ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Sé que las nuevas medidas y métodos de gestión que se han empezado a implementar en todas las esferas de nuestra sociedad, son producto del análisis y el consenso representativo que nos incluye a todos; pero es sabido que no es hasta que son puestos en vigor, que se pueden ajustar realmente para que constituyan un verdadero salto cualitativo en la transformación cada vez más eficiente y justa de nuestro modelo económico socialista.

Es por eso que a mi juicio y modesta forma de analizar lo que ha venido sucediendo hasta ahora en la capital con la venta de materiales de construcción en los llamados rastros, es hora de realizar necesarios ajustes para poder hacer que la tan esperada liberación en la venta de estos productos, llegue verdaderamente a satisfacer a la población necesitada y no se convierta en medio de lucro para un grupo de empleados y directivos oportunistas de estos establecimientos, encargados de comercializarlos.

Y digo esto, ya que en la mayoría, por no decir que en todos los rastros de la capital, al ir a comprar arena lavada, cabillas, polvo de piedra, entre otros enseres, solo se escucha una respuesta: eso que queda es para subsidio.

Es prácticamente imposible poder acceder a uno de estos materiales sin tener que pagarlos a un precio superior. Aun cuando se piense en bajar los precios de estos, para hacerlos más asequibles al poder adquisitivo de la mayoría de la población, no constituiría tal ayuda hasta tanto no se acabe con ese problema. Esta situación radica en la cobertura que tienen los rastros de poder vender estos productos tanto a subsidiados como a clientes comunes.

De ahí que vea una solución al problema en la capital, en restringir la venta de materiales subsidiados solo a ciertos establecimientos y exclusivamente a permitir realizar esta actividad a los mismos, no a todos como se ha venido haciendo hasta ahora. Separando estas dos modalidades de la venta, no habría justificación para que todo el material que actualmente está a la vista de todos en estos establecimientos y que no es posible llegar a ellos, pueda ser adquirido a su verdadero precio por aquel que acuda allí necesitado de su compra.

Otro aspecto importante en la compra-venta de áridos es que se venden por su volumen, como es lógico, pero no puede depender de una pala, de un cubo o de un saco como referencia para el despacho de un metro cúbico, la unidad de medida establecida. Nos estamos tropezando con que en un rastro un metro cúbico es una cierta cantidad de palas o cubos, y en otro, ese mismo metro cúbico es otra cantidad. Lo que está claro es que en ninguno de los casos uno se va con la cantidad por la que está pagando. Esto bien pudiera solucionarse si cada establecimiento se equipara de especies de cubetas o recipientes cúbicos, ya sean de medio metro, un cuarto o un octavo de metro, de manera que se pueda hacer contable lo adquirido.

Estoy seguro que estas medidas —si estas fueran aplicadas—, serían bien recibidas por la población y ciertamente nos sentiríamos ayudados y protegidos, además de haber dado un paso más en la lucha contra las ilegalidades.

 

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