Sumar imágenes de Cuba al proyecto ambientalista francés "Colores
de la Tierra", es el objetivo que trajo hasta la Isla al piloto galo
Thierry Barbier, quien arribó a esta capital, procedente de Haití,
en su avión ultraliviano.
Mostrar, desde las alturas, la belleza que aún exhibe el "planeta
azul", y dar otra voz de alarma ante las amenazas que hoy lo
acechan, animan a la organización sin fines de lucro "Objetivo
Tierra", a la que pertenece el aventurero visitante.
Horas después de aterrizar, este jueves, en el Aeropuerto
Internacional José Martí, Barbier declaró a la AIN que los miembros
del citado proyecto son calificados como Ciudadanos del Mundo,
quienes persiguen, a través de sus vuelos por el orbe, fotos
reveladoras de la madre Tierra.
Cuba es el país número 75 que visita, como parte de los viajes
que inició solo, en 1999 en Madagascar, nación insular situada en el
océano Índico, donde trabajaba como profesor de francés.
Precisó que en esta etapa lo acompaña su compatriota Francois
Dejean, quien le sirve de copiloto durante el recorrido por
República Dominicana, Haití, Jamaica, Cuba, México, Belice,
Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, el Salvador,
nuevamente el territorio mexicano y San Diego, EE.UU., donde
finalizará su periplo caribeño y americano.
Muchas de estas naciones solo las atravesó y llegó a la Isla el
pasado martes, cuando descendió en la provincia de Santiago de Cuba.
Luego de sobrevolar, también, la ciudad de Cienfuegos y Cayo
Largo, su estancia en el país caribeño debe finalizar este sábado,
si el buen tiempo lo permite.
Dijo que La Habana es la primera capital visitada con el
privilegio de no estar invadida por millones de autos, y resaltó del
pueblo cubano su alegría, tranquilidad y naturalidad.
Un sano mensaje quiso dejar a su gente:"No es el dinero lo que
determina el bienestar. Tener educación, salud, casa y la comida
necesaria, bastan para ser feliz".
El avión ultraliviano en el que viaja, puede volar a una altura
mínima de pocos pies y máxima de 15 mil. Pesa 272 kilos y alcanza
una velocidad de 65 kilómetros por hora. Está compuesto de tubos de
aluminio, tela de dacrón (tipo de lienzo sintético) y fibras de
vidrio.
Disponen de un paracaídas que protege al piloto, copiloto y toda
la maquinaria, compuesta por un motor de 800 centímetros cúbicos, de
cuatro tiempos, que consta de cuatro cilindros y utiliza gasolina
especial o regular.
Se acompañan de tan solo una carpa para dormir, un pequeño
sistema de gas para cocinar y comida para dos días.
Fiel representante del proyecto al que pertenece, el osado piloto
denunció a Estados Unidos como el mayor depredador del ambiente, y
destacó a los pueblos originarios como los mejores exponentes del
saber convivir con la naturaleza.