ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: tomada de poetasdelalma.com

Al igual que Marcel Proust y Le­zama Lima, Mario Benedetti fue un asmático crónico en lucha pe­renne con la enfermedad que nunca lo do­ble­gó en su empeño de convertir la vi­da en arte.

En el policlínico Asclepio, en la consulta del profesor Rodríguez de la Vega, lo conocí una mañana de 1976, ambos con los bronquios contraídos y esa respiración anhelosa que los integrantes de la cofradía se descubren a vuelo de pájaro y frente a la cual se suele guardar la  mayor consideración.

Los que padezcan la enfermedad saben que hay dos cosas que un as­mático en plena crisis no soporta: que lo miren, y que le hablen. Re­su­ltar in­visible ante los ojos de los ino­por­tu­nos se torna entonces una suerte de dicha.

Los asmáticos conocen la regla y a no ser las excepciones de rigor, la cumplen. De ahí que aquella ma­ñana, el insigne escritor y su joven admirador —primeros en llegar a la consulta— trataran de aislarse del mundo posando la mirada aquí y allá, nunca mirándose fijamen­te, cada uno contando con la comprensión del otro.

Al llegar mi turno para realizar no recuerdo qué prueba, me dirigí a su asiento, le extendí la mano y sa­cando de la reserva dos segundos de entusiasmo le dije: “Me leo todo lo suyo, maestro”.

El no tuvo para tanto al responder “gracias” y sonreír con aque­lla expresión de hombre bue­no y hu­milde que siempre lo acom­pañó.
Vivió 88 años, tocó la gloria y escribió en poesía y prosa de cuánto tema quiso, incluyendo un cuen­to sobre la comunión espontánea que se establece entre dos en­fer­mos de asma cuando se encuentran.

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Raquel dijo:

1

19 de febrero de 2016

06:30:00


Agradezco esta nota. La he leído con el gusto de una respiración armónica y distendida. Gracias .

Ricardo Molina Martí dijo:

2

19 de febrero de 2016

15:12:19


El rostro de Mario refleja humanidad, talento y tranquilidad. Como médico, uno comprende lo incómodo y desesperante que debe sentirse un paciente con asma. Una afección respiratoria que produce una disnea espiratoria, vale decir, dificultad del paciente para expulsar el aire aspirado en el pulmón. Por eso, el asmático se cansa muy rápido y es necesario prestarle ayuda. Cuan difícil y complejo cuando carece de ella. El Ché Guevara fue un asmático crónico. Cuántas veces sufrió el ataque de asma en la Sierra Maestra. Cuando le conocí personalmente el 28 de enero de 1959 en la Fortaleza de la Habana con motivo de entregarle una invitación de los médico a visitar a Venezuela, hablamos de ese problema. Por eso, me sumo a este recordatorio a Don Mario Benedetti y traigo en silencio y admiración el padecimiento del Ché Guevara que supo soportarlo sin decaer nunca. Dos glorias eternas de nuestra América morena. R. Molina Martí

jose luis rubio. dijo:

3

22 de febrero de 2016

17:01:24


estoy recien conociendo al maestro que me recomiendan leer.