(... ) AQUEL DÍA se luchó y murió en todo el país. Sería
prácticamente imposible no solo enumerar, sino ni siquiera conocer
la cantidad y diversidad de acciones de todo tipo y magnitud, los
paros e intentos de paros, los sabotajes y combates que, sin
alcanzar los objetivos propuestos de derrocar la tiranía, mostraron
una vez más la irreductible decisión de lucha y sacrificio de
nuestro pueblo revolucionario y su voluntad de victoria.
Sin contar las numerosas acciones de los frentes guerrilleros en
apoyo a la huelga, que incluyeron la intrépida presencia de Camilo
Cienfuegos en los llanos del Cauto, podemos mencionar como hechos
más significativos a través del país:
El asalto a las emisoras nacionales y la transmisión por sus
canales del llamamiento a la huelga general revolucionaria, el
asalto a la armería de La Habana Vieja, la voladura de registros de
electricidad, los paros y sabotajes en varias terminales del
transporte, la quema de gasolineras y de vehículos, la interrupción
del tránsito de entrada y salida de la capital; los sabotajes,
acciones y paros en Guanabacoa, el Cotorro, Madruga; el asalto a la
emisora de Matanzas dirigido por Enrique Hart, el descarrilamiento
de trenes en Jovellanos, el ataque al cuartel de Quemado de Güines y
la interrupción de la Carretera Central en Manacas, las acciones del
Condado en Santa Clara, la paralización y el dominio absoluto de
Sagua la Grande, el asalto y sabotaje a la planta eléctrica de
Vicente en Ciego de Ávila, acciones diversas en Camagüey, y la
paralización prácticamente completa de todo Oriente por la acción
combinada de las fuerzas guerrilleras y de la clandestinidad,
incluido el ataque al Cuartel de Boniato por las milicias de
Santiago de Cuba dirigidas por René Ramos Latour, Daniel, sustituto
de Frank en la Jefatura Nacional de Acción en la Sierra Maestra
durante el último combate del Movimiento, que después cayó
heroicamente contra la ofensiva de la tiranía.
Una consecuencia inmediata de los hechos del 9 abril fue la
formación de nuevas columnas guerrilleras como la Pepito Tey que,
luego del combate victorioso de Ramón de las Yaguas, se incorporó,
bajo la jefatura del compañero Belarmino Castilla, al II Frente
Frank País, y la que dirigida por Víctor Bordón pasó a operar en las
montañas del Escambray. Igualmente, decenas de grupos precariamente
armados permanecieron alzados y muchos se fueron incorporando a los
distintos frentes guerrilleros. Debemos registrar también, no
obstante su descalabro posterior, el arribo de una expedición a las
costas de Pinar del Río, integrada entre otros por Jesús Suárez
Gayol, quien cayera combatiendo junto al Che en las selvas
bolivianas.
La conmoción producida en todo el país por los hechos del 9 de
abril fue intensificada por la brutal represión desatada por el
régimen, que dejó el saldo doloroso de más de un centenar de
combatientes caídos, entre ellos Marcelo Salado, dirigente de acción
en la capital en esos momentos y uno de los más valiosos y
prometedores cuadros del Movimiento 26 de Julio.
La frustración de aquel objetivo situó al movimiento
revolucionario en uno de sus momentos más difíciles de todo el
proceso.
¿Por qué con aquel clima de insurgencia revolucionaria, con
aquellas condiciones políticas y organizativas, y con el antecedente
incluso del paro espontáneo por la muerte de Frank, no se logró que
la huelga cristalizara totalmente?
Evidentemente fueron varios y diversos los factores del fracaso,
y no es fácil determinar el peso relativo de cada uno en aquel
costoso revés. Personalmente creo que a los errores de apreciación y
conducción en que incurrimos los que tuvimos la tarea más inmediata
de dirigir y desencadenar aquellos hechos, corresponde también la
mayor responsabilidad.
Los grandes reveses expresan quizás, mejor que las victorias, la
magnitud de la lucha. Así de grandes los reveses, mayores aún las
voluntades de convertirlos en victorias. En el camino ascendente del
pueblo cubano nunca un revés fue ni será definitivo; nunca trajo la
parálisis, nunca significó el abandono de la lucha. Las tinieblas
del revés jamás apagaron la certidumbre de victoria de los
revolucionarios. (... )
El duro revés del 9 de abril no es una excepción de esa regla de
nuestras luchas centenarias, sino que se inscribe en los momentos
críticos en que con el espíritu de lucha de nuestro pueblo, el
heroísmo de los combatientes y la certera conducción del Comandante
en Jefe, transformaron una vez más la derrota en victoria. (... )
(*) Fragmentos tomados del libro Semillas de fuego,
Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1989.
(**) Comandante del Ejército Rebelde, ya fallecido.