ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Las conferencias deben de tener un límite. Foto: Ricardo López Hevia

El lanzador toma las señas del receptor, asume la posición de set pero retira el pie de la tabla de lanzar y se vira a primera. Recibe la pelota devuelta por el inicialista y de nuevo se dispone a soltar la pelota…  pero el bateador pide tiempo y sale del cajón para hacer un swing y concentrarse.

Nada de esto es tiempo real, pero el tiempo pasa minuto a minuto. Al final, el  promedio de un juego de béisbol es aproximadamente de tres horas  —una hora para cada tercio—, lo cual convierte a este deporte en el más de­morado de todos, sin incluir cuando se produce un extrainning.

Pero valdría la pena preguntarse: ¿cuál es el tiempo real de un juego, cuando verdaderamente hay acción?

Hace ya 14 años, en el 2000, un periodista de la revista Sports Illustrated, Rick Reilly, asistió a un partido cronómetro en mano y co­menzó a medir el tiempo desde el momento en que la pelota salía de la mano del lanzador hasta que llegaba al home. En las bolas batea­das, midió el tiempo que tardaba hasta que el bateador llegaba quieto a una base o era puesto out de cualquier forma, ya fuera en un elevado a los jardines o en un roletazo al cuadro.

El resultado fue asombroso, pues el partido en cuestión duró tres horas y 15 minutos pero el tiempo real de acción fue aproximadamente unos 12 minutos y medio, es decir, solo el 6 % del total. El resto fue tiempo perdido.

Una estadística de la oficina del comisionado de béisbol de las Grandes Ligas revela que en el año 2003 la duración promedio de un juego era de dos horas y 46 minutos pero en la recién concluida temporada esto se disparó hasta más de tres horas.

Existe preocupación por el exceso de tiempo en el béisbol, una de las principales causas de su salida del programa de los Juegos Olímpicos. Y por esa razón se constituyó una comisión integrada por siete miembros  —uno de ellos el mentor de Estados Unidos en el Tercer Clásico Mundial, Joe Torre—, para estudiar distintas medidas que se puedan aplicar para reducir el tiempo de duración, que 40 años atrás era de dos horas y media.

Ya una liga, la del Atlántico, conformada por ocho equipos, comenzó a aplicar con rigor las reglas que existen, como la de los 12 se­gundos entre lanzamiento y lanzamiento cuan­do no hay hombres en circulación, la regla 6:02 (d) que establece que el bateador debe de mantener un pie en la caja de bateo.

También redujeron el tiempo que los equipos cambian sus posiciones en el campo, de dos minutos y medio a 90 segundos y acortaron el número de visitas de los entrenadores al montículo. Al finalizar el juego, si duró más de dos horas y 45 minutos, los árbitros tienen que presentar un informe para explicar el porqué al igual que el anotador oficial.

El béisbol  —según la opinión de muchos especialistas— se ha quedado atrás en cuanto a cambios se refiere, sigue siendo el más conservador de todos los deportes alegando múltiples pretextos, como el que es imposible hacer cambios que modifiquen la táctica. Pero a partir de 1985 el voleibol implantó una serie de cambios, como el que para anotar un punto ya no se necesitaba tener posesión del balón, algo que le dio un vuelco a la táctica empleada hasta ese momento y le añadió mucho mayor dinamismo a ese deporte, hoy en día uno de los más populares en el mundo.


UN ESTUDIO INTERESANTE
Un trabajo de investigación realizado por el doctor Oscar Fernández Flores tomando los tiempos de duración de 516 partidos desde 1908 hasta 1960 arrojó que en 51 juegos del periodo comprendido de 1908 a 1927 el tiempo promedio fue de una hora y 44 minutos. En otro periodo estudiado, de 1948 a 1960, con 465 desafíos, la media fue de dos horas y 20 minutos.

Sin dudas, el béisbol ha involucionado en su dinámica, haciéndose cada vez más lento, más demorado. Se pierde por gusto un tiempo precioso e, incluso, ha sido remiso a la hora de aplicar reglas que ayudan a disminuir el tiempo, como la de los 12 segundos entre lanzamientos cuando no hay corredores en bases.

Algo hay que hacer, pues por el camino que va la posibilidad del béisbol de regresar al calendario de los Juegos Olímpicos parece ser muy remota.

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El inconforme dijo:

26

31 de octubre de 2014

10:50:08


....y si no le ponen límites entre un lanzamiento y otro con hombres en circulación, terminaran durando 4 horas en solo 9 entradas, ¿que cosa es eso de virarse 5 ó más veces a una base?, eso es estrategia del pitcher, el cual debe ser ajustes, desde acelerar sus movimientos, hasta la bola franca, pero no debe haber acción alguna en este deporte que no esté delimitada reglamentariamente por un tiempo máximo, ahí está la clave, saludos.....

Tonibit dijo:

27

31 de octubre de 2014

11:11:12


Muy intresante el tema. Considero que sobre la exigencia de los arbitros puede dar algo de rapidez a este deporte, pero nunca sera definitorio. El beisbol como deporte si quiere llegar a ser universal y ser incluido en los eventos internacionales importantes tendra que hacer algo como lo hizo a su tiempo el voleibol, o sea cambiar su tactica. Un primer paso seria la cantidad de carreras de diferencia para ganar un juego, otro paso la cantidad de inning, o la cantidad de outs, o la cantidad de strike o bolas. Hay tela por donde cortar. Lo que esta claro que mientras duren mas de tres horas en este mundo comercial no tendra cabida.

JAP dijo:

28

31 de octubre de 2014

11:36:34


Pienso que en cuanto a la duración de los partidos UPY tiene mucha razón en cuanto al tiempo perdido, pero igual pudieran ser de interesantes partidos de sólo 7 entradas. El beisbol cubano debería trasmitirse por los canales locales y aumentaría muchísimo la teleaudiencia, y el interés por este deporte, implicaría alguna inversión e importante ahorro en alojamiento y traslados para la televisión, lo invertido sería muy bien aprovechado en las emisoras locales y no sólo es para el beisbol sino para dar un mejor servicio a cada comunidad. En cuanto a la estructura actual sólo deseo apuntar que al verdadero fanático de un equipo (la mayoría que se apasiona y discute de beisbol) no le agrada seguir los resultados de su equipo luego de los refuerzos, no saben igual los resultados, aunque el nivel del evento aumenta indiscutiblemente, el interés decrece en igual medida. Elocuente ayer cuando los comentaristas eluden pronosticar resultados del campeonato actual hasta tanto no se definan los refuerzos, al fanático le sucede lo mismo tal y como está organizado hoy se trata de dos momentos con equipos y niveles diferentes pero en un mismo campeonato nacional que además parece condenado a sufrir una pausa temporal importante.

Guamacaro dijo:

29

31 de octubre de 2014

11:39:14


Amigo Sigfredo, muy bueno su comentario. Hace falta que el Comité de Reglas y Arbitrajes tome cartas en el asunto y actúe en consecuencias con los demorones de juegos. ¡Ah!. Le propongo un título para el próximo trabajo: "Intolerancia" para que hable de la reacción adversa que produce el ingerir licor con maní en los bateadores de Industriales. Y si quiere, puede poner la misma foto de hoy. Saludos, Guamacaro

cachorro-hg dijo:

30

31 de octubre de 2014

11:57:13


Coincido con que hay que agilizar los juegos de Pelota, pero ¿qué hacer? ese es el dilema, se debe pensar que el Beisbol no es solo de Cuba, por lo que no sería lógico hacer modificaciones que luego en un escenario extranjero pueda afectar a los jugadores. Mi propuesta es colocar cronómetros visibles en los estadios, donde se vean los segundos que se van consumiendo, como se hace en el Baloncesto para los tiros, y sería más fácil para todos (Árbitros y Jugadores) cumplir todas las reglas (las que están actualmente o las que se aprueben en el futuro) de tiempos estipulados para determinadas acciones. Sé que me van a decir que requiere de un gasto económico-tecnológico, pero sería una sola vez en cada estadio, no creo que sea ni tan caro, ni tan difícil su aplicación, como crear nuevas reglas que cambien la esencia del juego o métodos que llevan cientos de años aplicándose y que requerirían de un consenso general a nivel mundial por el que no debemos sentarnos a esperar que ocurra.