Proeza bajo el sol

Freddy Pérez Cabrera

Obreros, técnicos y directivos hicieron posible la reanimación de la antigua planta productora de traviesas de hormigón, conocida como CUBA 71, lo cual lograron concretar en menos de un año.

La producción de la planta es de vital importancia para la reanimación del ferrocarril cubano.

Impresiona ver a un colectivo laborar con tanto ahínco y desvelo como este, que se afincó a fin de materializar un proyecto de vital trascendencia para la reanimación del ferrocarril cubano, además de apoyar otros planes económicos importantes desarrollados en estos momentos en la zona del Mariel.

Fue realmente una proeza lo edificado allí, en medio de una extensa explanada ubicada en las afueras de la ciudad de Santa Clara, con decenas de hombres ataviados con camisas de mangas largas, sombreros alones, gorras o cascos, bajo el abrasador sol del trópico.

El esfuerzo es parejo, sin importar la edad o las condiciones físicas de cada quien. Lo mismo puede verse laborar con firmeza al jovencito Jasiel Miranda, quien no supera los 20 años, que al ensamblador de moldes, Jacinto Alonso Gallardo, un veterano de 80 años quien se reincorporó a la dura faena.

Según cuenta Jorge Pérez Ventosa, otro experimentado obrero de 72 años a quien todos llaman el Capitán, cuando escuchó hablar de la intención de reanimar la planta, pensó para sí, "esta gente se ha vuelto loca, ese muerto no hay quien lo levante".

Sin embargo, como todo obrero de vergüenza fue para allí y metió manos a la obra, correspondiéndole a él una de las misiones más difíciles: echar a andar las viejas grúas que moverían las vigas.

"Usted ve estas manos que no le caben un machucón más, eso se lo debo a este trabajo. Pero cuánta satisfacción poder ver ahora cómo la fábrica produce las primeras traviesas, y contemplar, además, a esas grúas moverse de un lado a otro transportando la carga", expresa con orgullo el Capitán.

A su lado, Yosvany Roque, jefe de la brigada de preparación, quien a pesar de no rebasar los 30 años, comanda con éxito a una cuadrilla de 12 jóvenes encargados, entre otras tareas, de colocar las planchuelas por donde corre el alambrón que da fortaleza a la viga.

"Aquí cada quien sabe su función y la cumple con naturalidad. Mire, usted ve aquel muchacho que está allí —se refiere a Jasiel Miranda—, ese es capaz de levantarse cada día a las 5:00 a.m. para llegar a tiempo al trabajo, porque es de Güinia de Miranda, y como ve es un león en su ocupación, y así son todos", expresa Yosvany.

Por su parte, el jefe de la brigada de riego de alambres, Alfredo Moya, refiere que el trabajo es muy fuerte. "Es dura la faena no crea, pero siento un gran placer por haber regresado a este centro después de casi 15 años de paralizada la planta. No sabe la alegría tan grande que sentí al ver las primeras traviesas salir de los moldes", opina el recio trabajador.

Uno de los responsables directos de esta proeza es Yuniesky Enrique Villar, jefe de toda la brigada, quien desde el primer día ha estado al frente del colectivo, insuflándole motivación, sin otro estímulo que la satisfacción del deber cumplido.

"Aquí no hemos podido ofrecer siquiera buenos salarios, porque al no haber producción no teníamos como fundamentarlo, sin embargo la gente se mantuvo firme gracias a la unidad lograda y a la convicción que teníamos todos de la trascendencia del propósito, la cual, junto a la dirección de la Empresa de Prefabricados, supimos llevarla al resto de los trabajadores", reconoce Enrique Villar.

Gracias al notable empeño, hoy el país puede disponer de una nueva planta, que cuando esté a plena capacidad será capaz de aportar unas 110 mil traviesas al año, en las 11 líneas habilitadas al efecto.

 

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