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Aniversario 45 de la Educación Superior en
Camagüey Retos y realidades de
una facultad fundadora
Miguel Febles
Hernández
Reconocida por sus aportes en la formación de especialistas
altamente calificados y su contribución al desarrollo económico del
país, la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad
Ignacio Agramonte y Loynaz de Camagüey, tiene también el privilegio
de ser el núcleo fundador de esa alta casa de estudios.
El
decano Iván (izquierda) y el doctor Corvisón: dos generaciones
empeñadas en la formación de profesionales para el sector
agropecuario.
Así se le considera, pues la génesis de la educación superior en
la provincia se remonta al 6 de noviembre de 1967 —hará pronto 45
años— cuando se inician los estudios de la carrera de Agronomía en
aulas del entonces Instituto Tecnológico de la Caña Álvaro Barba
Machado de la ciudad cabecera.
Por aquella lejana fecha, Rodolfo Corvisón Morales, agrimensor de
profesión, fue llamado para impartir Dibujo Técnico y Topografía,
decisión que marcó definitivamente su destino, vinculado siempre con
la docencia, la investigación y el quehacer educativo de las nuevas
generaciones de estudiantes.
El
vínculo con las unidades productivas constituye requisito
indispensable en la preparación de los futuros médicos veterinarios.
"Poco tiempo después, recuerda, se decide el traslado de la sede
para la Finca San Isidro, uniéndose las carreras de Agronomía y
Pedagogía, momento que distinguió el proceso de formación de la que
sería la primera universidad creada por la Revolución".
Como no era titulado universitario, Corvisón aprovechó bien la
pasión por el estudio y las ansias de aprendizaje para matricular y
vencer la carrera de Ingeniería Pecuaria, seguir el camino de la
superación profesional y coronar todo el esfuerzo intelectual e
investigativo con el Doctorado en Ciencias Veterinarias.
"Transcurridos estos 45 años, confiesa, puedo decir que me siento
muy satisfecho, pues los sueños con que asumimos aquella etapa
fundacional se hicieron realidad, al contar con una Facultad que ha
tenido un crecimiento vertiginoso y ha hecho significativos aportes
a la agricultura y a la ganadería del territorio".
Profesor de Mérito de la universidad camagüeyana, Rodolfo
Corvisón Morales hace caso omiso a sus setenta años de edad, para
mantener aún una activa labor de asesoría y dirección de líneas de
investigación que coadyuven al proceso de recuperación y desarrollo
del sector agropecuario local.
A TONO CON LAS EXIGENCIAS DEL MOMENTO
Según cifras ofrecidas por el decano Iván Pérez García, la
Facultad de Ciencias Agropecuarias ha graduado en toda su historia 3
420 profesionales, fuerza técnica especializada que ha contribuido,
de manera decisiva a que Camagüey produzca hoy alrededor del 25 % de
la leche y la carne del país.
Sin embargo, el claustro de 85 profesores tiene plena conciencia
de que los retos actuales son más complejos, pues se trata de
transformar la base productiva, con la aplicación de los adelantos
científico-técnicos, y que se revierta en rendimientos,
productividad y eficiencia superiores a lo logrado hasta ahora.
"Tenemos que formar a un profesional que sea capaz de solucionar
los problemas de la producción. Esa debe ser nuestra contribución
principal a la luz de la política trazada por el país, que ha
apostado por explotar mucho mejor los recursos disponibles,
específicamente, la tierra", explica Iván Pérez.
Para ello, la Facultad actualiza los programas académicos y
perfecciona el contenido de las prácticas preprofesionales de los
estudiantes de las carreras de Veterinaria y Agronomía, además de
estrechar los vínculos del Centro de Estudios para el Desarrollo de
la Producción Animal con las granjas y cooperativas del territorio.
"A partir de la entrega de tierras en usufructo, informa el
decano, tenemos además un volumen amplio de trabajo, pues es un
sector no estatal necesitado de capacitación, al que es preciso
transferirle tecnologías y buenas prácticas, y con el cual debe
hacerse una fuerte labor de extensionismo".
La matrícula actual de la Facultad en el curso regular diurno es
de 149 alumnos, más otros 500 que estudian en las doce sedes
municipales, cifras insuficientes para cubrir las necesidades del
sector, no obstante, se maneja la posibilidad real de incrementar
capacidades en las especialidades de Veterinaria y Agronomía.
"Aunque se observa cierta mejoría, comenta Iván Pérez, todavía
ese déficit se da por tabúes hacia las carreras agropecuarias, a lo
que se une el insuficiente reconocimiento social de los
profesionales del sector, si se tiene en cuenta que este es un país
eminentemente agrícola, amén de otras ramas prioritarias".
CARIÑO ESPECIAL POR EL CENTRO FORMADOR
"Quise ser ingeniero naval, recuerda el doctor en Ciencias Raúl
Viera, pero a la larga seguí los pasos de mi hermano mayor, que en
ese entonces estudiaba Ingeniería Pecuaria. Poco a poco me fui
motivando, sobre todo en lo que concierne al estudio de los pastos,
hasta quedar reafirmada mi vocación por esta especialidad".
Cuenta que varios años después sobre ese asunto versaría
precisamente su tesis de doctorado, al hacer una evaluación en
condiciones comerciales de la aplicación en Cuba del sistema de
pastoreo racional Voisin.
"Contrario a lo que pudiera pensarse, aclara el profesor titular,
nuestros egresados tienen un perfil muy amplio. Por solo poner
algunos ejemplos: pueden trabajar en las unidades agrícolas o
pecuarias, en las industrias láctea o cárnica, en los institutos de
investigación o en los servicios aduaneros".
Insiste el doctor Guevara en que el principal recurso del centro
es el humano: "Son educadores de muchos años de experiencia, alto
sentido de pertenencia, elevada calificación y sólida preparación
metodológica y pedagógica, que constituyen una cantera de formación
inagotable".
"En el seno de ese colectivo, refiere, crecí como profesional y
como ser humano. Tengo un cariño especial por mi Facultad, que ha
sabido superar las dificultades materiales y fortalecerse en el
orden docente y en el quehacer investigativo en pos del desarrollo
agropecuario de la provincia". |