Amplios debates, prometedoras propuestas y razonamientos
autocríticos se suceden por estos días en torno a los principales
asuntos que preocupan hoy a los integrantes de la Asociación
Nacional de Economistas y Contadores (ANEC), cada vez más
convencidos del decisivo papel que están llamados a desempeñar en la
recuperación y desarrollo económico del país.
El hecho de contar con 80 mil 600 afiliados (más del 90 % del
total de los profesionales de tales perfiles) constituye una muestra
del protagonismo que debe alcanzar esa organización, en estrecha
unidad con las administraciones, para contribuir al fortalecimiento
de la actividad empresarial y presupuestaria, y a la búsqueda de la
eficiencia económica y productiva.
Sin embargo, como ha sido reconocido durante el proceso de
balance previo al VII Congreso de la ANEC, en el radio de acción de
las secciones de base persisten aún problemas económicos,
financieros y contables, de los cuales resulta inadmisible
desentenderse y mucho menos no formar parte de quienes los enfrentan
y combaten, que es como ver los toros desde la barrera.
A partir de la propia experiencia acumulada en cada uno de los
territorios, resulta evidente la necesidad de perfeccionar el
desempeño de los equipos económicos de las entidades, para dejar de
ser meros procesadores de información estadística (casi siempre
puesta a buen recaudo en archivos o gavetas), y convertirse en apoyo
esencial y eficiente de las administraciones para el trabajo y la
toma de decisiones.
Quiere esto decir que la imprescindible elaboración, con calidad
y precisión, de los estados económico-financieros y demás documentos
contables, debe estar secundada por una valoración especializada que
permita "desmenuzar" los números por dentro, evaluar tendencias y
efectuar el alerta oportuno ante cualquier violación de las normas y
procedimientos o la sospecha de un presunto hecho delictivo.
Solo de esta manera pueden detectarse problemas (con visión
preventiva y no "para hacerle la autopsia al muerto"), que de
prolongarse en el tiempo inciden luego en el deterioro de los
indicadores de eficiencia, disparan las pérdidas económicas,
multiplican la cadena de impagos y repercuten definitivamente en una
negativa gestión empresarial.
Con toda lógica, los propios miembros de la ANEC en sus asambleas
han definido que el funcionamiento de una sección de base no puede
evaluarse de manera favorable en una etapa determinada, si en la
entidad donde ejerce su influencia, los resultados económicos y
productivos dejan que desear.
Por supuesto, esa unidad de acción solo será posible sobre la
base de una autoridad bien ganada, fruto de una elevada
profesionalidad, sentido de la ética, exigencia, control, estrecha
vinculación con la base productiva y participación directa en la
solución de los problemas que entorpecen la buena marcha de la
economía allí donde se generan los bienes y servicios.
Vale insistir igualmente en la actitud a asumir por los
directivos, en el sentido de apoyarse y respaldar mucho más a sus
equipos económicos, tomarlos en cuenta, dejarse asesorar,
intercambiar experiencias y convocarlos a participar, máxime cuando
se sabe que existen aún administradores con evidentes lagunas en su
formación integral sobre tales tópicos.
Atender los departamentos económicos significa también crearles
las condiciones medianamente aceptables para el desempeño de sus
funciones, pues mientras en determinadas empresas existen oficinas
donde trabajar constituye una verdadera satisfacción, en otras el
hacinamiento, el desorden y el abandono, en nada contribuyen a que
prevalezca en el lugar un ambiente de control y disciplina.
El proceso orgánico previo al VII Congreso de la ANEC, a
efectuarse del 13 al 15 de junio próximos, constituye, pues, el
momento preciso para corregir el rumbo donde no estén claros los
propósitos, destrabar entuertos burocráticos y encauzar todas las
voluntades posibles en la materialización de los Lineamientos de la
Política Económica y Social del Partido y la Revolución.
Para ello la organización de los economistas cubanos cuenta,
entre otras fortalezas, con un reconocido aval en la integración de
los conocimientos científicos y los saberes académicos con la
práctica cotidiana, presente hoy en las más diversas esferas de la
producción y los servicios, como muestra de responsabilidad y
compromisos compartidos.