Finca de Frutales en Cienfuegos

Los Clavero Coto lo tienen claro: producir más

Julio Martínez Molina

CIENFUEGOS.— Quizá se trate de uno de los sitios de producción de Cienfuegos donde más empeño se haya puesto en una tarea. Lo que hoy es la finca de frutales, flores y plantas ornamentales La Casona, antes fue muladar y área depositaria de aguas albañales de un barrio urbano.

FOTO DEL AUTORAlberto (a la derecha) y Claro en los viveros de mango.

El campesino Alberto Clavero Coto, jefe de la mencionada finca perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Dionisio San Román, y su primo hermano, Claro Clavero Coto, han logrado convertir un lugar sórdido en espacio aprovechado con eficacia y sapiencia para la producción.

"Aquí tenemos plantadas 30 mil plantas de ocujes, majagua, almendra, caoba y roble", afirma Claro. Además, 50 mil posturas de terciopelo e igual cantidad de extraña rosa; también 10 mil posturas de mango y aguacate, complementa Alberto.

Asimismo, en los viveros de los Clavero crecen plantas de mamey, guanábana y otros frutales, así como plantas ornamentales.

Señala Alberto que entre las líneas en ejecución ahora confieren preeminencia al desarrollo de dos bancos de yemas y de injertos de frutales. Del mismo modo —prosigue— incrementamos la siembra de cocoteros para reponer los del malecón de Cienfuegos, además de la avenida al Aeropuerto Internacional Jaime González.

Acogidos desde el 2008 al Decreto Ley 259 y ahora al 300, estos agricultores sureños hallan en la reforestación rural y urbana uno de los principales estímulos de su reconocida labor. Ellos, por ejemplo, hicieron posible la realidad del Bosque de Jagua de Cienfuegos, un sitio con plantación exclusiva de este árbol emblemático de la zona.

"Los maderables que sembramos con el destino de bosques se colocan en bolsas de a litro con una medida de 80 centímetros; en cambio los dirigidos a reforestar la ciudad, para que las personas no le hagan daño, deben tener no menos de dos metros de altura", precisa Alberto.

Su primo Claro enfatiza en la prioridad de los frutales, por la importancia que tienen en la dieta humana y el hecho de que no muchos de los nuevos tenedores de tierra se decantan por dicho quehacer.

El problema con la escasa aceptación, sostiene Alberto, es que se piensa solo en el ahora. "Está claro que tras sembrarlos hay que esperar tres o cuatro años para que echen frutas e incluso hasta ocho años para un máximo de producción estable. Es cierto que no hay ganancias hasta entonces, pero después vale la pena".

"Además —continúa—, la espera puede paliarse mediante un método que nosotros ponemos en práctica en La Casona: el policultivo. Sembrar frutales de forma simultánea o intercalada con flores, boniato, frijoles¼ ".

"La premisa básica de todo campesino es explorar las potencialidades existentes, buscar alternativas, producir más. Los dos lo tenemos bien claro", suscriben con saludable convicción el par de primos hermanados en la misión del surco.

 

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