La ecuación del Desarrollo Deportivo

Invertir más en la base de la pirámide que en la cima

OSCAR SÁNCHEZ SERRA

Foto: Ricardo López HeviaComo sabemos, en los ya inminentes Juegos de la XXX Olimpiada, en Londres, Gran Bretaña, no habrá representación cubana en los deportes colectivos.

He escuchado diversas explicaciones. Los técnicos hablan de poco roce internacional, otros de planificación de la forma deportiva, del exigente calendario internacional, en el cual se incluyen las competencias preolímpicas; que el nivel del mundo se ha elevado muchísimo; que el profesionalismo y la exagerada comercialización de la actividad laceran a los países más pobres, despojándolos de los mejores talentos; algunos esgrimen razones económicas, pues se trata de colectivos, que además de jugadores, llevan entrenadores, médicos, paramédicos, instalaciones con algunas dimensiones y requerimientos. Hasta se ha dicho que es mucha la inversión para solo una medalla.

Citamos algunas de esas razones, únicamente para darlas a conocer, pues lo que nos motiva es abordar una de la que sí no hemos oído ninguna opinión y que a nuestro juicio pasa por el centro del problema de nuestro desarrollo deportivo, no solo de los deportes colectivos, sino de otras disciplinas.

¿CUÁL ES ESA VARITA MÁGICA O TESORO ESCONDIDO?

En el deporte hay que invertir más en la base de la pirámide que en la cima. ¿Por qué? Cuesta menos aunque sean más, y da mucho más resultados, tanto en el orden deportivo, como en el de la formación de valores, y en consecuencia en la de un ser humano más preparado integralmente.

No pocas veces hemos escuchado críticas a un certamen de baloncesto que llamamos Liga Superior, con solo seis u ocho equipos, o a un campeonato nacional de ese deporte, sin representación de todas las provincias; similares señalamientos al voleibol, con certámenes del país que no rebasan los cuatro conjuntos participantes; o las vicisitudes de la campaña de fútbol, todo lo cual afecta la calidad, de lo que tampoco está exenta la priorizada Serie Nacional de Béisbol.

¿Cuántas veces no hemos escuchado que falta nivel en nuestros campeonatos nacionales, aduciendo muchos de los entrenadores, de cualquier modalidad, colectiva o individual, que los atletas llegan a ese escalón con defectos técnicos o con poco desarrollo del pensamiento táctico? Insisto, no es solo en los deportes colectivos; por ejemplo, llevamos años repitiéndonos la crítica de la ausencia de velocistas en el atletismo.

Me he referido al pensamiento fundacional del deporte revolucionario durante varios años, que no es otro que el pensamiento del Comandante en Jefe. "Cuando cada muchacho encuentre en la ciudad, en el pueblo, en el barrio, un lugar apropiado para desarrollar sus condiciones físicas y dedicarse por entero a la práctica del deporte de su preferencia, habremos visto satisfecho el deseo de todos los que hemos hecho esta Revolución". No lo dijo ayer en una Reflexión, fue el 14 de abril de 1959.

Es decir, la base de esa pirámide está identificada, es la comunidad misma, y en ella una institución es el centro: la escuela. Tenemos más de 7 000 primarias, más de 1 000 secundarias, más de 100 preuniversitarios en la ciudad, por solo citar una parte, porque se cuentan también por cientos las instituciones de otros tipos de enseñanza. Si cada una tuviera un equipo de baloncesto, uno de béisbol, otro de fútbol... y realizara competencias en el municipio entre cada una, según el nivel de enseñanza, con el profesor de educación física de protagonista junto a los técnicos y entrenadores del territorio, generaríamos un movimiento de potencialidades que no seríamos capaces de medir por su impacto, incluso, en la vida social de la localidad.

Es cierto que debería dotarse a cada escuela de los implementos deportivos, pero en el orden económico un campeonato de larga duración entre esos centros escolares no llevaría ni alojamiento, ni comida, ni grandes gastos en transporte, porque se hace en la localidad. Luego cada municipio podría hacerse representar en la justa provincial por la escuela campeona, y después a nivel regional con la formación que triunfe, en una estructura que defina el ganador occidental, el central y oriental, que dirimirían finalmente la condición de campeón nacional.

Serían unos verdaderos Juegos Escolares, durante todo el año, que aportarían, además, valores como el sentido de pertenencia a la escuela, la actitud de representar a sus compañeros, la posibilidad de que el estudiantado vaya a apoyar a los suyos con el estandarte de su institución.

Para esto es vital que los ministerios de educación y el INDER acuerden un espacio para la práctica deportiva (algo que hoy no existe en la escuela), es solo ponerse de acuerdo, sin que se afecte el proceso docente educativo, que por demás saldría fortalecido, pues no podría participar en el deporte quien no sea un buen estudiante y no sea un alumno disciplinado.

Sí, requiere trabajo, inversión inicial, pero no solo obtendríamos un mejor ser humano, una escuela más prestigiosa, sino que el subproducto sería una cantera inagotable de talentos y en consecuencia medallas en la alta competición.

No negamos la elevada especialización, es decir, las escuelas deportivas, entiéndase EIDE, la cual debería insertarse de manera inteligente en un sistema como este, compitiendo ese muchacho por el centro de donde promovió a ese escalón.

Recuerdo que hablé con Enrique Figuerola, nuestro primer medallista olímpico del deporte revolucionario, y del atletismo, sobre la idea de los Festivales de Velocidad me dijo: "no se por qué no lo hacemos, es sencillo y solo así podríamos ver el talento. De otra manera sería buscar la aguja en un pajar a un costo altísimo y sin resultados como hasta ahora". En julio del 2010, Alberto Juantorena, ante un nutrido grupo de profesores de educación física en Guantánamo, expresó: "el futuro del deporte cubano depende de la seriedad del trabajo en el centro de estudio, la institución más importante de cualquier comunidad".

Y lo sabe él más que nadie, no solo por coronarse bicampeón olímpico en 400 y 800 metros, algo único en la historia atlética, sino porque no era corredor, jugaba baloncesto desde muchacho, pero alguien lo vio en el partido y le dijo, tú podrías ser campeón de atletismo. Sobran los comentarios.

Saquemos las cuentas y analicemos que si no regamos las raíces, el árbol no crecerá, aunque le pongamos todo el dinero del mundo arriba, que sería lo mismo que echar dinero en saco roto, porque ni tendríamos un verdadero movimiento deportivo, y mucho menos medallas.

 

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