La renuncia del presidente de Burkina Faso, Blaise Compaoré, además de crear un vacío institucional estimuló entre los militares la lucha por el poder, aun cuando todo indica que puede llegarse a un acuerdo en poco tiempo.
Compaoré, ahora refugiado en Costa de Marfil, acogido por el gobierno de Alassane Ouattara, trató de reformar la Constitución para optar por un nuevo mandato en su país, cuna de uno de los hombres preclaros del continente, Thomas Sankara, quien en 1984 le cambió el antiguo nombre de Alto Volta.
Masivas manifestaciones realizadas en la capital, Ouagadougou, y en la segunda ciudad en importancia, Bobo Dioulasso, encabezadas por la oposición contra la pretensión del mandatario, concluyeron con la dimisión de este y su exilio, pero tras la salida del dimitente se presentó el debate sobre a quien le correspondía gobernar.
Los militares, que hasta el momento se mantenían virtualmente en la barrera, saltaron al ruedo y colocaron a su hombre, el teniente coronel Isaac Zida, al frente del gobierno, lo cual por una parte satisfizo a la cúpula castrense y congeló una disputa por el puesto con el general Honoré Nabere Traoré, jefe del Ejército.
No obstante, quedó pendiente el asunto del general Kwamé Lougué, a quien los manifestantes reclamaban que encabezara un nuevo gobierno, pero en una ocasión en que se dirigía a la Plaza de la Nación para sumarse a la demostración fue detenido, presumiblemente por las fuerzas de seguridad.
Lougué, exjefe del Estado Mayor y exministro de Defensa destituido en el 2004, goza de gran simpatía en la población.
Así, la decisión de admitir a Zida como responsable para dirigir en un periodo de transición, se presenta como una suerte de pacto que podría funcionar, si la oposición política acepta el hecho consumado y deja de presionar más allá de la lógica para incorporar solo a civiles al proceso.
Destruido el Gobierno y disuelto el Parlamento no quedan muchas instituciones hacia donde mirar buscando señales que en breve repongan la estabilidad, y es quizá en ese sentido que cobra mucha importancia el papel a desempeñar por la Unión Africana (UA) y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao).
El 3 noviembre, la UA a través de su Consejo de Paz y Seguridad, dio un plazo de dos semanas al Ejército de Burkina Faso para retornar a su marco institucional e instaurar un gabinete de tránsito encabezado por civiles.
Sin embargo, el presidente provisional proclamado el sábado pasado, Zida, quien antes fue segundo jefe de la guardia presidencial burkinabé, aseguró que en 90 días habría elecciones en el país y manifestó desinterés por perpetuarse en el poder.
Zida agregó que luego de las elecciones a fines de enero del 2015, el ejército se retirará y dará paso a una etapa que permita salir de la difícil situación.
El jefe de la transición, al parecer, tomó el camino del compromiso serio con tres gobernantes de la Cedeao, quienes viajaron a Ouagadougou para tratar el tema de la reconstrucción institucional, lo que sería en síntesis conceder el mando a los civiles.
En la capital burkinabé, los presidentes de Ghana, John Dramani Mahama; de Nigeria, Goodluck Jonattan; y de Senegal, Macky Sall, se entrevistaron con el anfitrión, lo que demuestra el interés subregional en componer la transición democrática bukinabé, que de cara al mundo prestigie a los africanos por su esfuerzos positivos.
La oposición prevé entregar una hoja de ruta a Dramani Mahama, quien es el presidente de turno de la Cedeao “para que la transición culmine a más tardar en noviembre del 2015”, según Ablassé Ouedraogo, uno de los responsables de la organización, integrada por 15 países de la zona occidental del continente.
De hecho, algo es válido, un proceso negociador está en el ambiente respecto a Burkina Faso, (Patria de hombres íntegros, en lenguas mooré y dyula). (PL)













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enrique R. baldoquin dijo:
1
7 de noviembre de 2014
11:08:47
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