El año 2011 ha reunido todos los méritos necesarios para ser
recordado como el punto de partida del proceso de desmantelamiento
del pacto social y democrático en el que se basaron las
constituciones normativas en Europa después de la II Guerra Mundial.
El constitucionalismo que hoy conocemos se construyó en Europa
sobre el reconocimiento del pluralismo y la incorporación del
principio de Estado social en los textos o en la práctica
constitucional. A pesar de todas las deficiencias que se puedan
atribuir a los sistemas constitucionales europeos, no cabe duda de
que, en comparación con otros entornos geográficos, han supuesto un
desarrollo histórico de la Constitución como marco jurídico de
organización de la convivencia, con capacidad para canalizar y
resolver los conflictos sociales y políticos por medios
democráticos.
Un desarrollo que se vería ya afectado por el modelo de
integración europea seguido hasta ahora, que ha provocado una
pérdida de calidad democrática en los estados miembros de la Unión.
Pero la crisis económica ha impulsado de manera considerable el
debilitamiento de los procesos democráticos internos, generando un
sometimiento inaceptable a las decisiones de los gobernantes de los
países que tienen mayor capacidad económica y de autoridades de
segundo rango de la Unión Europea —desde el punto de vista
democrático— que actúan, además, fuera del marco competencial de las
instituciones.
La descomposición paulatina de las constituciones estatales
supone también la de-sintegración de Europa como proyecto político
coherente con las —hasta ahora— tradiciones constitucionales comunes
de los estados miembros.
Lo que se está produciendo no es, sin embargo, la "suspensión de
la política", ni los gobiernos que actualmente rigen algunos estados
europeos deberían caracterizarse —como se hace habitualmente— como
gobiernos "técnicos". Se trata de gobiernos "políticos" que ocultan
bajo su perfil técnico la función que se les ha encomendado: la
imposición incondicional de una determinada política limitando así
el amplio cauce del pluralismo constitucional. (Tomado de
"Público" de Madrid)