Multitudinarias manifestaciones tienen lugar hoy en toda la India
en apoyo al activista social Anna Hazare, en huelga de hambre para
exigir leyes anticorrupción más severas, dio a conocer Prensa
Latina.
En un millón se calculan los focos de protestas que proliferan a
lo largo y ancho de esta, la segunda nación más poblada nación del
planeta y la séptima en extensión, lo que según diversos medios
viene configurando una situación de virtual guerra entre la sociedad
civil y el gobierno.
Hazare fue detenido en la mañana del martes, cuando se disponía a
iniciar un ayuno por tiempo indefinido para exigir la creación de
una oficina autónoma y con facultades para investigar delitos de
corrupción sin importar el rango o los cargos de los ciudadanos
sospechosos de cometerlos.
Tan instantánea como espontáneamente, las manifestaciones se
sucedieron unas tras otras en Nueva Delhi y en las ciudades más
distantes, en una reacción en cadena que ha dejado sin aliento al
gobierno y sorprendido a más de un analista de la compleja realidad
social india.
Pese a que ayer y hoy ha llovido en gran parte del país es la
época del monzón millones de personas de los más disímiles orígenes
sociales, étnicos, políticos y religiosos colman plazas y calles
para demandar la liberación de Hazare y apoyar sus reclamos de una
legislación anticorrupción más severa.
Las protestas revisten las más variadas formas, desde marchas a
pie y en motocicletas, hasta procesiones con velas o diyas (lámparas
de barro), pasando por plantones ante instituciones gubernamentales
y juicios simbólicos al gobierno.
Decenas de miles de ciudadanos, además, se han declarado en
huelga de hambre, bien por un día o por tiempo indefinido.
Pese al alto nivel de ira popular, desde ningún punto de la
nación se ha reportado un hecho de violencia significativo, lo cual
sería una rareza en un país con otra cultura, pero no en la India,
donde las manifestaciones pacíficas, incluidas las huelgas de
hambre, tienen una profunda raigambre.
Hazare, seguidor de las doctrinas de Mohandas Gandhi, llamó a sus
seguidores y a la ciudadanía en general a no caer en provocaciones
y, si fuera necesario, realizar un jail bharo andolan (dejarse
arrestar en masa hasta repletar las cárceles).
El activista social, de 74 años, dijo en repetidas ocasiones
estar dispuesto a llevar su ayuno hasta las últimas consecuencias. Y
en la India, este es un mecanismo de presión de incalculable fuerza.
Su actitud obedece fundamentalmente a la negativa del gobierno de
crear una oficina al estilo de la occidental Defensoría del Pueblo
(aquí llamado Lokpal), con facultades para investigar a los
funcionarios sobre quienes recaigan sospechas de corrupción,
incluido el primer ministro.
El equipo de Hazare redactó un proyecto de ley con esas
características, pero el Ejecutivo lo desestimó e intenta forzar la
aprobación de otro de tan limitado alcance que hizo decir a
organizaciones como el Partido Comunista de la India (Marxista) que
nacía sin dientes.
En los últimos meses el gobierno se ha visto sacudido por varios
escándalos de corrupción, el más sonado de los cuales tiene que ver
con el reparto fraudulento de licencias de móviles de segunda
generación, causante de pérdidas por unos 40 mil millones de dólares
al erario público.
Los partidos de la oposición continúan librando una intensa
batalla por la aprobación de un Lokpal autónomo y de vasto alcance,
pero tal como pintan las cosas, el epicentro del sismo social que
hoy conmueve al país se ha desplazado a las filas de la sociedad
civil.