente tiene 14 centímetros de longitud. Le pregunté si eran de fabricación nacional y me respondió: son de importación. La procedencia no es lo fundamental, el problema esencial está en la pérdida de material que existe.
Si analizamos la inmensa cantidad de hornillas eléctricas existentes en los hogares cubanos (cientos de miles) entregadas por el Programa de la Revolución Energética, la constante reparación a que deben ser sometidas, pues convierten la electricidad en calor, nos podremos dar cuenta del gasto en que se incurre para tener que botar, así literalmente, ese tramo de cable.
No es ocioso en este caso recordar lo que plantean los Lineamientos 142 y 249 de la Política Económica y Social, aprobados por el VI Congreso del Partido, en relación con la elevación sostenida de la calidad de los servicios y la eficacia para la reparación y el mantenimiento de los equipos eléctricos de cocción.
Huelgan los comentarios: la pregunta es ¿Por qué siguen sucediendo estas cosas?
Otro asunto es la falta de estabilidad en la entrada de piezas de repuesto, al preguntar por el cabo de la olla de presión, modelo Suprema, la respuesta de la técnica, fue: "Hace ‘siglos’ que no entran".
Hasta esa fecha, no había entrado nada en el referido taller para reparar los equipos. Considero que los directivos y los responsabilizados con la adquisición de estos materiales, en la Dirección de Servicios a la Población, del Ministerio de Comercio Interior, deben ser más cuidadosos a la hora de solicitar los materiales y más ágiles en la distribución. A la postre es dinero que se pierde y morosidad que disgusta al cliente.



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