Las semillas más cercanas al agricultor

Está demostrado que el 50 % de los rendimientos son conseguidos a partir de la calidad del material de siembra

Freddy Pérez Cabrera

Dargis Machado apenas levanta la mirada de la loma de tierra que sirve de sostén para el llenado de las bolsas donde son plantadas la miles de vitroplantas que salen de la biofábrica de Villa Clara, las que luego irán a parar a las fincas de los productores privados o estatales.

La diversificación de las producciones en las biofábricas constituye una necesidad del sector productivo.

En cada turno de trabajo ella llena casi mil estuches, una tarea dura aunque reconoce que lo hace con gusto por considerar su utilidad, además de recibir un salario decoroso derivado de los rendimientos y la productividad.

A su lado, una pequeña brigada compuesta por hombres y mujeres apura el paso para satisfacer la creciente demanda de bolsas. Uno de sus integrantes, Yoel García, es el encargado de colocar los pequeños sacos de nailon en la cámara: "Antes sembrábamos cantidad y a veces la producción no tenía salida, sin embargo ahora, a pesar de entregar más de 80 000 al año, no damos abasto por el incremento de los pedidos de los agricultores adscritos al Decreto-Ley 259, quienes se llevan muchas plantas, además de las empresas de cultivos varios, que también compran un número significativo", explica.

Fotos del autorPlantas libres de enfermedades y virus, y con un alto potencial productivo salen de la biofábrica de Villa Clara.

El precio no es alto, si se tienen en cuenta los beneficios que reporta sembrar una semilla libre de enfermedades y de alto potencial productivo; así, por ejemplo, el tomate lo vendemos a 100 pesos el millar, el plátano a 1,10 pesos la planta, mientras la malanga y el ñame lo ofrecemos a 71 centavos, un precio asequible a cualquier productor.

Al respecto Allán Ramírez Diéguez, director de la institución santaclareña, explica que a partir de una labor extensionista, realizada de conjunto con la Delegación de la Agricultura en el territorio, los agricultores han tenido mayor conocimiento y acceso a las bondades de las semillas entregadas por la biofábrica, e incluso se estableció un sistema de capacitación en la propia entidad.

Diversificar de cara a la producción

Aquella triste imagen mostrada años atrás por la biofábrica villaclareña, en la cual solo existían vitroplantas de plátano burro ha quedado en el olvido. Hoy, la primera de las instituciones científicas creadas en Cuba con el objetivo de propagar semillas de calidad, de alto potencial productivo y libre de plagas y virus, muestra un rostro diferente, ya que se le han unido otros ocho clones, incluyendo algunas variedades de plátano vianda y fruta, además de contar con seis clones diferentes de malanga, de los tipos Colocasia y Sxanthosoma, así como cuatro de ñame. Y por si fuera poco, en nombre de la diversificación, también fomentan el desarrollo de las flores.

Según el director del centro, creado en 1987 por iniciativa de Fidel, máximo propulsor de aquel concepto en el país, la idea del Comandante en Jefe era poder contar con una red nacional de biofábricas, capaces de garantizar las simientes necesarias para desarrollar la agricultura cubana.

"Sin embargo, hubo un momento en que, por razones objetivas o por falta de visión, extraviamos el rumbo, concentrándonos solamente en determinadas viandas como el plátano, lo que motivó escasez y desabastecimiento de otras variedades en los mercados, y del mismo plátano, porque venía un ciclón o una plaga y nos quedábamos sin nada que ofrecer."

Fue así como, liderados por el Instituto Nacional de Investigaciones en Viandas Tropicales (INIVIT), y su director, el doctor Sergio Rodríguez, miembro del Consejo de Estado, surgió la idea de rescatar la diversificación de las biofábricas, la cual no ha transitado por caminos llanos, pero que ha ido imponiéndose en los últimos años, explica.

Gracias a la colaboración con el INIVIT y otros centros científicos, hoy podemos contar con abundante material de propagación, los llamados explantes, los cuales multiplicamos aquí, asegura Ramírez Diéguez, quien reconoce cómo ese intercambio ha dotado a la institución de una mayor disciplina técnica en el proceso de creación de las vitroplantas.

Para tener una idea de la validez de esta propuesta, expone un ejemplo. "Cuando se siembra una hectárea de malanga, a partir de semilla conseguida en una biofábrica, pueden obtenerse simientes para otras seis hectáreas, y así podemos continuar multiplicando un resultado de alto potencial productivo".

Está demostrado que el 50 % de los rendimientos son conseguidos a partir de la calidad del material de siembra, lo cual también ahorra recursos como abonos, pesticidas y petróleo, añade.

Son cuentas muy claras que todo productor debería sacar, y en esa tarea las biofábricas están llamadas a desempeñar un rol decisivo. No obstante, falta un mundo por avanzar en esta línea, de la cual dependerán, en buena medida, los rendimientos agrícolas del futuro.

 

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