El campesino Alberto Clavero Coto, jefe de la mencionada finca
perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS)
Dionisio San Román, y su primo hermano, Claro Clavero Coto, han
logrado convertir un lugar sórdido en espacio aprovechado con
eficacia y sapiencia para la producción.
"Aquí tenemos plantadas 30 mil plantas de ocujes, majagua,
almendra, caoba y roble", afirma Claro. Además, 50 mil posturas de
terciopelo e igual cantidad de extraña rosa; también 10 mil posturas
de mango y aguacate, complementa Alberto.
Asimismo, en los viveros de los Clavero crecen plantas de mamey,
guanábana y otros frutales, así como plantas ornamentales.
Señala Alberto que entre las líneas en ejecución ahora confieren
preeminencia al desarrollo de dos bancos de yemas y de injertos de
frutales. Del mismo modo —prosigue— incrementamos la siembra de
cocoteros para reponer los del malecón de Cienfuegos, además de la
avenida al Aeropuerto Internacional Jaime González.
Acogidos desde el 2008 al Decreto Ley 259 y ahora al 300, estos
agricultores sureños hallan en la reforestación rural y urbana uno
de los principales estímulos de su reconocida labor. Ellos, por
ejemplo, hicieron posible la realidad del Bosque de Jagua de
Cienfuegos, un sitio con plantación exclusiva de este árbol
emblemático de la zona.
"Los maderables que sembramos con el destino de bosques se
colocan en bolsas de a litro con una medida de 80 centímetros; en
cambio los dirigidos a reforestar la ciudad, para que las personas
no le hagan daño, deben tener no menos de dos metros de altura",
precisa Alberto.
Su primo Claro enfatiza en la prioridad de los frutales, por la
importancia que tienen en la dieta humana y el hecho de que no
muchos de los nuevos tenedores de tierra se decantan por dicho
quehacer.
El problema con la escasa aceptación, sostiene Alberto, es que se
piensa solo en el ahora. "Está claro que tras sembrarlos hay que
esperar tres o cuatro años para que echen frutas e incluso hasta
ocho años para un máximo de producción estable. Es cierto que no hay
ganancias hasta entonces, pero después vale la pena".
"Además —continúa—, la espera puede paliarse mediante un método
que nosotros ponemos en práctica en La Casona: el policultivo.
Sembrar frutales de forma simultánea o intercalada con flores,
boniato, frijoles¼ ".
"La premisa básica de todo campesino es explorar las
potencialidades existentes, buscar alternativas, producir más. Los
dos lo tenemos bien claro", suscriben con saludable convicción el
par de primos hermanados en la misión del surco.