Para ello viajó a esta urbe Stanley Sidoel, director general de
Cultura de esa nación sudamericana de la cuenca caribeña, quien en
compañía del embajador, Ike Desmond Antonius, fue depositario de la
mpaka, símbolo ritual de la fiesta.
Suriname expondrá en la venidera cita santiaguera el acervo de
sus danzas, músicas y expresiones visuales. Particularmente aquí se
reconoce la vitalidad y autenticidad de los llamados cantos
cimarrones.
En comentarios a Granma, Orlando Vergés, director de la
Casa del Caribe y presidente del Comité Organizador del Festival,
declaró que la presencia surinamesa debe completar la intención de
la Fiesta del Fuego por ofrecer el más vasto panorama de las
culturas populares de la región.
Los portadores de los saberes ancestrales en el Caribe, resaltó
Vergés, distan de ser referencias folclóricas, en tanto viven y se
renuevan en actos cotidianos.
También debe ser interesante el encuentro con la pluralidad
lingüística de Suriname, pues si bien una parte de la población
heredó y acriolló la lengua de la antigua metrópoli colonial, el
neerlandés, en su territorio se habla el sranan tongo (un
idioma vernáculo), y variantes del hindi, el chino, y el javanés.