Cuatro de los participantes en una masacre de 268 campesinos
guatemaltecos durante el conflicto armado interno aguardan hoy en
prisión el proceso judicial en su contra.
La decisión de una jueza del juzgado primero de alto riesgo de
llevarlos a juicio renueva la esperanza de familiares de las
víctimas en poderles pasar cuentas a pesar del largo tiempo
transcurrido.
Estos implicados son un excomisionado militar y tres exmiembros
de las desaparecidas fuerzas paramilitares Patrullas de Autodefensa
Civil (PAC) acusados por la matanza perpetrada en la aldea Plan de
Sánchez, Rabinal, departamento de Baja Verapaz, el 18 julio de 1982.
En una denominada audiencia de primera declaración todos se
declararon inocentes, pero aún así la jueza los envió al penal
preventivo de esta capital con cargos de asesinato y delitos contra
deberes de la humanidad.
Los implicados fueron capturados a poco de haberse dictado una
histórica sentencia para cuatro exmilitares por la masacre de unos
250 campesinos el mismo año en la aldea Dos Erres, demarcación de
Petén, a cargo de tropas elite del Ejército, los kaibiles.
En esta ocasión las autoridades informaron que restan más
detenciones por aquella acción castrense hace 29 años, en la cual
tuvieron relevante participación las PAC.
Sobrevivientes y parientes de las víctimas presentaron en 1996
una demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la
cual condenó en 2004 al Estado de Guatemala.
La masacre ocurrió durante el régimen de facto del general Efraín
Ríos Montt (1982-1983), al igual que la de Dos Erres, y el proceso
estuvo detenido por varios años.
A raíz de estos arrestos los medios de prensa recuerdan los
hechos acaecidos en Plan de Sánchez, uno de los tantos denunciados
tras concluir la guerra (1960-1996) cuyos responsables fueron las
fuerzas de seguridad en cumplimiento de políticas oficiales.
Los pobladores de Plan de Sánchez eran acusados por los militares
de pertenecer a la guerrilla, pues se negaban a integrarse a las
PAC.
Las decenas de matanzas perpetradas en la época formaban parte de
las operaciones de las fuerzas castrenses por las políticas de
tierra arrasada con el argumento de acabar con los insurgentes y sus
bases de apoyo, reportó Prensa Latina.