En pleno pulso por el control el poder legislativo en Egipto, la
Junta Militar y los Hermanos Musulmanes reafirmaron sus posturas
durante las últimas horas, lo que indica que el conflicto puede ir
para largo.
Este último capítulo de la lucha de poder entre la Hermandad y la
Junta Militar se inició cuando los generales disolvieron el
Parlamento a mediados de junio tras una sentencia del
Constitucional. El pasado domingo, el presidente Morsi revocó esa
decisión, y rehabilitó la Cámara Baja, donde su partido goza de una
cómoda mayoría.
Después de haber mantenido un largo silencio, anoche la Junta
Militar emitió un comunicado público en el que defiende su decisión
de disolver el Parlamento, asegurando que se limitó a cumplir la
ley. "Desde que asumió sus responsabilidades, la Junta nunca ha
recurrido a medidas excepcionales [...] enfatizando la importancia
de la legitimidad de la ley y la Constitución para preservar el
estatus del Estado", reza el comunicado, en el que insta a todas las
instituciones a respetar el Estado de Derecho.
Los Hermanos Musulmanes, por su parte, han convocado para esta
tarde a una manifestación "millonaria" en Tahrir de apoyo al
presidente Morsi. El lunes por la noche, docenas de jóvenes
militantes islamistas se congregaron ya en la mítica plaza del
centro de El Cairo para preparar la logística de la jornada
reivindicativa.
Además, en otro gesto desafiante, el presidente de la Asamblea
Popular, el islamista Saad Katatny, ha presidido hoy una sesión de
la Cámara Baja. En una de las sesiones plenarias más cortas de su
historia, la Asamblea Popular decidió esta mañana aplazar el
ejercicio de sus labores legislativas hasta que los tribunales
resuelvan su confusa situación jurídica. En una muestra de la
división social que ha suscitado el gesto de Morsi, varios partidos
laicos boicotearon la sesión parlamentaria, entre ellos el histórico
Wafd, y el Partido Social Demócrata.
Katatny ha inaugurado la sesión con un discurso en el que explicó
que "el decreto del presidente no afecta al fallo del Tribunal
Constitucional, sino a la decisión de la Junta Militar de disolver
la Asamblea del Pueblo (cámara baja)".
De acuerdo con la declaración constitucional suplementaria
aprobada de forma unilateral por la Junta Militar el pasado 17 de
junio, durante la noche de la segunda vuelta de las presidenciales,
en ausencia del Parlamento, la cúpula militar ostenta el poder
legislativo. Así pues, con la reconstitución de la Asamblea Popular
este mediodía, el país árabe contará con dos órganos que reclaman
poseer la autoridad legislativa.
El embrollo legal y político en el que se encuentra sumido el
país es fruto de la incapacidad de su clase política de alcanzar
acuerdos sobre el reparto del poder, y el diseño institucional del
Egipto post-Mubarak. Ni tan siquiera la celebración de las
presidenciales, y la investidura de su ganador, Morsi, ha servido
para situar el país en la senda de la estabilidad ansiada por la
mayoría de la población.
Mientras políticos y militares participan en una descarnada lucha
de poder, Egipto padece una situación de desgobierno. Desde la caída
de Mubarak, en febrero del 2011, diversos ejecutivos débiles han
administrado el país. Su interinidad y falta de legitimidad han
evitado que acometan las reformas profundas y urgentes que necesita
el país, con una economía al borde de la bancarrota. Diez días
después de su investidura, Morsi aún no ha nombrado su ejecutivo, y
con todas sus energías puestas en el pulso con la Junta Militar,
pueden pasar aún días hasta que Egipto conozca el nombre de su nuevo
primer ministro.
(Tomado de El País)