Desempleo crónico, flagelo social en Estados Unidos

JORGE V. JAIME

El Desempleo de Largo Plazo (DLP), una estadística opacada en los datos federales, es la irregularidad social más lacerante para millones de familias estadounidenses y un ejemplo de que Washington arrastra asignaturas pendientes en el capítulo de los derechos humanos.

Desde el 2010 casi la mitad de los graduados universitarios estadounidenses han tenido que aceptar trabajos de menor categoría profesional.

A las personas que han estado buscando empleos durante seis meses o más se sumaron otros 120 mil individuos durante el primer trimestre del 2013, y entremezclados con un remanente general de 12 millones de desocupados, actualmente la tasa de paro a largo término es la peor desde 1948.

El gobierno central en Washington tendría que activar un programa que creara más de 190 mil posiciones laborales cada mes para poder, después de ocho años, resolver la situación de los ciudadanos en el paro prolongado, calculó la organización no gubernamental Hamilton Project.

Sin embargo, en el contexto de un embargo de capitales gubernamentales por valor de 85 mil millones de dólares, trascendió que la administración del presidente Barack Obama decidió recortar en un 10 % los subsidios para los nacionales perjudicados por el DLP.

Según las definiciones oficiales, conocidas como Rango U-3, y dentro de una fuerza laboral de 156 millones de personas, la tasa nacional de desempleo ha estado bordeando el 8 % desde el 2012. Empero lo aceptable para los expertos sería una tasa de entre 4 % y 5 %.

No obstante, es conocido que las estadísticas oficiales son engañosas porque no consideran a individuos que ya dejaron de buscar trabajo, ni tienen en cuenta la calidad del puesto obtenido o el acápite del subempleo. Por la sumatoria real de todos estos números, indica el foro Bipartisan Policy Center, la tasa sería del 15 %, y no del 7,7 %, como afirma Washington.

En febrero último, cuando el Departamento de Trabajo informó que el mercado había adicionado 236 mil empleos, un ejército de 6,8 millones de individuos en el paro no fueron anotados como desocupados porque se cansaron de caminar, de buscar opciones para ganarse el sustento diario.

Uno de cada seis niños en Estados Unidos tiene un padre en el paro o subempleado, lo que arroja un total de 6,2 millones de infantes que viven en hogares donde al menos un pariente cercano o tutor está sin trabajo, informó el grupo First Focus Urban Institute. El total de infantes en estas circunstancias asciende a 12,1 millones cuando la variable del subempleo es incluida en la cuenta, agregó un comunicado de la misma organización privada.

Casi la mitad de los graduados universitarios estadounidenses desde el 2010 han tenido que aceptar trabajos de menor categoría profesional como taxistas, vendedores minoristas o empleados de mantenimiento, confirmó otro estudio institucional.

Por otra parte, la recesión ha perjudicado más a los hombres estadounidenses y en el camino hacia la recuperación económica estos están acaparando puestos antes ocupados por las mujeres, como la educación privada, el sector de la salud o la rama farmacéutica, reveló una investigación de la agencia Bloomberg y The Washington Post.

Al mismo tiempo, las mujeres están perdiendo presencia en las gobernaciones estaduales y municipales, entre otros departamentos donde se solicita un alto nivel de experiencia profesional o recomendaciones específicas.

El 69 % de los norteamericanos cree que hoy para los jóvenes resulta mucho más difícil encontrar empleo que cuando sus parientes enfrentaban igual trance. En este segmento de la población, el nivel de ocupación laboral ha decaído en un 54,3 % durante los últimos cuatro años, el peor número entre todas las estadísticas registradas desde 1948.

Al final del 2011, el nivel de desempleo de los estadounidenses entre 18 y 24 años era de 16,3 %, muy por encima del 8,8 % promedio para los adultos entre 25 y 64 años. (Fragmentos tomados de Prensa Latina)

 

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