Impresiona ver a un colectivo laborar con tanto ahínco y desvelo
como este, que se afincó a fin de materializar un proyecto de vital
trascendencia para la reanimación del ferrocarril cubano, además de
apoyar otros planes económicos importantes desarrollados en estos
momentos en la zona del Mariel.
Fue realmente una proeza lo edificado allí, en medio de una
extensa explanada ubicada en las afueras de la ciudad de Santa
Clara, con decenas de hombres ataviados con camisas de mangas
largas, sombreros alones, gorras o cascos, bajo el abrasador sol del
trópico.
El esfuerzo es parejo, sin importar la edad o las condiciones
físicas de cada quien. Lo mismo puede verse laborar con firmeza al
jovencito Jasiel Miranda, quien no supera los 20 años, que al
ensamblador de moldes, Jacinto Alonso Gallardo, un veterano de 80
años quien se reincorporó a la dura faena.
Según cuenta Jorge Pérez Ventosa, otro experimentado obrero de 72
años a quien todos llaman el Capitán, cuando escuchó hablar de la
intención de reanimar la planta, pensó para sí, "esta gente se ha
vuelto loca, ese muerto no hay quien lo levante".
Sin embargo, como todo obrero de vergüenza fue para allí y metió
manos a la obra, correspondiéndole a él una de las misiones más
difíciles: echar a andar las viejas grúas que moverían las vigas.
"Usted ve estas manos que no le caben un machucón más, eso se lo
debo a este trabajo. Pero cuánta satisfacción poder ver ahora cómo
la fábrica produce las primeras traviesas, y contemplar, además, a
esas grúas moverse de un lado a otro transportando la carga",
expresa con orgullo el Capitán.
A su lado, Yosvany Roque, jefe de la brigada de preparación,
quien a pesar de no rebasar los 30 años, comanda con éxito a una
cuadrilla de 12 jóvenes encargados, entre otras tareas, de colocar
las planchuelas por donde corre el alambrón que da fortaleza a la
viga.
"Aquí cada quien sabe su función y la cumple con naturalidad.
Mire, usted ve aquel muchacho que está allí —se refiere a Jasiel
Miranda—, ese es capaz de levantarse cada día a las 5:00 a.m. para
llegar a tiempo al trabajo, porque es de Güinia de Miranda, y como
ve es un león en su ocupación, y así son todos", expresa Yosvany.
Por su parte, el jefe de la brigada de riego de alambres, Alfredo
Moya, refiere que el trabajo es muy fuerte. "Es dura la faena no
crea, pero siento un gran placer por haber regresado a este centro
después de casi 15 años de paralizada la planta. No sabe la alegría
tan grande que sentí al ver las primeras traviesas salir de los
moldes", opina el recio trabajador.
Uno de los responsables directos de esta proeza es Yuniesky
Enrique Villar, jefe de toda la brigada, quien desde el primer día
ha estado al frente del colectivo, insuflándole motivación, sin otro
estímulo que la satisfacción del deber cumplido.
"Aquí no hemos podido ofrecer siquiera buenos salarios, porque al
no haber producción no teníamos como fundamentarlo, sin embargo la
gente se mantuvo firme gracias a la unidad lograda y a la convicción
que teníamos todos de la trascendencia del propósito, la cual, junto
a la dirección de la Empresa de Prefabricados, supimos llevarla al
resto de los trabajadores", reconoce Enrique Villar.
Gracias al notable empeño, hoy el país puede disponer de una
nueva planta, que cuando esté a plena capacidad será capaz de
aportar unas 110 mil traviesas al año, en las 11 líneas habilitadas
al efecto.