Mientras en la cuna de la democracia el demos acude a las urnas
para definir el destino inmediato de Grecia; mientras se disputa con
ira y dolor el intento democrático en Egipto, y mientras estudiantes
y otros en México, Chile, Canadá, España forjan democracia en las
calles, en el autoproclamado "modelo de la democracia" ante el mundo
se hace de todo para anular, corromper, distorsionar y comprar el
proceso electoral.
El asalto más espectacular contra el proceso democrático en
Estados Unidos es el del gran dinero. No es nada nuevo que don
dinero tenga más influencia que los ciudadanos en las elecciones,
pero es tan descarado el intento de comprar las elecciones
presidenciales y legislativas federales este año que pocos se
acuerdan de algo parecido. No hay duda de que serán las elecciones
más caras de la historia del país (o tal vez de cualquier país) y
que se parecen cada vez más a un espectáculo llamado "democracia",
en el que los multimillonarios son los que determinarán el futuro y
los que controlan el guion donde los millones de ciudadanos que
están convocados solo participan como actores secundarios.
La pregunta que circula es si unos cuantos mega ricos lograrán
comprar esta elección. Esta elección federal será la primera en que
se juega bajo reglas mucho menos estrictas sobre financiamiento de
campañas políticas, resultado de un fallo de la Suprema Corte del
2010, que permitió la invención de un mecanismo —conocido como el
súper PAC (Comité de Acción Política)— a través del cual los ricos,
empresas o agrupaciones pueden invertir montos sin límite para fines
electorales, siempre y cuando operen de manera "independiente" de
las campañas oficiales, todo bajo la justificación de la "libertad
de expresión".
Según cifras del Centro para la Integridad Pública (Center for
Public Integrity), el 80 % de los fondos recaudados por los PAC
proviene de solo 100 donantes (3,7 % del total). Peor aún, los 46
donantes más grandes han dado hasta la fecha 112 millones de dólares
en este ciclo a los PAC (todos con una donación mínima de más de 500
mil dólares). Este club selecto está conformado en gran parte por
mega ricos, casi todos hombres blancos y magnates, sobre todo del
sector financiero, energético o de hoteles y casinos, y la mayoría
de sus contribuciones ha sido invertida en PAC conservadores. Estos
son los que, por supuesto, están invirtiendo para favorecer al
candidato republicano Mitt Romney, pero también, aunque menos, a
Barack Obama.
Vale subrayar que algunos de estos grandes donantes, individuos,
empresas o grupos son bipartidistas. Por ejemplo, los ejecutivos de
JP Morgan dieron millones tanto a Obama como a su contrincante John
McCain en la elección del 2008, y siguen haciendo lo mismo ahora,
tanto con presidentes como con legisladores. Los legisladores del
Comité Bancario del Senado han recibido un total de 13 millones de
dólares en donaciones electorales del sector financiero en los años
pasados, y su presidente, un demócrata, está entre los mas
beneficiados por JP Morgan. Ellos son representantes del público en
asuntos del sector financiero, pero es dudoso (poco) cuáles
intereses representan. De hecho, estos políticos han pagado la
generosidad de los ricos en este caso con la desregulación del
sector financiero, la cual llevó a la crisis actual. Los más
inteligentes entre los ricos apuestan a ambos caballos para salir
ganando sin importar cuál candidato triunfe en las urnas. De hecho,
casi siempre los candidatos han tenido que ser aprobados por los
ricos aun antes de una elección.
El historiador Thomas Frank, entrevistado por el gran periodista
Bill Moyers, afirmó que "la conexión entre la riqueza privada y el
poder público y la fuerza de gobierno nunca ha estado más clara".
Señaló que se requieren millones para competir para el Senado o la
Cámara, y cuando estos son los precios para ocupar un puesto
electoral, los multimillonarios son quienes deciden quienes podrán
ganar y quienes no. "Las opciones ya se han determinado para
nosotros", antes de cualquier elección... "ellos han escogido los
dos candidatos que han ganado las primarias del dinero, y son los
dos entre los cuales los demás podemos seleccionar".
Paul Ryan, del Centro Legal de Campañas (Campaign Legal Center),
comentó a CNN Money que "las elecciones estadounidenses son
financiadas por un abanico muy reducido de intereses especiales, y
eso tiene el efecto de hacer que nuestra democracia se vea mucho más
como una plutocracia".
El historiador Thomas Frank escribió hace poco en Harper’s
Magazine que "es un mundo de los ricos. A lo largo de las décadas
pasadas, el poder del dinero concentrado ha subvertido las
profesiones, destruido a los pequeños inversionistas, destruido el
Estado regulatorio, corrompido en masa a los legisladores y llevado
repetidamente a la economía por un exprimidor. Ahora (el dinero
concentrado) ha venido por nuestra democracia misma".
Mientras tanto, hay por lo menos tres diferentes intentos
impulsados por Rick Scott, gobernador, y sus aliados conservadores
en Florida que, bajo el pretexto de combatir el fraude potencial en
las urnas (por ejemplo por inmigrantes, siempre los sospechosos),
tienen el propósito explícito de suprimir el voto de comunidades
afroestadounidenses, latinas (con la excepción de la comunidad
cubana) y otras que se oponen a los republicanos. El fraude es tan
mínimo —0,0004 %— que es obvia la jugada: hacer menos efectivo el
sufragio de miles.
Observar todo esto aquí mientras llegan noticias de la furia y
festejo de movimientos por la democracia en tantos países (con todas
sus distorsiones particulares, derrotas, brotes de violencia, etc.)
ofrece un contraste y una condena del proceso estadounidense.
Pero eso no parece avergonzar lo suficiente al gobierno
estadounidense, el cual continúa pronunciándose como el ejemplo
democrático a seguir por todo el mundo. En Estados Unidos el regalo
de Atenas se convierte en una tragedia griega.
El candidato republicano Mitt Romney y el presidente demócrata
Barack Obama serán los protagonistas de las elecciones más caras en
la historia de Estados Unidos.