La Extranjera de Kouyaté

Amelia Duarte de la Rosa
amelia@granma.cip.cu

Hasta el pasado domingo el Teatro Trianón, de la capital, cedió el espacio de su escenario a un singular montaje dirigido por Hassane Kassi Kouyaté, director oriundo de Burkina Faso y quien por primera vez —aunque había visitado varias veces la Isla—, apostó por situar bajo su tutela a un elenco de actores cubanos.

Corina Mestre, versátil y orgánica en su actuación.

La Extranjera, texto del dramaturgo congolés Caya Makhélé inspirado en Las Bacantes de Eurípides, reveló en las tablas nacionales una visión idílica de la historia de Yemayá, deidad de la religión Yoruba muy arraigada y querida entre nuestro pueblo.

La hija de los dioses del exilio, reina de las tululús, regresa, en la dramaturgia, a su tierra —que no conoce la paz—, y desencadena la adoración de sus habitantes y la confrontación entre el poder político y espiritual.

Con la dualidad en mensajes de amor y odio, hegemonía y libertad, esta obra logra aunar —sin hundirse en frases manidas—, los códigos del lenguaje teatral con términos tan universales como la religiosidad, la tradición, la cultura y el respeto a la diferencia. Desde las notas del programa el propio director anuncia que "al abordar este montaje, una de nuestras preocupaciones fundamentales ha sido no representar los cultos religiosos sino acercarnos a los valores artísticos de la cultura popular tradicional, intentando alcanzar esa dimensión universal que toca lo esencial del ser humano".

Así, se presenta ante los espectadores una figura mítica que pretende hacer ver la cruel realidad del orbe contemporáneo. Una Yemayá diosa libertaria y exiliada que, en la piel de la actriz Amanda Cepero, encarna la dulzura, canta, baila, seduce pero a la vez discute y polemiza con su antagónico jefe guerrero Balikul (Ury Rodríguez) sobre la manera de entender al mundo.

A estos dos actores se unieron para el montaje jóvenes como Jorge E. Caballero, Yaimí Kalay, Wendy Besada y Arianna Delgado e intérpretes de tan consagrada experiencia como Coralia Rodríguez, Corina Mestre, Fernando Hechevarría y Alden Knight, los últimos excelentes y versátiles como siempre lo han demostrado.

Con La Extranjera, Kouyaté logra un trabajo homogéneo y concreto pero, a la misma vez, una capacidad teatral expresiva rica en diferencias. Utiliza música y sonidos alegóricos para que el espectador entienda cabalmente el drama que se desarrolla sobre la escena. Sintetiza los elementos de utilería, vestuario y máscaras, dejando solamente lo medular. Virtudes estas que, unidas a la sutileza y precisión del diseño de luces, tienen todas la firma de calidad del maestro Eduardo Arrocha.

El director —que durante veinte años trabajó junto al británico Peter Brook y dirige la compañía Dos tiempos y tres movimientos—, ha dejado con esta puesta un sello de elocuencia, divertimento y revelación luego de tanto tiempo de ausencia del arte dramático africano en la Isla. Ojalá La Extranjera llegara a varias ciudades del país para que, al igual que en La Habana, los espectadores puedan deleitarse con una representación tan allegada a nuestra idiosincrasia.

 

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