Para no ver los toros desde la barrera

Miguel Febles Hernández

Amplios debates, prometedoras propuestas y razonamientos autocríticos se suceden por estos días en torno a los principales asuntos que preocupan hoy a los integrantes de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores (ANEC), cada vez más convencidos del decisivo papel que están llamados a desempeñar en la recuperación y desarrollo económico del país.

El hecho de contar con 80 mil 600 afiliados (más del 90 % del total de los profesionales de tales perfiles) constituye una muestra del protagonismo que debe alcanzar esa organización, en estrecha unidad con las administraciones, para contribuir al fortalecimiento de la actividad empresarial y presupuestaria, y a la búsqueda de la eficiencia económica y productiva.

Sin embargo, como ha sido reconocido durante el proceso de balance previo al VII Congreso de la ANEC, en el radio de acción de las secciones de base persisten aún problemas económicos, financieros y contables, de los cuales resulta inadmisible desentenderse y mucho menos no formar parte de quienes los enfrentan y combaten, que es como ver los toros desde la barrera.

A partir de la propia experiencia acumulada en cada uno de los territorios, resulta evidente la necesidad de perfeccionar el desempeño de los equipos económicos de las entidades, para dejar de ser meros procesadores de información estadística (casi siempre puesta a buen recaudo en archivos o gavetas), y convertirse en apoyo esencial y eficiente de las administraciones para el trabajo y la toma de decisiones.

Quiere esto decir que la imprescindible elaboración, con calidad y precisión, de los estados económico-financieros y demás documentos contables, debe estar secundada por una valoración especializada que permita "desmenuzar" los números por dentro, evaluar tendencias y efectuar el alerta oportuno ante cualquier violación de las normas y procedimientos o la sospecha de un presunto hecho delictivo.

Solo de esta manera pueden detectarse problemas (con visión preventiva y no "para hacerle la autopsia al muerto"), que de prolongarse en el tiempo inciden luego en el deterioro de los indicadores de eficiencia, disparan las pérdidas económicas, multiplican la cadena de impagos y repercuten definitivamente en una negativa gestión empresarial.

Con toda lógica, los propios miembros de la ANEC en sus asambleas han definido que el funcionamiento de una sección de base no puede evaluarse de manera favorable en una etapa determinada, si en la entidad donde ejerce su influencia, los resultados económicos y productivos dejan que desear.

Por supuesto, esa unidad de acción solo será posible sobre la base de una autoridad bien ganada, fruto de una elevada profesionalidad, sentido de la ética, exigencia, control, estrecha vinculación con la base productiva y participación directa en la solución de los problemas que entorpecen la buena marcha de la economía allí donde se generan los bienes y servicios.

Vale insistir igualmente en la actitud a asumir por los directivos, en el sentido de apoyarse y respaldar mucho más a sus equipos económicos, tomarlos en cuenta, dejarse asesorar, intercambiar experiencias y convocarlos a participar, máxime cuando se sabe que existen aún administradores con evidentes lagunas en su formación integral sobre tales tópicos.

Atender los departamentos económicos significa también crearles las condiciones medianamente aceptables para el desempeño de sus funciones, pues mientras en determinadas empresas existen oficinas donde trabajar constituye una verdadera satisfacción, en otras el hacinamiento, el desorden y el abandono, en nada contribuyen a que prevalezca en el lugar un ambiente de control y disciplina.

El proceso orgánico previo al VII Congreso de la ANEC, a efectuarse del 13 al 15 de junio próximos, constituye, pues, el momento preciso para corregir el rumbo donde no estén claros los propósitos, destrabar entuertos burocráticos y encauzar todas las voluntades posibles en la materialización de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

Para ello la organización de los economistas cubanos cuenta, entre otras fortalezas, con un reconocido aval en la integración de los conocimientos científicos y los saberes académicos con la práctica cotidiana, presente hoy en las más diversas esferas de la producción y los servicios, como muestra de responsabilidad y compromisos compartidos.

 

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