En cada turno de trabajo ella llena casi mil estuches, una tarea
dura aunque reconoce que lo hace con gusto por considerar su
utilidad, además de recibir un salario decoroso derivado de los
rendimientos y la productividad.
A su lado, una pequeña brigada compuesta por hombres y mujeres
apura el paso para satisfacer la creciente demanda de bolsas. Uno de
sus integrantes, Yoel García, es el encargado de colocar los
pequeños sacos de nailon en la cámara: "Antes sembrábamos cantidad y
a veces la producción no tenía salida, sin embargo ahora, a pesar de
entregar más de 80 000 al año, no damos abasto por el incremento de
los pedidos de los agricultores adscritos al Decreto-Ley 259,
quienes se llevan muchas plantas, además de las empresas de cultivos
varios, que también compran un número significativo", explica.
El precio no es alto, si se tienen en cuenta los beneficios que
reporta sembrar una semilla libre de enfermedades y de alto
potencial productivo; así, por ejemplo, el tomate lo vendemos a 100
pesos el millar, el plátano a 1,10 pesos la planta, mientras la
malanga y el ñame lo ofrecemos a 71 centavos, un precio asequible a
cualquier productor.
Al respecto Allán Ramírez Diéguez, director de la institución
santaclareña, explica que a partir de una labor extensionista,
realizada de conjunto con la Delegación de la Agricultura en el
territorio, los agricultores han tenido mayor conocimiento y acceso
a las bondades de las semillas entregadas por la biofábrica, e
incluso se estableció un sistema de capacitación en la propia
entidad.
Aquella triste imagen mostrada años atrás por la biofábrica
villaclareña, en la cual solo existían vitroplantas de plátano burro
ha quedado en el olvido. Hoy, la primera de las instituciones
científicas creadas en Cuba con el objetivo de propagar semillas de
calidad, de alto potencial productivo y libre de plagas y virus,
muestra un rostro diferente, ya que se le han unido otros ocho
clones, incluyendo algunas variedades de plátano vianda y fruta,
además de contar con seis clones diferentes de malanga, de los tipos
Colocasia y Sxanthosoma, así como cuatro de ñame. Y por si fuera
poco, en nombre de la diversificación, también fomentan el
desarrollo de las flores.
Según el director del centro, creado en 1987 por iniciativa de
Fidel, máximo propulsor de aquel concepto en el país, la idea del
Comandante en Jefe era poder contar con una red nacional de
biofábricas, capaces de garantizar las simientes necesarias para
desarrollar la agricultura cubana.
"Sin embargo, hubo un momento en que, por razones objetivas o por
falta de visión, extraviamos el rumbo, concentrándonos solamente en
determinadas viandas como el plátano, lo que motivó escasez y
desabastecimiento de otras variedades en los mercados, y del mismo
plátano, porque venía un ciclón o una plaga y nos quedábamos sin
nada que ofrecer."
Fue así como, liderados por el Instituto Nacional de
Investigaciones en Viandas Tropicales (INIVIT), y su director, el
doctor Sergio Rodríguez, miembro del Consejo de Estado, surgió la
idea de rescatar la diversificación de las biofábricas, la cual no
ha transitado por caminos llanos, pero que ha ido imponiéndose en
los últimos años, explica.
Gracias a la colaboración con el INIVIT y otros centros
científicos, hoy podemos contar con abundante material de
propagación, los llamados explantes, los cuales multiplicamos aquí,
asegura Ramírez Diéguez, quien reconoce cómo ese intercambio ha
dotado a la institución de una mayor disciplina técnica en el
proceso de creación de las vitroplantas.
Para tener una idea de la validez de esta propuesta, expone un
ejemplo. "Cuando se siembra una hectárea de malanga, a partir de
semilla conseguida en una biofábrica, pueden obtenerse simientes
para otras seis hectáreas, y así podemos continuar multiplicando un
resultado de alto potencial productivo".
Está demostrado que el 50 % de los rendimientos son conseguidos a
partir de la calidad del material de siembra, lo cual también ahorra
recursos como abonos, pesticidas y petróleo, añade.
Son cuentas muy claras que todo productor debería sacar, y en esa
tarea las biofábricas están llamadas a desempeñar un rol decisivo.
No obstante, falta un mundo por avanzar en esta línea, de la cual
dependerán, en buena medida, los rendimientos agrícolas del futuro.