Desde hace algún tiempo, una disposición de Cubana de Aviación en sus vuelos nacionales, aún vigente, atenta contra la programación fuera de La Habana de nuestros concertistas y agrupaciones de cámara que incluyen en su formato instrumentos de cuerda.
Escribo esto por experiencia propia. A la hora de abordar vuelos hacia Santiago, Camagüey y Holguín se me ha dicho, en el despacho de la terminal aérea, que mi violín no puede ser admitido en la cabina y debo enviarlo a mi destino en la bodega de los equipajes, como un bulto más. Lo más extraño de todo radica en que en la lista de objetos que no pueden ingresar en cabina no figuran el violín ni algún otro instrumento de cuerdas.
Varios de los estudiantes que habitan en el Este del país y cursan en La Habana estudios de nivel medio y superior me han mostrado instrumentos dañados por la manipulación de la carga.
En mi caso, en muchas ocasiones ejecuto instrumentos de valor patrimonial, que pertenecen a los fondos del Museo Nacional de la Música y constituyen reliquias de nuestro acervo cultural.
La medida aplicada por Cubana de Aviación no existe en ningún lugar del mundo. Doy fe de ello por mí y los colegas que en el mundo acostumbran a llevar consigo sus instrumentos.
De seguir vigente esa interdicción, se afectará uno de los más nobles propósitos de la política cultural de la Revolución: llevar el arte más depurado a todo el archipiélago.



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