La operación Lava Jato resultó ser una exitosa estrategia de Estados Unidos para socavar la autonomía geopolítica de Brasil y proteger sus propios intereses, denunció el periódico francés Le Monde.
El reportaje, escrito por el periodista Nicolas Bourcier y Gaspard Estrada, director ejecutivo del Observatorio Político de América Latina y el Caribe de la Universidad Sciences Po de París, explica que todo comenzó en 2007, durante el gobierno de George W. Bush, cuando las autoridades estadounidenses estaban molestas por la falta de cooperación de los diplomáticos brasileños en su programa antiterrorista.
Asimismo, denuncia que para sortear el desinterés oficial, la Embajada de Estados Unidos en Brasil comenzó a invertir en crear un grupo de expertos locales afines a sus intereses y dispuestos a aprender sus métodos, «sin parecer peones» en un juego, según un telegrama del embajador Clifford Sobel, al cual tuvo acceso Le Monde.
Por otro lado, ese año, el entonces juez Sérgio Moro fue invitado a asistir a una reunión, financiada por el Departamento de Estado, y para aprovechar la ventaja, Estados Unidos creó el puesto de «asesor jurídico» en la embajada brasileña, ocupado por Karine Moreno-Taxman, especialista en lucha contra el lavado de dinero y terrorismo, detalla la publicación de Le Monde.
Mediante el denominado Proyecto Puentes, el gobierno estadounidense aseguró la difusión de sus métodos, que consisten en la creación de grupos de trabajo anticorrupción, la aplicación de su doctrina legal (recompensa para denunciantes) y el «intercambio informal» de información sobre casos, es decir, fuera de los canales oficiales.
Cualquier similitud con la Lava Jato no es mera coincidencia, señala la publicación.
En 2009, dos años después, Moreno-Taxman fue invitada a la conferencia de agentes de la Policía Federal brasileña en Fortaleza, capital del estado de Ceará (nordeste).
Ante más de 500 profesionales, la estadounidense enseñó a los brasileños a hacer lo que Estados Unidos quería: «En los casos de corrupción, perseguir al “rey” de forma sistemática y constante para derribarlo», recordó Le Monde.
«Para que el Poder Judicial condene a alguien por corrupción, el pueblo debe odiar a esa persona», afirmó Moreno- Taxman, y añadió, para no dejar dudas, que «la sociedad debe sentir que realmente abusó de su cargo y exigir su condena».
El nombre del entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva no fue mencionado en absoluto, pero, según los autores del informe, estaba en la mente de todos los presentes el escándalo del Mensalão por compra de votos.













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