El bloqueo del tráfico fluvial se hizo el lunes para que el
servicio de guardacostas pudiera medir la profundidad y poner nuevos
marcadores que permitan a los navíos circular sin riesgo de
encallar. Un centenar de embarcaciones se han visto afectadas,
esperando a que se abriera el paso a la altura de Greenville, donde
el agua está a un nivel que no se veía desde 1998.
El Cuerpo de Ingenieros de la armada, entre tanto, ya retira
tierra del fondo con el fin de habilitar la profundidad necesaria
para que pueda seguir siendo navegable. Por ese canal transitan las
barcazas que transportan materias primas como carbón y productos
agrícolas desde el centro del país hacia el golfo de México. Si se
pierde el río, el efecto es como el de cerrar una autopista
interestatal.
Los cultivos de soja y trigo necesitan con urgencia la lluvia;
los de maíz ya sufren daños irreversibles.
Se trata de la mayor sequía que sufre EE.UU. desde 1956. Empezó
en el medio oeste y la mancha roja de los mapas que distribuye el
Departamento de Agricultura se hace cada vez más intensa y cubre ya
más de la mitad de los condados. El primer efecto se notó en las
plantaciones de maíz. La falta de agua afectó al proceso de
polinización del cereal, lo que provocó daños irreversibles.
Ahora lo que está en peligro son la soja y el trigo, que
necesitan con urgencia de las lluvias. Eso explica los precios
récord en los mercados mundiales de derivados y la preocupación
creciente tanto de las Naciones Unidas como del Banco Mundial por su
impacto en la cadena de suministro de alimentos con origen en EE.UU.
hacia países importadores de cereal más vulnerables.
El pasado julio ha sido el más caluroso desde que se iniciaron
los registros de temperaturas. Los precios para las entregas de maíz
ya estaban ese mes al doble de lo que se pagaba hace cuatro años,
cuando la última crisis alimentaria inició su espiral e hizo temblar
a los países asiáticos y africanos. Rusia ya se está planteando
limitar sus exportaciones para cubrir la demanda interna.
EE.UU. es el mayor productor mundial tanto de maíz como de soja.
La sequía va a provocar que la producción del cereal se sitúe este
año en su nivel más bajo desde el 2006. En el caso del trigo, es el
tercer mayor exportador del mundo, pero el valor nutricional de este
es mucho mayor que el del maíz, lo que crea mayores problemas para
los países que dependen de esta materia prima.
Si las lluvias no llegan pronto, el impacto económico de la
sequía puede también trastocar la campaña a las presidenciales de
noviembre. La Casa Blanca asegura a los agricultores y ganaderos
afectados que se movilizarán recursos para ayudarlos. Pero las arcas
públicas en EE.UU. también están secas por la abultada deuda que
arrastra la nación, que supera su Producto Interior Bruto.
Para complicar aún más las cosas, la sequía se cuela también en
el debate sobre la dependencia energética de EE.UU. Los productores
de carne, como también hizo días atrás la ONU, piden a Washington
que reduzca la cuota del cereal destinado a la producción de etanol
para así reducir la presión en el precio de los alimentos. La
industria cree que esta medida no tendrá un gran efecto.