PINAR
DEL RÍO.— Cuando aceptaron hacerse cargo de otras cooperativas que,
ante la falta de resultados serían desintegradas, alguien los alertó
de que su historia como estructura rentable corría peligro.
Los integrantes de la CCS fortalecida 26 de Julio, sin embargo,
decidieron asumir el reto de incorporar nuevos miembros, aumentar
sus tierras, diversificar cultivos y seguir siendo eficientes, bajo
la premisa de que "en la unión está la fuerza".
Y así lo han hecho. De un total de 93 asociados, encargados casi
exclusivamente de sembrar 91 hectáreas de tabaco en 1998, hoy suman
512 productores sobre una superficie de más de 2 000 hetáreas, luego
de la paulatina asimilación de otras cuatro cooperativas.
No obstante, su situación económica, lejos de deteriorarse, es
todavía más favorable. "Aquí solamente acopiábamos tabaco y algunos
quintales de frijoles, pero esa realidad ha cambiado.
"El año pasado, por ejemplo, fueron 3 495 toneladas de arroz, 127
de frijoles, igual cantidad de carne de cerdo, y cerramos balance
con utilidades por 450 mil pesos", comenta Rogelio Ortúzar, el
presidente de la CCS.
"Además aportamos 100 toneladas de frutas y 65 mil litros de
leche. Estas últimas todavía no alcanzan cifras significativas, pero
anteriormente no entregábamos nada", agrega Ortúzar, y advierte que
tales resultados han sido posibles sin descuidar la actividad
tabacalera, de la cual partió la cooperativa.
"Hoy dedicamos a ella más del doble del área con que contábamos
al inicio y con muy buenos rendimientos. Si en nuestra primera
cosecha recolectamos 96 toneladas, los estimados en la actual
arrojan 285".
Para el destacado dirigente campesino, la clave para lograrlo se
basa en una estrategia sencilla: "Pocas reuniones, y visitar
constantemente a los productores, en la base, porque de lo contrario
no te enteras de su situación.
"Nuestros asociados tienen la certeza de que los recursos que
asignan a la CCS les llegan a ellos. Es algo que tenemos bien
definido, campesino a campesino, según los contratos, y lo
analizamos periódicamente en la asamblea.
"Este constituye un tema vital que no en todas las cooperativas
funciona. En algunos casos se desvían insumos y se "aprieta" a los
productores con el costo de los servicios de maquinaria y el margen
comercial, en busca de utilidades, y de esa manera el hombre que
está en el surco no ve los beneficios de estas estructuras".
De cuánto puede ayudar una cooperativa a la vida de su localidad,
la CCS 26 de Julio posee numerosos ejemplos. Entre ellos se incluyen
desde la construcción de una farmacia, un consultorio y la vivienda
del médico, para facilitar la presencia permanente de un galeno en
la comunidad, hasta la transportación gratuita de quien necesite
acudir a los hospitales de la ciudad de Pinar del Río o de La
Habana.
La acción de mayor impacto, sin embargo, es haber conseguido,
mediante el esfuerzo colectivo, que la electricidad llegara a la
zona, a finales de la década de 1990.
"Hicimos un compromiso con el Ministerio de la Agricultura, de
aportar un sobrecumplimiento en la producción de tabaco por un valor
equivalente al costo de la inversión".
"Al cabo de tres años, luego de un esfuerzo enorme durante varias
campañas, los tendidos llegaron acá, beneficiando a una población de
más de 1 300 personas", rememora Ortúzar.
Sobre el surco, enfrascados en plena faena, Pedro Luis Camps y
Ramón Estévez confirman cada una de sus palabras: "si se es un buen
productor y se le tiene amor al trabajo, uno siempre tendrá
resultados, haga lo que haga".