Como
sabemos, en los ya inminentes Juegos de la XXX Olimpiada, en
Londres, Gran Bretaña, no habrá representación cubana en los
deportes colectivos.
He escuchado diversas explicaciones. Los técnicos hablan de poco
roce internacional, otros de planificación de la forma deportiva,
del exigente calendario internacional, en el cual se incluyen las
competencias preolímpicas; que el nivel del mundo se ha elevado
muchísimo; que el profesionalismo y la exagerada comercialización de
la actividad laceran a los países más pobres, despojándolos de los
mejores talentos; algunos esgrimen razones económicas, pues se trata
de colectivos, que además de jugadores, llevan entrenadores,
médicos, paramédicos, instalaciones con algunas dimensiones y
requerimientos. Hasta se ha dicho que es mucha la inversión para
solo una medalla.
Citamos algunas de esas razones, únicamente para darlas a
conocer, pues lo que nos motiva es abordar una de la que sí no hemos
oído ninguna opinión y que a nuestro juicio pasa por el centro del
problema de nuestro desarrollo deportivo, no solo de los deportes
colectivos, sino de otras disciplinas.
En el deporte hay que invertir más en la base de la pirámide que
en la cima. ¿Por qué? Cuesta menos aunque sean más, y da mucho más
resultados, tanto en el orden deportivo, como en el de la formación
de valores, y en consecuencia en la de un ser humano más preparado
integralmente.
No pocas veces hemos escuchado críticas a un certamen de
baloncesto que llamamos Liga Superior, con solo seis u ocho equipos,
o a un campeonato nacional de ese deporte, sin representación de
todas las provincias; similares señalamientos al voleibol, con
certámenes del país que no rebasan los cuatro conjuntos
participantes; o las vicisitudes de la campaña de fútbol, todo lo
cual afecta la calidad, de lo que tampoco está exenta la priorizada
Serie Nacional de Béisbol.
¿Cuántas veces no hemos escuchado que falta nivel en nuestros
campeonatos nacionales, aduciendo muchos de los entrenadores, de
cualquier modalidad, colectiva o individual, que los atletas llegan
a ese escalón con defectos técnicos o con poco desarrollo del
pensamiento táctico? Insisto, no es solo en los deportes colectivos;
por ejemplo, llevamos años repitiéndonos la crítica de la ausencia
de velocistas en el atletismo.
Me he referido al pensamiento fundacional del deporte
revolucionario durante varios años, que no es otro que el
pensamiento del Comandante en Jefe. "Cuando cada muchacho
encuentre en la ciudad, en el pueblo, en el barrio, un lugar
apropiado para desarrollar sus condiciones físicas y dedicarse por
entero a la práctica del deporte de su preferencia, habremos visto
satisfecho el deseo de todos los que hemos hecho esta Revolución".
No lo dijo ayer en una Reflexión, fue el 14 de abril de 1959.
Es decir, la base de esa pirámide está identificada, es la
comunidad misma, y en ella una institución es el centro: la escuela.
Tenemos más de 7 000 primarias, más de 1 000 secundarias, más de 100
preuniversitarios en la ciudad, por solo citar una parte, porque se
cuentan también por cientos las instituciones de otros tipos de
enseñanza. Si cada una tuviera un equipo de baloncesto, uno de
béisbol, otro de fútbol... y realizara competencias en el municipio
entre cada una, según el nivel de enseñanza, con el profesor de
educación física de protagonista junto a los técnicos y entrenadores
del territorio, generaríamos un movimiento de potencialidades que no
seríamos capaces de medir por su impacto, incluso, en la vida social
de la localidad.
Es cierto que debería dotarse a cada escuela de los implementos
deportivos, pero en el orden económico un campeonato de larga
duración entre esos centros escolares no llevaría ni alojamiento, ni
comida, ni grandes gastos en transporte, porque se hace en la
localidad. Luego cada municipio podría hacerse representar en la
justa provincial por la escuela campeona, y después a nivel regional
con la formación que triunfe, en una estructura que defina el
ganador occidental, el central y oriental, que dirimirían finalmente
la condición de campeón nacional.
Serían unos verdaderos Juegos Escolares, durante todo el año, que
aportarían, además, valores como el sentido de pertenencia a la
escuela, la actitud de representar a sus compañeros, la posibilidad
de que el estudiantado vaya a apoyar a los suyos con el estandarte
de su institución.
Para esto es vital que los ministerios de educación y el INDER
acuerden un espacio para la práctica deportiva (algo que hoy no
existe en la escuela), es solo ponerse de acuerdo, sin que se afecte
el proceso docente educativo, que por demás saldría fortalecido,
pues no podría participar en el deporte quien no sea un buen
estudiante y no sea un alumno disciplinado.
Sí, requiere trabajo, inversión inicial, pero no solo
obtendríamos un mejor ser humano, una escuela más prestigiosa, sino
que el subproducto sería una cantera inagotable de talentos y en
consecuencia medallas en la alta competición.
No negamos la elevada especialización, es decir, las escuelas
deportivas, entiéndase EIDE, la cual debería insertarse de manera
inteligente en un sistema como este, compitiendo ese muchacho por el
centro de donde promovió a ese escalón.
Recuerdo que hablé con Enrique Figuerola, nuestro primer
medallista olímpico del deporte revolucionario, y del atletismo,
sobre la idea de los Festivales de Velocidad me dijo: "no se por qué
no lo hacemos, es sencillo y solo así podríamos ver el talento. De
otra manera sería buscar la aguja en un pajar a un costo altísimo y
sin resultados como hasta ahora". En julio del 2010, Alberto
Juantorena, ante un nutrido grupo de profesores de educación física
en Guantánamo, expresó: "el futuro del deporte cubano depende de la
seriedad del trabajo en el centro de estudio, la institución más
importante de cualquier comunidad".
Y lo sabe él más que nadie, no solo por coronarse bicampeón
olímpico en 400 y 800 metros, algo único en la historia atlética,
sino porque no era corredor, jugaba baloncesto desde muchacho, pero
alguien lo vio en el partido y le dijo, tú podrías ser campeón de
atletismo. Sobran los comentarios.
Saquemos las cuentas y analicemos que si no regamos las raíces,
el árbol no crecerá, aunque le pongamos todo el dinero del mundo
arriba, que sería lo mismo que echar dinero en saco roto, porque ni
tendríamos un verdadero movimiento deportivo, y mucho menos
medallas.