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¡Con las botas puestas!
Fue una plata que supo a oro. A pesar del resultado del último juego. Solo un gran equipo, Japón, guiado por su ídolo de las Grandes Ligas norteamericanas, Ichiro Suzuki, frenó nuestro ímpetu. Pero la historia ya estaba escrita. Una final inédita del Primer Clásico Mundial: cubanos y japoneses. Nuestra selección, la que no contaba en la mayoría de los pronósticos ante los equipos de lujo como República Dominicana, Puerto Rico y Venezuela, pero sobre todo, a la que se le quiso impedir su presencia por anacrónicas cláusulas del bloqueo, estuvo en la fiesta final del bello estadio de San Diego con un puñado de jugadores aguerridos, ejemplos en el "trabajo de equipo"... ¡Gracias, queridos peloteros! Recibirá el pueblo a nuestro glorioso
equipo de béisbol
El béisbol nos unió más anoche Cubanos en la cima; ¡toda una hazaña! Japón impuso su mejor pitcheo, acompañado de una ofensiva oportuna, para superar a la selección cubana, 10-6, y adueñarse del título de campeón del Primer Clásico Mundial 21 de marzo de 2006 |