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La insurrección que desgastó el liderazgo
de los políticos tradicionales, destacó a figuras como
Guiteras. |
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El general del Ejército Libertador
Francisco Peraza, con 78 años, se alzó en Pinar del Río
con unos 20 hombres. |
El proceso revolucionario de la década del treinta constituyó uno
de los hitos más importantes de las luchas populares en Cuba durante
el siglo XX. De composición muy heterogénea desde la perspectiva
clasista e ideológica, aquella revolución significó la emergencia de
nuevos programas y grupos sociales dentro de los combates políticos
después de la frustración vivida al término de las guerras
independentistas del siglo XIX. En ese contexto, en agosto de 1931
se desarrolló un movimiento armado que destacó a fuerzas y figuras
que tendrían particular significado para el pueblo cubano, a la vez
que involucró a fuerzas populares de manera masiva en algunas de sus
acciones.
En 1930 se habían producido acontecimientos fundamentales que
marcaron el inicio de la generalización de la lucha revolucionaria.
En el centro de tales hechos estuvieron el movimiento obrero con la
huelga general de 24 horas el 20 de marzo y los actos del Primero de
Mayo, así como el movimiento estudiantil simbolizado en la llamada
"tángana" del 30 de septiembre en la cual murió Rafael Trejo. Ese
año, por tanto, fue la gran clarinada que movilizó a amplios
sectores en la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado que, en
algunos casos, llegaron al antimperialismo al comprender que ahí
estaba el centro del problema nacional cubano.
En la coyuntura señalada, se produjeron intentos de solución
desde los grupos de poder, en los cuales estuvo presente la gestión
norteamericana. Las maniobras conciliatorias "en las alturas"
fracasaron mientras la fuerza de la insurgencia popular empujaba a
la oposición hacia otros caminos. Esta situación hizo aparecer
conspiraciones, aunque débiles aún, en el cuerpo hasta entonces más
fiel a Machado: el Ejército. En esas circunstancias se empezó a
manejar la opción insurreccionalista dentro de la oposición
tradicional.
Con la presencia de viejos caudillos, como el conservador Mario
García Menocal, los antiguos liberales Carlos Mendieta y Miguel
Mariano Gómez y otros, se fue articulando un proyecto en el que
participaban distintos grupos de la oposición. Algunos mantenían el
criterio de la no violencia y la lucha cívica, pero la vía
insurreccional predominó. La Junta Revolucionaria de Nueva York,
presidida por Domingo Méndez Capote, intentó coordinar a los
distintos grupos sin lograr una verdadera unidad; no obstante, se
impuso el camino de la lucha armada.
El plan insurreccional comprendía alzamientos simultáneos el 8 de
agosto de 1931 en varios puntos del país, para lo que se contaba con
el compromiso de militares en activo. Al frente del grupo principal
estarían Menocal y Mendieta, quienes no pudieron llegar a Oriente
como estaba previsto y marcharon a Pinar del Río, donde fueron
apresados el día 14, en Río Verde, sin haber combatido, lo que hizo
que se denominara de manera general e irónica como "Insurrección de
Río Verde" a estas acciones. Miguel Mariano Gómez, al frente de la
capital, no hizo nada. De manera que la máxima dirección abandonó el
combate antes de comenzarlo. Sin embargo, aquella acción fue mucho
más que lo acontecido en Río Verde.
El general del Ejército Libertador Francisco Peraza, con 78 años,
se alzó en Pinar del Río con unos 20 hombres. El 11 de agosto murió
junto a otros nueve alzados, cuando fueron sorprendidos y
asesinados. En La Habana, el capitán también de origen mambí Arturo
del Pino resistió en su casa, junto a un empleado, a las fuerzas de
la Policía Nacional y de "expertos", hasta que ambos murieron. Hubo
alzamientos en el sur de La Habana, Trinidad, Cienfuegos, Santa
Clara, Fomento y Báez que fueron sofocados y, en varios casos,
asesinados los prisioneros. En la zona de Morón, Florida, Ciego de
Ávila hasta el sur de Las Villas, el campesino Juan Blas Hernández
logró mantenerse en operaciones durante casi dos años. La situación
en Oriente, sin embargo, tuvo una relevancia especial.
En la provincia oriental, Antonio Guiteras hizo contacto con los
conspiradores y aprovechó su movilidad como vendedor de productos
farmacéuticos en Las Villas, Camagüey y Oriente para desplegar sus
actividades. Ello le permitió actuar como enlace entre Oriente y Las
Villas por designación de la Junta de Nueva York, además de su labor
como miembro del Estado Mayor de la Junta Revolucionaria de Oriente.
La acción planeada para Santiago de Cuba el día 12 no se pudo
realizar, entonces Guiteras encabezó la decisión de cumplir el plan
insurreccional para lo cual se dirigió a la finca La Gallinita,
donde se encontraba el grueso de las armas, pero al producirse un
enfrentamiento allí, el grupo fue apresado en el camino.
Una de las acciones más importantes del plan era la llegada de
una fuerte expedición por el puerto de Gibara, acompañada de otras
dos menores. La policía estadounidense apresó a sus dirigentes
durante la preparación en aquel país. En esas condiciones, el
ingeniero Carlos Hevia, el teniente Emilio Laurent y el periodista
Sergio Carbó constituyeron el Comité Expedicionario —que contó entre
la oficialidad con Gustavo Aldereguía, Feliciano Maderne y otros— y
condujeron la expedición. El 17 de agosto desembarcaron por Gibara,
donde la población participó en la toma de la ciudad, pero fueron
sitiados y atacados por tierra y mar por fuerzas superiores y bien
armadas, lo que impidió que llegara el apoyo del coronel mambí Lico
Balán, quien los esperaba con unos 200 hombres. Después de combatir
durante tres días, tuvieron que dispersarse.
El Directorio Estudiantil Universitario apoyó la insurrección con
petardos y la incorporación de algunos estudiantes a los alzados. El
Ala Izquierda Estudiantil publicó el trabajo de Raúl Roa: "Tiene la
palabra el camarada Máuser", que contenía un llamamiento a las armas
cuando se preparaba el estallido, y conminaba a transformarlo en una
revolución agraria y antimperialista bajo la dirección del
proletariado en alianza con los campesinos y la pequeña burguesía
radical.
La insurrección de agosto tuvo una composición muy heterogénea y
deficiencias organizativas. Los militares en activo comprometidos no
cumplieron y algunos hasta participaron en la represión. La
insurrección padeció las limitaciones propias de su dirección en
manos de los viejos políticos burgueses que, a partir de entonces,
vieron disminuidas sus posibilidades de liderazgo. Pero esa acción
también evidenció la potencialidad combativa de las masas populares
que desbordaban a la dirección.
En 1947, en encendida polémica acerca de aquella revolución, Roa
recordaba la insurrección de 1931 y sus hitos más representativos:
"El gesto impar de Peraza, la inverosímil resistencia de Arturo del
Pino en Luyanó y la fabulosa proeza de los expedicionarios de Gibara
iluminan el desastre y renuevan la fe."1
La oposición salida de los partidos tradicionales no repitió esa
experiencia; por el contrario, incrementó la búsqueda de una
solución a través de Estados. Por su parte, el gobierno norteño
presionó al cubano para que negociase con la oposición. No obstante,
la lucha popular ganó fuerza y logró la caída del dictador el 12 de
agosto de 1933 y la quiebra temporal del poder oligárquico en
septiembre de ese año.
A 80 años de la insurrección que desgastó el liderazgo de los
políticos tradicionales, destacó a figuras como Guiteras y mostró la
participación popular en aquella lucha, debe recordarse a quienes
abonaron el camino de la revolución.