Girón, el mayor tesoro de mi memoria

Ventura de Jesús García

Pudiera decirse que José González Rivas ha vivido con una sola idea en la cabeza: buscar la noticia, a veces hasta con machacona insistencia. Servir al periodismo, esa ha sido su causa mayor a lo largo de su existencia.

Foto: Ramón PachecoPepé Rivas, Premio Nacional de Periodismo José Martí.

Este veterano periodista matancero, distinguido con el Premio Nacional de Periodismo José Martí junto a otros profesionales destacados del país, es una gente sencilla, sin aires de figura. Ese galardón y sus tres décadas al frente de la Unión de Periodistas de Cuba en la provincia, hablan de un profundo amor a la profesión.

Se vinculó al trabajo desde 1953 y al triunfo de la Revolución fue corresponsal en Matanzas para los medios de prensa nacionales y locales. Destaca su condición de combatiente internacionalista y director del órgano Verde Olivo en misión internacionalista, en Angola.

Cuenta Pepe Rivas con el don de saber dónde está la noticia, sospechar lo que debe ocurrir y al fin ocurrirá, haciendo realidad la máxima de que en el periodismo vale tanto la curiosidad como la acumulación de sabidurías.

Impulsado, quizás, por esa capacidad peculiar para detectar el hecho noticioso se hallaba en la Ciénaga de Zapata cuando la invasión mercenaria por ese territorio en abril de 1961, una experiencia que marcó del modo más profundo su vocación periodística.

¿Cuánto impactó aquel suceso en el joven reportero?

"En Girón hay una gran lección y no solo para el periodista. Y eso se explica porque allí se comprobó que la Revolución era más que una esperanza. Sacó a relucir toda la fuerza del pueblo.

"Esa epopeya es el mayor tesoro de mi memoria. Me reconforta la experiencia de haber sido testigo de aquellos días honrosos para la Patria. Con las armas silenciosas del oficio pude contar junto a un grupo de profesionales de diferentes medios las vivencias de aquellas 72 horas inolvidables y el heroísmo de quienes frenaron la embestida mercenaria del 61".

Allí tuvo el primer gran aprieto en su corta carrera reporteril, entrevistar al religioso español Segundo Lasera, uno de los tres sacerdotes de la Brigada 2506, que venía en el batallón de paracaidistas y que se había negado reiteradamente a ofrecer impresiones a un equipo del ICAIC.

"Fue un intercambio muy respetuoso, y en compensación, quizá por el efecto que causó en Lasera, decidió entregarme una medalla con la figura en relieve de San Miguel Arcángel, representativa del patrono de los paracaidistas, y el distintivo en forma de escudo con la bandera cubana, así como una cruz que traía en la chaqueta. Dichos atributos fueron entregados al director del Museo Histórico de Matanzas".

Dice que se asustó más de una vez y respiraba entrecortado cuando tronaban los cañones y se escuchaba el retumbar de los aviones de combate. Ver el cielo iluminarse a la distancia por el destello de una explosión le ponía los nervios de punta.

¿Alguna vivencia que te haya marcado de modo muy particular?

"Nunca podré olvidar la vocación revolucionaria de aquellos muchachos artilleros de las antiaéreas conocidas como cuatro bocas. Eran muy jóvenes, casi niños. Conservo en la memoria cómo agitaban telas blancas al viento para atraer sobre ellos la atención de los pilotos agresores de los B-26".

En 1955, siendo todavía estudiante, González Rivas realizó su primer reportaje para el periódico El Imparcial. Dos años más tarde, el Colegio Nacional de Periodistas lo acusa de intrusismo profesional.

¿Qué pasó?

"Nada, chico, cosas de la dictadura. Yo me desempeñaba por entonces como corresponsal de la emisora Radio Aeropuerto e informaba reiteradamente sobre hechos contra el gobierno de Fulgencio Batista, algo que como comprenderán, era imperdonable. Me aplicaron la Ley Constitucional de la República de Cuba de 1952, en su Artículo 70, y solicitaron la pena de cuatro años de privación de libertad. Afortunadamente, aquello no fructificó".

Al borde de los 80 años de edad y con 60 en el oficio, ¿qué aconsejarías a los más jóvenes periodistas?

"Que tan útil como contar buenas historias es no olvidar el abecé del periodismo: informar y hacerlo bien, incluso con elegancia. En fin, amar la noticia, una buena información nunca sería aburrida".

 

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